La vida de película de Anita Giner, la olvidada actriz valenciana del cine mudo

Cultura

  • Fotografía de estudio de Anita Giner
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ALICANTE. El Ayuntamiento de la Vall de Gallinera, en colaboración con el Institut Valencià de Cultura (IVC), la Filmoteca Valenciana y la Unió Cultural d'Amics de la Vall de Gallinera, ha organizado a lo largo de este año una serie de actos para rescatar del olvido a la actriz valenciana del cine mudo Anita Giner.

Cabe recordar que este municipio de la comarca alicantina de la Marina Alta sobresale por su rico patrimonio (reúne 17 abrigos prehistóricos con centenares de pinturas rupestres y alberga la fortaleza de Al-Azraq, entre otros tesoros), el valor paisajístico del valle y por ser un referente nacional en la producción de cerezas.

El motivo que ha impulsado al consistorio a homenajear a Anita Giner es que residió buena parte de su vida en Benialí —uno de los ocho pueblos que integran el término—; aunque nació en Villalonga, población perteneciente a la lindante comarca valenciana de la Safor.

El eje principal de esta iniciativa ha sido la publicación de su biografía escrita por Joan Miquel Almela Cots: Anita Giner. L'estrela del cinema valencià dels anys vint. Su autor, que es licenciado en Humanidades y ejerce como archivero municipal de Pego, ha realizado una ardua labor de investigación para reconstruir su andadura personal y profesional, a partir de la búsqueda y análisis de diverso material documental procedente en su mayoría de hemerotecas, así como del resultado de entrevistas con quienes la conocieron.

Se impone, pues, que recordemos su trabajo para que nos descubra la fascinante vida de esta desconocida artista valenciana.

  • Moros y cristianos -

Una gran lectora cervantista

Anita Giner nació en 1902, y al final de su niñez sus padres se trasladaron a Valencia, donde estudió bachillerato. En una entrevista que concedió tiempo después, contó cómo era su forma de ser y pensar en la adolescencia. Se consideraba una gran lectora: ”son muchas las horas que dedico a este goce espiritual”. Leyó tanto a autores modernos como clásicos, siendo el Quijote su libro de cabecera. Llegó a afirmar que se la jugaba con cualquier cervantista en cuanto a su conocimiento de esta obra.

Soñaba con llegar a ser en una gran danzarina, “pero no una bailarina, más o menos ágil y graciosa, sino una creadora con estilo propio donde el ritmo, el gesto y el ademán, en perfecto acorde, diesen una versión emocionante de los estados del alma". Sin embargo, sus padres querían que estudiase una carrera.

Y en ese momento de incertidumbre, el Destino llamó a su puerta de la mano de Maximiliano Thous, una de las celebridades de la capital: escritor, periodista, autor de la letra del Himno de la Exposición de Valencia de 1909 con música del maestro José Serrano (tiempo después se convertiría en el Himno de la Comunitat Valenciana) y, también, cineasta desde hacía poco.

Corría el año 1923, cuando Thous andaba buscando a la actriz principal de su segunda película La Dolores, pero sin éxito. Fue entonces cuando un allegado le sugirió el nombre de Anita Giner.

  • Anita Giner y Maximiliano Thous (sentados) en el rodaje de Moros y cristianos -

Dócil a la inspiración del director

En dicha entrevista, Anita Giner relató cómo fueron esos primeros momentos: “Mi padre, vacilante algún tiempo, decidiose a hacer mi gusto. Y una tarde de verano nos transportó un automóvil a un destartalado rincón de la calle Trafalgar, donde estaban montando el decorado”. Continuó explicando que, tras una breve presentación, el director le señaló dónde tenía que colocarse, al tiempo que la miraba fijamente y el operador la enfocaba. Acto seguido, Thous le dio unas indicaciones que recordaba perfectamente: “Ría, ría… Ahora cambie el gesto… Mire hacia aquí… Llore…”.  Ella contó al periodista cómo se comportó en esos momentos: “Reí, y lloré obediente y sumisa, mientras el operador me impresionaba…”. A continuación añadió con sentido del humor: “Tres o cuatro días después, sin otra preparación, interpretaba yo, dócil a la inspiración del director, poniendo toda mi alma en el arte, una de las más trágicas escenas de La Dolores”.

