ALICANTE. Hay músicas que lo explican todo mejor que cualquier biografía y la zarzuela pertenece a ese género escénico. Un territorio emocional donde convive la risa, el desgarro y el sentimiento popular. De ese lugar nace el espectáculo Una noche de zarzuela, comedia musical que llega al Teatro Principal de Alicante el 18 de enero. Un territorio amante de la zarzuela, donde siempre encuentra el apoyo del público.
Dirigido por Susana Gómez, esta función no se plantea como una sucesión de números célebres, aunque también los haya, sino que conforma un relato íntimo, casi confesional, que utiliza la zarzuela, la copla y la revista musical de los años cincuenta como materia para ilustrar y provocar.
Es una zarzuela dentro de otra zarzuela. La protagonista, Josefina, es una mezzosoprano que acaba de bajarse del escenario tras su última función de La Chulapona y apenas tiene tiempo para cambiarse antes de que arranque otra representación, La verbena de la Paloma. En ese intervalo mínimo hay un camerino, un espejo y un silencio. Una grieta por la que se cuelan recuerdos, afectos y decisiones no tomadas.
Aparecen músicos, amigos, antiguos amantes, un marido y, además, una joven aspirante a cantante que se parece demasiado a la mujer que Josefina fue. Un juego de reflejos que es el verdadero motor del montaje. Y es que Una noche de zarzuela habla del paso del tiempo, de las renuncias que exige una carrera artística y del precio de mantenerse en pie cuando se apaga el aplauso. Pero todo ello lo hace desde el humor elegante y desde la nostalgia, sin caer en la melancolía.

Una zarzuela que respira presente
La dramaturgia bebe de las comedias norteamericanas de los años 50, tanto en ritmo como en estructura, y eso se nota. Los diálogos son ágiles, los personajes entran y salen como en una coreografía invisible y la música se integra con naturalidad en la acción. La zarzuela aquí respira presente con un elenco encabezado por Milagros Martín, Ruth González y Enrique Sánchez.
Esta terna es uno de los grandes pilares del espectáculo. Voces con oficio y recorrido que no solo cantan, sino que interpretan. Y es que el personaje de Josefina llevado a cabo por Milagros Martín sostiene el relato desde la contención y la verdad escénica. Un papel en el que no necesita grandes gestos para emocionar y donde cuenta, a su alrededor, con un reparto coral que entiende este género tal y como es la vida, construyendo así el diálogo.

Orquesta en directo, como un personaje más
El espectáculo cuenta con orquesta en directo, dirigida por Miguel Huertas, que huye del acompañamiento funcional para convertirse en un personaje más. Piano, clarinete, percusión y violonchelo dialogan con las voces y subrayan los estados de ánimo. Un montaje que apuesta por la elegancia con la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda y la iluminación de Rodrigo Ortega, quienes construyen un espacio que es camerino, recuerdo y escenario al mismo tiempo. En el mismo sentido, el vestuario, diseñado por Gabriela Salaverri y Mónica Teijeiro, sitúa al espectador en un tiempo reconocible sin anclarlo en la literalidad con el objetivo de enviar un mensaje inequívoco, y es que todo esto ocurrió, pero también ocurre ahora.
Es por eso que Una noche de zarzuela funciona como un tributo a los intérpretes, quienes han sostenido el género durante décadas desde la profesionalidad y el amor al oficio. Sin embargo, también es una invitación a mirarlo sin prejuicios, a descubrir que bajo su aparente ligereza late una profundidad emocional que sigue interpelando al espectador contemporáneo.