Cultura

Nadia Orenes, la escritora ilicitana que encontró en el pasado su manera de contar el presente

La autora debuta en la narrativa histórica con una novela ambientada en el Londres victoriano y protagonizada por una mujer que investiga cuando no se le permitía hacerlo.

  • Nadia Orenes Ruiz
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

ELCHE. La joven escritora Nadia Orenes Ruiz nació en Elche, aunque escribe desde Berlín, pero su imaginación viaja con naturalidad al Londres de 1887. Una ciudad de niebla, comisarías austeras y morgues precarias, donde la ciencia forense apenas comenzaba a balbucear sus primeros métodos y donde una mujer no estaba llamada a investigar, ni a preguntar demasiado. Allí sitúa La hija del detective (Ediciones Versátil, 2025), su primera novela publicada por una editorial tradicional, pero también el inicio de una serie literaria que ya empieza a tomar forma.

Ilicitana de origen, Orenes no llega a la literatura por un camino recto. Antes de decidir dedicarse por completo a la escritura, diseñó videojuegos durante más de una década, una carrera que la llevó a Berlín y que marcó profundamente su manera de entender las historias. “Siempre he escrito”, confiesa, pero durante años fue un ejercicio paralelo que trataba de hacer compatible con el trabajo, los estudios y la vida. Hasta que dejó de serlo para convertirse en su principal faceta profesional. 

1887: un año clave

El germen de La hija del detective se remonta a mucho tiempo atrás, a una fascinación persistente por el siglo XIX y, en particular, por el Londres victoriano. No es una elección estética al azar. “Me interesa mucho la historia del siglo XIX, y cuando tuve que decidir el año concreto, influyó mucho Arthur Conan Doyle”, explica. No es casual que la novela se sitúe en 1887, el mismo año en que se publica Estudio en escarlata, la primera aventura de Sherlock Holmes. En versiones tempranas del manuscrito, incluso, el propio Conan Doyle aparecía como un discreto cameo. Con el tiempo, ese homenaje explícito se fue diluyendo, pero el año quedó. La documentación ya estaba hecha y, sobre todo, la historia había encontrado su propio pulso.

Antes que la trama, antes incluso que la protagonista, llegó la época. “Yo quería escribir algo dentro de esa tradición literaria: las novelas de detectives del siglo XIX, el misterio, la aventura”, cuenta. El universo estaba claro; la historia, no tanto. La novela se fue construyendo a base de capas: localizaciones reales de Londres, personajes verosímiles, ecos de lecturas previas y el deseo explícito de escribir algo que ella misma hubiera querido leer como lectora.

Así nació Elisabet Clare Dodgett, una limpiadora de comisaría, huérfana, sin recursos ni expectativas sociales, pero con una mente científica que desentona en un mundo que no la espera. Orenes huye deliberadamente del personaje brillante desde el inicio. “Quería que no lo tuviera fácil, que no estuviera todo solucionado para ella, porque los personajes que lo saben todo son aburridos”, afirma. El contraste es la clave. Una mujer en los márgenes, aspirando a una carrera reservada a unos pocos hombres y prácticamente vedada a cualquier mujer en la época. Por tanto, un pregunta sobrevuela la novela: ¿cómo va a llegar hasta ahí alguien como ella?

  • La hija del detective

Ciencia forense cuando todo estaba por descubrir

Ese contraste se vuelve aún más potente cuando entra en juego la ciencia forense. En 1887, las huellas dactilares apenas se utilizaban y muchas técnicas estaban todavía por descubrir. Para la autora, ese territorio intermedio entre la intuición y el método resulta narrativamente mucho más fértil que cualquier contexto contemporáneo saturado de tecnología. “Hoy tenemos tantas herramientas que escribir una novela moderna me parece más difícil y menos interesante”, reconoce. En cambio, en ese momento histórico todo estaba por hacerse, y el lector —que ya conoce muchas de esas técnicas por la cultura popular— se convierte en un cómplice silencioso que anima a los personajes desde la ventaja del conocimiento posterior.

Junto a Elisabet aparece Agatha, periodista, aliada y contrapunto. Dos mujeres moviéndose en espacios dominados por hombres como la comisaría, la prensa y la investigación criminal. Y la elección no es casual, ya que Orenes quería que esa complicidad fuera creíble, anclada en la realidad histórica. El periodismo, además, tenía entonces un peso central como herramienta de investigación. “No había internet, ni radio; el periódico era el medio”, recuerda. “Los detectives utilizaban anuncios clasificados para buscar pistas, ofrecer recompensas o localizar sospechosos, y la prensa no solo informaba, sino que investigaba, conectaba y exponía”, apunta la autora.

Identidad, origen y justicia

Más allá del misterio, La hija del detective articula un relato de identidad, origen y justicia que no estaba programado desde el inicio. “No empecé pensando en qué mensaje quería dar”, confiesa la escritora. Los temas fueron emergiendo a medida que la protagonista crecía, en un proceso casi orgánico de coming of age. El pasado, las heridas y la búsqueda de respuestas personales se integran en la narración como un recurso clásico que la autora reivindica. “No es reinventar la rueda, pero funciona, y lo hace porque da profundidad emocional a una historia que podría haberse quedado en el puro engranaje del misterio”, describe.

La mezcla de novela histórica, policiaca y de aventuras no es un experimento calculado, sino un espacio natural para Orenes, como resultado de unir los elementos literarios que le son más atractivos como lectora. “Me gusta escribirlo y leerlo; son géneros que conectan con mucha gente”, asegura. Es por eso que hay persecuciones, asesinatos y viajes en barco por el canal de la Mancha, pero también hay atmósfera, reflexión y una compleja construcción de personajes.

  • La hija del detective

Dejarlo todo para escribir

La hija del detective es también un punto de inflexión vital. Es la primera novela publicada por una editorial tradicional, Versátil, tras años de autopublicación y escritura silenciosa. Cuando el manuscrito empezó a tomar forma real, Orenes tomó una decisión radical: dejó su trabajo como diseñadora de videojuegos para dedicarse a escribir a jornada completa. “Necesitaba foco, tiempo y concentración; este tipo de libros no se pueden hacer a medias”, explica. Berlín sigue siendo su base, pero ahora el trabajo es otro, como es planificar una serie para dar continuidad a esta historia. Escribir y reescribir, hasta construir un universo narrativo.

De hecho, la segunda novela ya está terminada y lista para enviarse a la editorial. “Hay ideas para continuar, para ampliar el mundo e incluso para explorar personajes secundarios en posibles spin-offs”, confirma. Todo dependerá de la recepción, del aprendizaje y del camino editorial, pero la dirección está clara. Desde Berlín, una escritora ilicitana mira al Londres victoriano para contar una historia de mujeres que investigan cuando no se les permite hacerlo. Y, en ese viaje al pasado, encuentra también una manera muy contemporánea para hablar del presente.

 

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo