ALICANTE. Hay artistas que llenan auditorios elevando la voz y otros que lo consiguen invitando al público a escuchar en silencio. Carolina de Juan, cantante y compositora de Morgan, pertenece a esta segunda categoría. Este jueves, 10 de septiembre, abre el nuevo curso del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert en la Casa Bardín con una conversación sobre el oficio de escribir canciones, la independencia creativa y ese delicado equilibrio entre la oscuridad de las heridas y la luz que siempre intenta colarse en su música. Una cita que se enmarca dentro del ciclo Contar y cantar.
— Tus canciones parecen escritas desde la herida, pero no desde el drama. ¿Cuándo descubriste que la vulnerabilidad también podía ser una fortaleza?
— Creo que muy pronto. Me di cuenta de que no encontraba otra manera de sacar todo lo que llevaba amontonado dentro y escribir canciones se convirtió en un lugar maravilloso para hacerlo. Casi siempre nacen de un sitio oscuro, pero siempre he intentado que, aunque sea desde la música, aparezca un punto de luz. No quiero caerme al pozo ni hacer canciones bonitas sobre el dolor; necesito encontrar un equilibrio.
— Morgan ha crecido al margen de muchas reglas de la industria. ¿Qué habéis ganado o perdido manteniendo esa independencia?
— Más que pensar en lo que hemos ganado o perdido, creo que simplemente hemos tomado las decisiones que creíamos correctas en cada momento. Lo mejor ha sido conservar la libertad de sacar los discos cuando queríamos, hacer las giras a nuestra manera y decidir qué música queríamos defender. Y eso solo ha sido posible porque el público ha confiado en nosotros.
— Hay quien escribe para expresar lo que siente y quien escribe para entenderlo. ¿En cuál de esos lugares nacen tus canciones?
— En los dos sitios. Muchas veces empiezo porque no sé qué me pasa y necesito ponerle palabras a ese nudo. Otras veces parte de historias ajenas o de observar una situación que quiero comprender. Nunca cierro la puerta a ninguna fuente de inspiración.
— Llenáis salas con canciones que piden silencio y atención. ¿Crees que el público ha vuelto a escuchar de verdad y con más calma?
— Nosotros hemos tenido mucha suerte. Quien viene a un concierto de Morgan suele venir a escucharnos. Hemos vivido silencios muy emocionantes en las salas, de esos que casi impresionan. Pero luego también hay festivales y otros formatos donde ocurre de todo, aunque nuestra experiencia ha sido siempre la de un público muy respetuoso.
— En muchas de tus letras hablas de cambiar sin hacer ruido. ¿Las personas nos transformamos radicalmente o más bien poco a poco?
— Cambiar de verdad casi nunca ocurre de la noche a la mañana. Conozco muy poca gente que haya cambiado radicalmente. Los cambios importantes llegan con trabajo, con paciencia y con pequeños gestos casi invisibles.

- Nina de Juan, voz de Morgan -
- FOTOS: Andrea Silván
— Después de tantos años sobre los escenarios, ¿qué es lo que sigue dándote más vértigo, cantar o enfrentarte a la página en blanco?
— Las dos cosas. Soy mucho más tímida de lo que siempre pensé y el vértigo nunca desaparece. Componer, de hecho, me parece un proceso bastante duro. Y luego llega ese momento en el que una canción sale adelante y estás tocando con los chicos en el escenario, pero merece tanto la pena que todo lo anterior compensa.
— Si pudieras sentarte frente a la Nina de 18 años, ¿qué le dirías?
— Una palabra: tranquila. Que no se lo tome todo tan en serio, que se equivoque sin miedo y que entienda que la vida no es una cuestión de todo o nada. Creo que le diría muchísimas más cosas y sería una conversación muy larga, de muchas horas, pero empezaría diciéndole que esté tranquila.