VALÈNCIA. La mochila de la ilustradora valenciana Laura Pérez va bien cargada. Su última conquista, el prestigioso premio Eisner -conocido popularmente como el Óscar del cómic- por el delicioso y oscuro libro Nocturnos. No es el único trabajo que le da alegrías ni tampoco solo en papel, pues puede presumir haber sido nominada a los Premios Emmy por su participación en los títulos de crédito de la serie Solo asesinatos en el edificio.
Por su parte, la mochila del escritor y diplomático Guillermo Corral, tampoco se queda corta. El equipaje del autor, que creció entre Suiza, España y Bélgica, suma la publicación libro de historias cortas Mientras crece el bosque y, junto a Paco Roca, de la novela gráfica El tesoro del Cisne Negro, llevada a la pantalla por Alejandro Amenábar en la serie La Fortuna.

Ambos hacen las maletas ahora para caminar hacia El iglú. Una historia de fantasmas (Salamandra Graphic), un trabajo conjunto que ocupará desde hoy un lugar más que destacado, por seguro, en las mochilas y bolsos de los amantes del cómic. Con este trabajo, además, Pérez vuelve a compartir autoría tras varias obras en solitario, un libro concebido a cuatro manos que desvela nuevas formas de hacer aunque en un universo que no le es extraño.
“Después de Náufragos [que firma junto a Pablo Monforte] necesité encontrar mi voz propia […] Cuando conocí a Guillermo mentalmente podía permitirme trabajar de nuevo en colaboración porque ya tenía varios libros como autora completa”, explica la ilustradora. “Guillermo no intentó emular mi estilo con la historia, ampliaba horizontes a la hora de narrar algo”.

Esta colaboración, precisamente, se empezó a cocinar mientras realizaba Nocturnos, que ha supuesto un punto de inflexión -no aparte- en su trayectoria. “Con Nocturnos cerré una trilogía en cuanto a ciertas temáticas, que continúan, pero quería darle un hueco a la luz, distinta, la que te permite la colaboración”. El resultado, explica en este caso Corral, es un libro “contemplativo”, “casi mudo”, que tiene que ver con el descubrimiento en la infancia. “Una de las cosas que me gusta trabajar es la lentitud. El cómic nos permite detener el tiempo”, añade Pérez.
El iglú. Una historia de fantasmas relata la historia de Óscar, quien, en plena crisis vital, regresa buscando respuestas a la remota ciudad suiza en la que creció durante los años setenta. Sin embargo, las cosas ya no son lo que era: el cambio climático ha acabado con las nevadas, las calles se han vuelto grises y no puede evitar sentirse como un fantasma deambulando entre sus propios recuerdos, un viaje en el que descubre que solo la imaginación puede devolver la mirada maravillada de la infancia.
Este proceso de redescubrimiento de la infancia, una época “absolutamente esencial”, el el tronco de un relato que juega con los silencios y en el que los paisajes -tanto físicos como metafóricos- son también protagonistas, esos espacios híbridos en los que Pérez es experta. “Laura es una autora de lo maravilloso, de esa parte de la vida que es difícil de explicar”, destaca Corral. Entre una y otro construyen un iglú en el que hay espacio para muchos lectores.

- Laura Pérez y Guillermo Corral -