Arte y fotografía

CONVERSACIONES CULTURPLAZA

Michael Robinson Chávez, doble Premio Pulitzer: "La credibilidad de los fotoperiodistas ha caído en picado por la IA"

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VALÈNCIA. India, Liberia, Senegal, Perú y Gaza caben en una sola sala de exposiciones. Esto es posible gracias a la muestra Geografía del alma cotidiana, que se expone en el Teatre El Musical y en el marco del festival Cabanyal Íntim. Bajo el lema del festival: Vulnerables, el fotógrafo y educador Michael Robinson Chávez, galardonado con dos premios Pulitzer, muestra ahora en València, ciudad en la que reside desde hace un par de años, una treintena de fotografías que explican el concepto de vulnerabilidad a través de su mirada. Con esta muestra repasa veinte años de su trabajo -entre 2004 y 2024- y reflexiona sobre la importancia de la labor del fotoperiodista. Justo antes de inaugurar la muestra, el fotógrafo, adoptivo de la ciudad, conversa con Culturplaza sobre el resto de ser fotoperiodista en pleno siglo XXI y las historias de las fotografías que se exponen, que tristemente no han cambiado tanto en los últimos 20 años. 

-¿Cómo reinterpretar el concepto de la vulnerabilidad a través de tu muestra?

 

-Lo hago a través de treinta fotografías que no se han visto nunca antes en València. En las zonas de conflicto en las que estoy hay casi siempre situaciones de vulnerabilidad. Muchas personas se muestran vulnerables cuando están experimentando cambios trágicos y situaciones complejas. Retrato a gente común de todo el mundo que conecta con sus sentimientos y cuyas imágenes hablan de la autenticidad.

 

-¿Cuáles son las claves para acercarse a estas personas y preservar su dignidad y autenticidad?

 

-Creo que muchas de las personas a las que fotografío están en su estado natural, y ya están acostumbradas a lidiar con un mundo que al resto nos parece sorprendente. Muchas de mis fotografías abordan las consecuencias del cambio climático, por ejemplo, y en las ciudades en las que las tomo están más que acostumbrados a estos paisajes.

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-Muchas de las fotografías que muestras podrían ser de hace dos años o de hace veinte y no se sabría la diferencia, por desgracia, muchos de los conflictos armados no han cambiado con el paso del tiempo…

 

-Es muy triste ver que el mundo no hace más que empeorar. Me pone muy triste pensar que en la muestra hay varias imágenes de Oriente Medio, que son de 2004, y que perfectamente podría haberlas tomado ayer. Lo más difícil de esta profesión es conocer a personas de diferentes culturas y distintos orígenes que comparten tanto las mismas alegrías como las mismas preocupaciones.

 

-¿Qué suele coincidir entre tus protagonistas?

 

-Muchas cosas. Cuando me siento a conversar con alguien en El Salvador sobre algún tema político y luego lo abordo en Irak, me sorprenden mucho los paralelismos entre sus experiencias. Suelen coincidir en lo que les importa y en qué basan sus frustraciones. 

 

-¿El fotoperiodismo te hace sentir pesimista sobre el futuro?

 

-Creo que es una profesión que te hace ver el mundo de otra manera. Veo que la política no cambia, que los conflictos armados empeoran y que el mundo actual es mucho más complicado que hace veinte años. Todo eso lo veo a través de mis fotografías, aunque mantengo la fe en el mundo gracias a las personas a las que fotografío. Veo a muchas personas que siguen viviendo plenamente y encuentro alegría y consuelo en eso. Vivimos tiempos difíciles, pero sigue habiendo alegría en el mundo.

 

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-¿Qué supone para ti como fotógrafo contar con dos premios Pulitzer?, ¿te abre las puertas hacia nuevas historias?

 

-Estoy muy feliz de que se reconozca mi trabajo con estos premios, pero no te cambian la vida. Obviamente, es muy satisfactorio contar con ellos, porque reconocen una vida llena de historias, pero dos días después de que se anuncie el premio, la gente deja de prestarle atención y se pasa a otra cosa. Lo que me alegra de los Premios Pulitzer es que a través de ellos más gente ha posado la mirada sobre las situaciones que denuncio a través de mis fotografías. La gente te toma más en serio, y tu trabajo adquiere un nuevo tipo de visibilidad. 

 

-Contemplando tus fotografías, pienso en cómo estas no me afectan tanto como podrían hacerlo antes, y cómo el ojo del espectador se puede haber “acostumbrado” a las imágenes violentas a través de las redes sociales. ¿Crees que ha cambiado nuestra forma de percibir estas imágenes?

 

-Esto es un punto que hay que tener muy en cuenta y del que no solemos hablar. Cuando trabajábamos con la fotografía analógica, todo era una sorpresa, pero con el paso del tiempo ha cambiado mucho cómo nos relacionamos con la fotografía. Eso sí, es más fácil trabajar con una cámara digital, porque en analógico era todo un riesgo, pero ahora todo el mundo puede ser fotógrafo con un móvil.

 

Lo importante de nuestro trabajo es cómo el espectador comprende las imágenes, cómo le acerca a las historias que contamos. A día de hoy, por culpa de las redes sociales y la aparición de la IA, todo ha cambiado. La credibilidad de los fotógrafos ha caído en picado por la IA y el ojo del espectador se ha acostumbrado a la violencia a través de las redes sociales. 

 

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-¿Y cómo es ser fotoperiodista desde un presente en el que nada sorprende?

 

-Es muy raro, yo tuve suerte y pude trabajar en la época dorada del fotoperiodismo, pero ahora es todo muy complicado. No se le da importancia a la labor del fotoperiodista. Hay muy pocos clientes, los salarios son muy bajos y la competencia es totalmente feroz. También hay problemas estructurales gravísimos, como que el Washington Post despidiera a todo su departamento de fotografía. Si me hubiera quedado en el Washington Post  -trabajo que compaginaba con sus colaboraciones en Los Angeles Times, The Boston Globe y Associated Press,- ahora mismo no tendría trabajo, hay medios a los que no les importa el periodismo… de hecho, diría que hasta les estorba. 

 

-¿Cómo puede sobrevivir un fotoperiodista en pleno siglo XXI?

 

-Es un momento muy desafiante para el periodismo, en general. Nos encanta lo que hacemos, pero es muy difícil ganarse la vida de esto. Yo me apoyo en impartir talleres a jóvenes fotógrafos, y voy tomando encargos siempre que puedo; hay que seguir trabajando y mantenerse a flote.

 

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