Qué es el 'cine de tacitas' y por qué sigue triunfando en tiempos despiadados

Cine

Un género que huye de modas, un refugio para el alma, una forma de conectar: los amantes del ‘cine de tacitas’ defendemos que es mucho más que chisme y sonrisas melifluas

  • Un gesto sirve para transmitir un mundo interior en el cine de tacitas. Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005).
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VALÈNCIA. No se sabe quién fue el primero en acuñar el apelativo, pero su forma de englobar —abrazar, más adecuado para el contexto de este artículo— a través del detalle todo un subgénero artístico es sensacional. En el ‘cine de tacitas’ pasan muchas cosas: hay enredos, hay venganzas, hay afectos soterrados, hay amistad y hay amor. Hay bailes de salón, hay susurros en la noche, hay declaraciones bajo la lluvia, hay vestidos de corte Imperio y candiles que guardan secretos, hay gestos que dicen más que muchas palabras y hay verborrea que busca desesperadamente la caricia silenciosa. Pero lo que siempre hay, indefectiblemente, son tazas de té. Tintineantes encuentros alrededor de la liturgia victoriana del té. 

“La identificación genérica, ‘de tacitas’, proviene del hecho de que tarde o temprano aparecerá en la pantalla alguien sosteniendo una tacita, bebiendo de una tacita o acarreando una bandeja repleta de tacitas”, escribía Miguel López-Neyra en Jot Down. “Esta sinécdoque sirve para denominar el género, como la expresión ‘western’ denomina aquellas películas que suceden en determinado momento histórico y que suelen tener lugar en el oeste de los Estados Unidos”, y añadía: “El propósito del cine de tacitas no es el de promocionar vajilla, sino el de conseguir que el espectador o espectadora se identifique con un microcosmos de atildada distinción [...] El cine de tacitas es básicamente Cine Para Sentirse Elegante y Sucumbir al Dulce Embargo De Las Sutiles Emociones”. Las mayúsculas son suyas, así que cabe imputarle cierta dosis de ironía. 

La de López-Neyra es solo una definición. Una de tantas, y se diría que una que, apreciando las sutilezas de este tipo de cine, no consigue amarlas por cierto paternalismo confundido con intelectualismo. Pero quien esto escribe defiende que el cine de tacitas —vamos a prescindir ya de las comillas simples para darle la entereza que merece— es también un antídoto contra el cinismo, un revulsivo especialmente recomendado para estómagos masculinos que presupongan orillar siempre en una objetividad supuestamente racional alejada de las pasiones. Hablamos con expertos sobre este género y su vigencia actual. 

  • Emma (2020). -

Un género femenino (y por tanto menospreciado)

“En el imaginario general, el cine de tacitas alude a las producciones cinematográficas destinadas al público femenino, de época de trama más o menos romántica protagonizadas por señoritas aristócratas o burguesas casaderas. En este marco entra de todo, a mi juicio, de manera inexacta”, explica Paula Arantzazu Ruiz. La doctora en comunicación social y periodista cultural cuenta a Plaza que “el cine de tacitas tiene su origen en la denominada 'comedy of manners', un subgénero dramático que satiriza las convenciones sociales, vanidades e hipocresías de la aristocracia o la clase media-alta. La escritora que se ha convertido en el canon de la 'comedy of manners' es, por supuesto, Jane Austen. [...] En este sentido, una verdadera peli de tacitas ha de ser fiel a su modelo narrativo. Vestir a las actrices con vestidos de corte imperio y ubicar tu historia en un gran palacio en la campiña inglesa no convierte tu película en una de tacitas. Tiene que haber salseo y etiqueta social, diálogos chispeantes e ingeniosos y una trama de aprendizaje, de iniciación y choque con las constricciones del mundo adulto y la sociedad”.

Para el crítico de cine de Núvol, Agus Izquierdo, “el cine de tacitas es mucho más que un pronto victoriano. La vida burguesa y la realidad aristócrata son, claramente, aspectos estéticos propios de este cine, pero no son lo más relevante”. Según opina para este periódico, “es un universo que codifica nuestros males actuales poniendo en manifiesto los vicios (y virtudes) de un pasado burgués. Un costumbrismo rebelde, escondido en vestiditos de colores claros. Una máquina del tiempo que nace como sátira constructiva y que aborda la amistad, la libertad, la autonomía de la mujer en una sociedad asquerosamente cerrada y protocolaria”. Y añade que “plantea a través del drama y la comedia anatemas universales que nos afectan todavía hoy, como la identidad o un existencialismo incipiente”.

Para la periodista cultural y coordinadora de la sección de cultura de Infobae, Beatriz Martínez, “el cine de tacitas no es ninguna abstracción ni algo que se pueda tomar a broma. Es un género que se encuentra perfectamente codificado, todavía más que cualquier ramificación del thriller o el terror. Tiene sus propios códigos, sus requisitos, pero eso no quiere decir que no pare de reinventarse y de ofrecernos nuevas formulaciones, como cualquier gran disciplina del cine que se precie”. Martínez subraya a Culturplaza que “sí que me parece un género intrínsecamente femenino, uno de los pocos en los que las mujeres son libres para hablar de lo que quieran sin los tapujos de la sociedad de una época que las constriñe y relega a una categoría inferior".

  • Jane Eyre, de Cary Joji Fukunaga (2011) -  

¿Por qué no pasa de moda?

