Un Titanic en mitad del desierto: arquitectura valenciana para hacer realidad el sueño del cofundador de Twitch

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VALÈNCIA. No es habitual encontrar un barco en mitad del desierto. De hecho, es prácticamente imposible. Sin embargo, en el Burning Man lo imposible se puede hacer realidad. Las estructuras que dan forma al festival, que se celebra cada año en el desierto de Black Rock de Nevada (Estados Unidos), ya comienzan a levantarse entre el arenoso paisaje de cara a su gran apertura, que tendrá lugar este domingo, un espacio que un año más vuelve a tener sello valenciano. 

No solo con el proyecto Correfoc, que servirá como nuevo puente entre la tradición local y el festival americano, sino también con un segundo y ambicioso proyecto que toma forma de transatlántico. Y no de cualquier buque, sino del mismísimo Titanic. El célebre barco, cuyo naufragio en las aguas del Atlántico norte en el año 1912 ha sido objeto de curiosidad durante años -James Cameron mediante-, se levantará en pleno desierto de la mano, entre otros, de los valencianos Miguel Arraiz, Javier Molinero y Javier Bono

El equipo de arquitectos, que el pasado año estuvo al frente de la construcción del Temple of the Deep, el gran punto de encuentro del festival americano, suma en este 2026 un curioso encargo, tanto por el resultado del mismo como por quién está tras él. Este renovado Titanic parte de un grupo liderado por el cofundador de la plataforma de streaming Twitch, Justin Kan, quien desde hace años participa en el Burning Man a través del colectivo Titanic’s End, junto con Eddie Sellers.

Del iceberg con ruedas al Titanic

Hasta ahora habían participado con los conocidos como vehículos artísticos, proyectos rodantes customizados -en su caso, inspirado en las formas de un iceberg- con los que también han ido desarrollando proyectos musicales, estructuras cambiantes sobre ruedas que completan el paisaje del singular Burning Man.

Tras varios años vinculados estrechamente al festival, este 2026 el colectivo ha querido dar un paso más allá con la construcción de su primera gran estructura, que emula la forma del famoso barco, una construcción que supone el proyecto más ambicioso del equipo hasta la fecha y que, como el resto de grandes piezas levantadas estos días en Nevada, terminará siendo pasto de las llamas. 

Esta idea llevaba tiempo rondado la cabeza de Kan y, ahora, se ha podido materializar gracias al contacto con Arraiz, con quien se reunió por primera vez en octubre de 2025 para plantear el proyecto, y la “fuerza técnica” de Bono y Molinero, piezas clave para la traducción de la idea a una realidad material. “El contacto fue muy curioso. No tenía ni idea de lo que era Twitch. De repente [Kan] hizo un viaje de dos horas para comer conmigo y escuché la propuesta”, relata Arraiz en conversación con Culturplaza.

En esta ocasión, a diferencia del Temple of the Deep que idearon desde la semilla, los valencianos han sido encargados de materializar una idea que ya planteaba el colectivo, aunque entonces estaba todavía por aterrizar. En este sentido, se ha terminado planteando un Titanic partido en dos, emulando la icónica imagen de su naufragio, aunque en esta ocasión se hunde en la arena del desierto de Nevada.

Un barco que funciona como escenario

El proceso de diseño, relatan los valencianos, se ha realizado en base a reuniones semanales on line donde se iba avanzando en base al modelo 3D levantado, desglosando todo en piezas que se pudieran transportar al desierto para que con los medios allí disponibles se pueda ejecutar.

En este sentido, la construcción incluye en su interior un sistema de ‘cajas’ que funcionan como una suerte de grada, pues la intención es que se convierta en un espacio habitado, en el que los visitantes puedan interactuar y en el que durante las distintas jornadas de festival pueda servir de escenario de distintas acciones.

“Esta es la primera vez que el colectivo hace una escultura para quemar. Ellos tenían la idea y nosotros lo hemos desarrollado técnicamente en colaboración con el equipo que lo ha construido. Ha sido un trabajo muy fluido”, relata por su parte Molinero, quien junto a Javier Bono ha capitaneado el desarrollo de la arquitectura del monumento, junto con un equipo radicado en Estados Unidos encargado de la fabricación, el diseño de la quema o de la iluminación que completará la experiencia.

En este sentido, jugaba a favor el hecho de que en 2025 los valencianos se hicieran cargo del templo que funciona como corazón del festival, una de las dos estructuras -junto a ‘The Man’- impulsadas por el propio festival. En este proceso ya trabajaron con el equipo tras Titanic’s End, una primera toma de contacto -no poco importante- que ha derivado en este nuevo encuentro creativo, un proceso que ahora se encuentra en pleno proceso de montaje en mitad del desierto y que, con todo, tiene un destino claro: las llamas.

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