Arte y fotografía

LA FIESTA EN UN FLASH

Otra mirada a las fiestas populares: "Hay que fotografiar lo que nadie ve"

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VALÈNCIA. Estos últimos años se ha popularizado enormemente en internet la idea del síndrome FOMO, unas siglas que responden a la idea del Fear Of Missing Out, que traducido queda algo así como: tener miedo a perdérselo. Parece que el FOMO está en todos los lados y que no hay quien pueda esconderse de él. Sin embargo, hay maneras de evitarlo, o de formar parte de un evento que ya ha pasado sin angustiarse por no haber estado ahí. Tal y como lo hacía la gran fotógrafa Cristina García Rodero retratando las fiestas populares de España a través de su serie España oculta, hay una nueva cantera de fotógrafas valencianas que viven todo para que el mundo no se lo pierda.

Entre los pasos de Semana Santa de Aguilar de la Frontera se encuentra Patricia Vargas, que consigue fotografiar “la creencia que no tiene rostro” a través de todas las personas que dan forma a esta increíble fiesta cargada de fe y devoción. En Cuenca, la fotógrafa Estrella Jover retrata el Septenario de Moya, que llena Landete de arte y colores, y barriendo para casa, el fotógrafo Borja Abargues captura la parte más ignífuga de las Fallas de València a través de su lente. Entre flashes y una enorme multitud de gente, Vargas, Jover y Abargues consiguen capturar esa parte de la fiesta que vive para siempre en la memoria de su cámara, y que lucha contra el FOMO crónico cuando las imágenes ven la luz y ayudan al espectador a viajar a los momentos claves de las fiestas populares de España.

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Entre viacrucis y cirios, Patricia Vargas se cuela con su lente entre los pasos de la Semana Santa de Aguilar de la Frontera, una fiesta que vive desde dentro junto a su pareja, que la introduce en el pueblo y entre su gente. Comprendiendo la fe más allá de la religión, comprende que los jóvenes del pueblo muchas veces siguen marchando por seguir con la tradición familiar y encontrar una manera de construir comunidad en “un pueblo tan pequeño con una Semana Santa muy grande”. “Me encuentro con mucha gente joven que conecta con esta historia, pero enfoco el proyecto como algo más emocional y no retrato caras reconocibles”.

“Enseño cómo el pueblo se hace grande a través de un sentimiento común, y eso para mi responde a la fe y con un concepto más poético”, destaca la artista, que con este proyecto elabora un fanzine en el que sus imágenes se convierten en estampitas para hablar de cómo este viaje le ayuda a ver la fiesta “más de cerca”: “La creencia no tiene rostro, pero son muchos, muchos rostros y muchas manos sosteniendo algo en pie. Y por un momento envidio la fe, el empuje para mantener algo vivo. Gracias a todas las que me ayudaron a mirar más de cerca”, reza el texto cubierto por un manto transparente de papel en el que las catorce estampitas que Vargas selecciona ponen cara, pero no rostro, a la fe.

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Con el consejo de comprender la fiesta desde una parte cercana y emocional, Vargas aconseja a cualquiera que quiera realizar fotografía de fiestas que intente “conectar antes con lo que tiene delante que disparar el flash, porque te hace desarrollar una mirada más curiosa y más concreta”. Conectando también con los vecinos de su pueblo, Landete, la fotógrafa Estrella Jover retrata el Septenario de Moya, en el que se encuentra con la intrahistoria de quienes viven esta fiesta año tras año.

Jugando a ser espectadora donde antes fuera protagonista, logra acercarse a sus vecinos y vecinas del pueblo, descubriendo los momentos que más le emocionan. Huyendo de los protocolos de fiestas que se repiten, encuentra en el Septenario de Moya el lugar en el que distinguirse a través de las emociones: “Aunque las fiestas sean rituales, nunca repiten lo mismo. La fiesta nunca es la misma porque cada persona está en un momento vital nuevo, no lo vive igual una familia en la que acaba de nacer un bebé que una en la que acaba de fallecer un familiar”.

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“Conocer la coreografía de la fiesta te ayuda a adelantarte a lo que va a ocurrir, pero igualmente tienes que buscar a las personas que viven la fiesta de otra manera y poner el ojo donde los demás no lo están mirando. Abrojo por mirar hacia atrás en los momentos más destacados de la fiesta y encontrar un hueco entre las piernas de la gente para buscar siempre huecos nuevos. Muchas veces la gente es más interesante que el momento en sí”, destaca la fotógrafa, que aunque ha vivido las fiestas decenas de veces, encuentra todos los años un espacio nuevo en el que jugar.

De estas fotografías, que nacen de un proyecto personal, aprende a atender a su mirada de artista y autor para labrar su propio camino. “La fotógrafa Eva Máñez me recomendó que mirara siempre hacia los otros lugares, portales donde la gente se está preparando o vistiendo. Con ese consejo acertó de pleno, aunque en fiestas el error que se comete es no poder estar en dos sitios iguales al mismo tiempo”.

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Y entre peinetas y enormes ninots, el fotógrafo Borja Abargues se atreve a resguardarse del fuego de las Fallas de València tras su cámara. En esta fiesta encuentra un lugar en el que mirar alrededor del monumento fallero que se lleva todas las miradas para destacar a la gente que pasea a su alrededor. Combinando sus dos pasiones: la fotografía y su amor por las Fallas, consigue encontrar en esta fiesta un espacio en el que puede mostrar la cara B de esta fiesta en la que pasan muchísimas cosas que “pasan desapercibidas para muchos ojos”, pero no para él.

Con la idea de mostrar al mundo las Fallas que él vive, intenta pasar desapercibido entre la gente para “capturar las expresiones de la fiesta sin que nadie se entere de que estoy”, para hacerlo desde un punto de vista diferente. “Pasar desapercibido es la única forma de contar una fiesta desde un punto de vista diferente. Intento siempre anticiparme a las horas fuertes de la fiesta y encontrar los lugares a los que nadie llega. Intento tener todo bajo control dentro de un acto tan multitudinario con mucha gente”, señala con la cámara colgada al cuello.

Al igual que sus compañeras fotógrafas, busca tomar las fotografías que logran que quien no haya podido vivir la fiesta esté dentro de pleno. Que huela, sienta y saboree las tradiciones de cualquier ciudad o pueblo, saltándose las colas, el calor y no teniendo que multiplicarse entre espacios para comprender el porqué de las fiestas populares. Las fotógrafas logran llegar sin que nadie las vea para luchar contra el FOMO de no poder estar en todo, y lo hacen con una mirada única e inigualable en la que reside la magia que se captura con un rayo de luz llamado flash.

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