La película se estrenó resultando un completo éxito. Se proyectó en Madrid, Sevilla, Salamanca, Valencia y otras capitales. Un prestigioso crítico escribió “Anita Giner, con rasgos de pasión, de gracia, de ternura infinita, se agiganta en La Dolores, se impone a otras muchas estrellas de la pantalla”. Con relación a estas palabras, es preciso mencionar dos elementos clave del cine mudo (hay otros más) en que muestra su superioridad sobre el sonoro: el dominio absoluto del lenguaje visual y la capacidad de transmitir emociones sin depender de la voz. Y precisamente, por ello, Anita Giner, fue considerada como una de las más brillantes artistas de su época. Además, más allá de su talento, poseía un rasgo distintivo que la diferenciaba de cualquier otra actriz: irradiaba una cautivadora sonrisa que encandilaba al espectador.

En los años siguientes, fue requerida también por Thous para participar en nuevos rodajes: La alegría del batallón, una adaptación de la zarzuela escrita por Carlos Arniches y Félix Quintana cuya partitura corrió a cargo del maestro Serrano; Noche de alboradas y Moros y cristianos. En 1929 el director Lucas Argilés la llamó para que interviniera en L'auca del senyor Esteve (una auca es un cómic contado en un cartel). Esta película, filmada en los últimos compases del cine mudo, fue su última aparición cinematográfica.

  • Cartel de la película Moros y cristianos -

Exilio en Londres

A partir de esa fecha hay un misterioso silencio documental hasta que volvemos a saber de Anita Giner gracias a las memorias de Nan Green, una activista británica que se desplazó a España a principios de la Guerra Civil para unirse al bando republicano. Fue voluntaria del Comité de Ayuda Médica a España, y en uno de sus destinos conoció al brigadista inglés Frank Ayres y a Anita Giner, que desde el principio de la guerra trabajaba como voluntaria en el servicio médico de un hospital.  Según cuenta, fue testigo del amor que surgió entre ambos y que los uniría para siempre.

A mediados de la guerra, Anita Giner fue acusada de espionaje y encarcelada en la prisión de Cuenca, pero su amiga la liberó tras demostrar que todo se debió a una acusación falsa, fruto de un malentendido.

Tras la derrota de la República, Anita Giner y Frank Ayres se exiliaron a Londres, donde se reencontraron con Nan Green. Estalló la Segunda Guerra Mundial y, según parece, los tres colaboraron con la resistencia europea contra el nazismo. Además, participaron en las actividades sociales de la comunidad española en el exilio.

  • Frank Ayres y Anita Giner en su casa de Londres -

Regreso a España

A finales de los años sesenta, Frank y Anita decidieron regresar a España y asentarse en Benialí, pues de joven ella iba frecuentemente con su familia a visitar a una tía suya, guardando desde entonces un muy buen recuerdo del pueblo. En Benialí llevaron una vida tranquila, les gustaba dar largos paseos por el valle y enseguida se integraron en su vida cotidiana. Frecuentaban el bar para departir con los vecinos e, incluso, jugaban alguna que otra partida de dominó. Anita Giner tenía la costumbre de tomarse un Martini mientras se fumaba un pitillo antes de comer. Quienes los conocieron recordaban que el matrimonio iba siempre bien vestido y luciendo un porte elegante.

De la “señora Anita” —como la llamaban los vecinos— decían que era callada y reservada. Nunca habló de su pasado artístico, de hecho, ningún lugareño supo que fue una diva del cine mudo; salvo, tal vez, la mujer que los atendía y algún allegado.

Anita Giner falleció en 1974 y, años más tarde, su marido Frank Ayres.

  • Proyección de Moros y cristianos en Benialí con el pianista al fondo -

 

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