Reconfigurando el entorno desde el MUA: siete artistas en los límites del objeto y la memoria

Cultura

El Museo de la Universidad de Alicante vuelve a reunir el talento de siete creadores en la 12ª edición de sus residencias de creación e investigación artística

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ALICANTE. El Museo de la Universidad de Alicante (MUA) vuelve a acoger una nueva edición de sus residencias de creación e investigación artística, instauradas en 2015 con el objetivo de impulsar a jóvenes artistas contemporáneos mediante convocatoria pública. En esta duodécima edición, son siete los creadores que están desarrollando sus proyectos en dichas salas, entre el 14 y el 25 de septiembre, en una especie de laboratorio artístico en el que se está dando forma a una exposición colectiva que verá la luz este viernes. Muestra colectiva que podrá visitarse en la Sala Sempere hasta el 10 de enero.

Cinco proyectos, dos de ellos formados en pareja, están cogiendo forma estos días de manera independiente, pero también compartida. Y es que ese es precisamente el valor diferencial de estas residencias, que se apoyan en la convivencia e intercambio constante entre los participantes. Una dinámica de azar e interrelación que destaca la artista salmantina Ruth Cuadrado, autora de Entrar en contacto. "En las residencias estás obligado a conocer a personas que han llegado ahí un poco por azar tras un proceso selectivo", explica. "Al final, convergen procesos y diferentes intereses, y te ves en la tesitura de hacer que tu obra coexista y entre en relación con la de los demás, algo que es bastante interesante, además del contexto en el que se desarrolla todo, como es el museo", apunta.

"Si tuviera que resumir qué aporta estar diez días con otros artistas, la respuesta más corta sería perspectiva", señala el escultor Pablo Quesada, autor de Tectónicas de cuerpos, quien destaca la atmósfera de debate cotidiano, que altera la percepción del trabajo individual. "Uno se cierra mucho a su campo de trabajo, pero tropezarte con alguien que tiene otra visión e inquietudes te hace parar a ver tu trabajo desde otros puntos; es como cuando no conoces tu propia ciudad hasta que viene alguien forastero a verte", describe, al tiempo que enfatiza, además, cómo este formato intensivo altera las rutinas de producción. "Una residencia de dos semanas difiere de otras más largas, pero te permite algo fundamental, y es que todos tenemos nuestras responsabilidades y trabajos, por lo que te permite focalizarte al 100% en tu producción durante quince días compartiendo y generando sinergias que de otra forma serían difíciles".

Espacios, cuerpos y materias en transformación

Las investigaciones que se despliegan en la Sala Sempere abarcan desde la reconfiguración del espacio hasta la revisión del objeto cotidiano. En Entrar en contacto, Ruth Cuadrado reflexiona sobre cómo los lugares nos condicionan y atraviesan. "Mi proyecto surge en respuesta a los ritmos acelerados de la contemporaneidad, donde vamos muy enfocados hacia el futuro y no conectamos con el presente ni con los espacios", describe. La artista busca habitar los lugares de manera consciente y situada. "Estar presente e intentar registrar las relaciones que se establecen entre objetos y humanos; esas cosas que suceden cuando miramos y de las que no somos conscientes si no estamos presentes", apunta.

Para ello, utiliza biomateriales y colabora con el tejido universitario. "Exploro los biomateriales, con formulas de gelatina y agar-agar, que me llevan a lo corporal y a lo visceral, y he colaborado con el Fab Lab de la Universidad de Alicante para otros materiales naturales", destaca. Trabaja con procesos que cuiden el medio ambiente y que sean lo más ecológicos posible. "Me interesan las interrelaciones: no concibo una obra final aislada al uso, sino que genero material que compongo en sala para que todo mantenga un discurso y un recorrido no marcado, donde el propio espectador decide".

En la línea de la tensión con la materia, Pablo Quesada aborda en Tectónicas de cuerpos la inversión de las jerarquías entre lo sólido y lo frágil. "El proyecto me da la posibilidad de jugar con las lógicas preestablecidas de ciertos lenguajes constructivos, partiendo de la premisa de cómo nuestra forma de relacionarnos con los objetos ha dependido siempre de una cuestión funcional", explica. Desde esa perspectiva, reformulo las uniones y desfuncionalizo materiales con utilidad concreta para ver qué más nos aportan.

Trabajando con telas náuticas y estructuras metálicas, Quesada incorpora también la pintura desde una dimensión física y procesual. "Las telas tienen la cualidad dual de ser soportadas, pero también de tener una función estructural y, en esa dualidad, aparecen poéticas que fuerzan lenguajes que a priori no estaban pensados para coexistir; entiendo la práctica artística como algo vinculado a lo vital donde errar es humano y la huella de la vida está en los errores y gestos que cometemos", confiesa.