¿Y por qué, si tiene estética y maneras victorianas, no pasa de moda? La periodista Alba Correa indagaba en Vogue sobre el fenómeno, y la escritora Noelia Cortés le decía: “Siempre vuelve porque es una manera de sentir, una idea común de aquello que transmite un sentimiento sobrecogedor de calma y belleza”. Y añadía: "Es como si estuviéramos reclamando un lugar en los cánones de belleza para esa otra estética que a nosotras nos conmueve”. ¿El cine de tacitas pervive en nosotros por esa búsqueda de otro tempo, otra forma de belleza, otra forma de narrar las relaciones humanas?

“Yo creo que se debe a muchos factores. Primero, adaptan a autoras que forman parte del canon. Aunque se considera perdida, la primera adaptación de Jane Eyre, que inaugura lo que yo llamo Brontë's Cinematic Universe, ¡es de 1910! Cada nueva adaptación supone una revisión del canon, pero también una reafirmación. No importa cuántas versiones se realicen de Cumbres borrascosas porque todas parten de un material muy querido”, sostiene Paula Arantzazu Ruiz. “Volver a esos materiales es en realidad una operación muy conservadora: sabes que siempre vas a tener un público interesado, incluso si transgredes el texto original, como pretendía Orgullo y prejuicio y zombis. Y asimismo, no podemos dejar de lado que sus protagonistas son mujeres que tratan de sortear, con mayor o menor fortuna, las restricciones sociales patriarcales de la época. Son heroínas que no quieren estar subordinadas al hombre [...] Todo el cine de tacitas tiene como protagonista a una mujer a la que no le gusta que tomen las decisiones por ella”.

Agus Izquierdo opina que el cine de tacitas no es invulnerable a las modas. “Como todo en la vida, el cine de tacitas también ha sido pervertido por el mainstream y la sociedad de consumo, que sacian mórbidamente el apetito de las plataformas. No creo que haya aguantado el convencionalismo y las modas, a pesar de que existan casos de resistencia. Pero para ir a un caso flagrante, ahí tenemos todos los sucedáneos de Downton Abbey y Los Bridgerton”. 

Beatriz Martínez, en cambio, defiende que la liturgia estética de los gestos y las tazas de té “se resiste a ser una moda porque no deja de ser un reflejo de nuestras ansiedades contemporáneas. Cuando las mujeres se reúnen para hablar, afloran sus inseguridades, sus miserias, también sus debilidades a la hora de criticar a unos y a otras”. La crítica de cine reflexiona que “es algo que está presente en los programas de cotilleos diarios de las televisiones, que tenemos asumido, solo que me gusta pensar que el cine de tacitas también es un espacio para la reflexión en torno a la naturaleza de la mujer y de sus miedos cotidianos, ya sea no encontrar marido, no quedarse embarazada o esconder precisamente todo eso bajo la máscara de las apariencias”. 

  • Bright Star (2009), de Jane Campion. -

Tacitas de iniciación

Adentrarse en el cine de tacitas, para quien esto escribe, es adentrarse en un remanso de paz rodeado de inteligencia. No solo por la ambientación, los paisajes y el lenguaje formal que envuelve el género, también por su tempo: en tiempos de atención limitada y alud de explicitud, proporciona un placer difícil de explicar dedicar una hora de atención a ver cómo dos personajes rozan sus manos. Son ficciones que dotan de significado a lo insignificante. Hemos preguntado a nuestras voces expertas qué películas de tacitas nos recomiendan. 

“Una habitación con vistas o Maurice, ambas de James Ivory, son increíbles”, recomienda Paula Arantzazu Ruiz. “La primera es peak cine de tacitas: es muy divertida y arrebatadora; mientras que Maurice está impregnada de una atmósfera lánguida y melancólica cautivadora, muy de acorde con la represión moral a la que se enfrentan sus protagonistas, dos hombres que se enamoran en la Inglaterra de principios de siglo XX”.  Aunque sus verdaderas favoritas, confiesa, “porque son hermosísimas, pero implacables, son Retrato de una dama, de Jane Campion, y La edad de la inocencia, de Martin Scorsese, adaptaciones de las novelas de Henry James y Edith Warton respectivamente”.

Agus Izquierdo opta por una recomendación punk: “Me quedo con una reciente historia que desfigura completamente el cine de tacitas, pero que quizás el lector me de como válida: Victorian Psycho, la adaptación en pantalla de Zachary Wigon de la novela de Virginia Feito, con una Maika Monroe excepcional”. Según él, porque “plantea un relato sobre el germen del mal entre grandes salones y mansiones de opulencia. Un gesto punki y transgresor que renueva y transforma este cine llevándolo al límite”.

Beatriz Martínez, por su parte, dice: “Reconozco que es un género que nunca me decepciona. Pero si tuviera que quedarme con tres películas menos obvias dentro del género, serían Amour Fou, de Jessica Hausner, Bright Star, de Jane Campion y Amor y amistad, de Whit Stillman. Dos dramas las primeras sobre las miserias que tuvieron que atravesar dos mujeres por culpa de dos poetas. La tercera, una comedia que reinterpreta a Jane Austen desde una óptica diferente. Tres grandes joyas”.

Con el estreno de Sentido y sensibilidad de Georgia Oakley, ahora en cines, y la inminente llegada de la serie de Netflix de Dolly Alderton y Euros Lyn que trae otra nueva visión de Orgullo y prejuicio, queda claro que los amantes del género tendremos mucho de lo que hablar. Al abrigo de un té caliente, una sonrisa cómplice y alguna mirada indiscreta. El cine de tacitas vive, la lucha sigue. 

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