Por su parte, Jaume Mello formula en Obertura de si una investigación basada en el paseo y la recolección de elementos del entorno inmediato del museo. "Para la residencia he planteado un proyecto que busca generar una práctica directamente vinculada al entorno y al contexto que lo mueve; entiendo la deriva como una herramienta de conocimiento para proponer y plantear las piezas a través del objeto encontrado", describe.

A partir del ensamblaje y la creación de negativos matéricos, Mello reivindica el papel de la imaginación. "Investigo el pensamiento imaginario como una herramienta del arte que nos permite, mediante la imaginación, trascender lo dado y plantear nuevas perspectivas", apunta. "El ensamblaje habla de cómo me enfrento al entorno, lo pienso, lo imagino y genero nuevas reconfiguraciones", explica el creador. "A diferencia del pensamiento científico, que es rectilíneo y descriptivo, el pensamiento artístico se sirve de la matización y genera un camino sinuoso para aportar otras perspectivas y poéticas sobre la realidad", define sobre su proceso.

Del juego ficticio a la deconstrucción de la imagen

La dimensión irónica y la reflexión institucional llegan con el Equipo GAR, formado por Raúl Terol y Alba San Jaime, con su propuesta Territorios blandos. "Forma parte de un proyecto con dos años de trayectoria en el que hemos creado un universo ficticio habitado por criaturas que son conscientes de ser obras de arte", explican los miembros del equipo. "Aprovechamos esa premisa para plantear las dudas que tenemos sobre nuestro hacer como artistas y el tratamiento de las imágenes en un entorno dominado por lo digital; las trasladadas a los personajes para que sufran aventuras y poner la situación en conflicto", apunta.

Su metodología trasciende los formatos tradicionales para construir una 'meta-residencia' que se despliega en la sala y en el ámbito virtual. "Partimos de criaturas modeladas en plastilina vinculadas al humor y a una estética cuqui, lo que nos permite conectar con el público antes de que descubra que hay capas más oscuras detrás", apuntan. Al darse cuenta de su condición de obras de arte y sentirse retenidos por el plano bidimensional del bastidor, los personajes salen del soporte en forma de esculturas para ser más libres. "La propia historia nos ha ido pidiendo migrar a lo digital y, en este caso, planteamos una simulación digital e interactiva donde el espectador transita un escaneo de la sala expositiva tal como estaba el día antes de la inauguración, con los artistas presentes y personajes escondidos que cuentan anécdotas personales de la residencia».

Por último, el proyecto En negativo (53), desarrollado por el colectivo que integran Marc Mateos y Candela Carrillo, centra su atención en los procesos de desgaste, acumulación y fragilidad del material visual. Candela Carrillo detalla la vertiente escultórica y conceptual de la propuesta. "En negativo (53) dialoga en torno a la imagen como punto de encuentro donde convergen dos líneas de investigación independientes; analizamos los procesos de desgaste y acumulación de la imagen contemporánea", describen.

"En mi caso, me he centrado en la producción escultórica y en una investigación que entiende la imagen como una superficie viva o una piel que alberga contenidos sensibles de desaparecer, como gramáticas y narrativas infraleves", explica Carrillo, quien, para articular su pieza, ha recurrido al arranque mural en un inmueble histórico abandonado. "Hemos extraído la capa pictórica de un muro abandonado en una villa en ruinas que albergó una de las colecciones privadas de arte más importantes de España", destaca. Una pieza que reflexiona sobre la pérdida y desaparición de ciertos lugares vinculados a la conservación del patrimonio y sobre cómo ha cambiado el consumo de la imagen respecto a la era digital actual.

En diálogo con esta investigación, Mateos aborda la imagen pictórica como un rastro en constante transformación. "Mi trabajo parte de la fotografía, pero deriva hacia la práctica pictórica para hablar de aquello que no se ve a simple vista", afirma el creador de un cuadro de gran formato, pintado íntegramente durante estas dos semanas, en el que trata de capturar el proceso creativo y la superposición de capas "sin una referencia figurativa real", huyendo de la representación literal. "Pintar sin un rumbo fijo es una constante negociación: añadir, manchar y sustraer pintura sobre el lienzo para que el propio trazo refleje el carácter procesual de la obra y el estado de ánimo vivido durante la residencia", describe. Y, al eliminar la figuración, el proceso se convierte en el verdadero sujeto de su obra.

 

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