VALÈNCIA. Cinco minutos junto a Juan Pedro Font de Mora son suficientes para ver que es un librero nato. Que cuando los libros llegaron a su vida nunca se planteó solo emplearlos para leer, los comprendió directamente como una vocación y un estilo de vida a seguir. Con veintiún años abrió su librería Railowsky, especializada en libros de fotografía y que el año pasado cumplió cuarenta años. Hace dos años fue reelegido como presidente del Gremi de Llibrers de València, un cargo que ostenta con “mucho orgullo y responsabilidad”. Ahora, en pleno 2026 y una vez pasados los 60 años de la Fira y los 40 de Railowsky encara una 61º edición de la Fira del Llibre con ganas de que “deje de crecer”, y con el deseo de que siga siendo cómoda y accesible para los libreros.
A vistas de inaugurar la 61º edición de la Fira del Llibre -que se celebrará del 30 de abril al 10 de mayo en los jardines de Viveros- Font de Mora conversa con Culturplaza sobre los retos del Gremi de Llibrers para este 2026 y el futuro de una Fira del Llibre que quiere abrir sus puertas al mundo sin masificarse en exceso y que busca huir del modelo de Madrid, aunque hace dos años quería seguirle el paso en la carrera para convertirse en “una de las sedes definitivas de la lectura en España”. Una conversación sobre pasado, futuro y muchos cambios para el universo del libro en València.

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- Foto: KIKE TABERNER
-La Fira celebró su 60 aniversario con una edición de récord, aunque este año el deseo es no seguir creciendo, ¿a qué se debe? ¿Si la Fira pudiera contar con más espacio no se expandiría?
-No queremos que nadie esté incómodo, preferimos crecer en calidad que en cantidad. El modelo a no seguir de la Fira sería el de la feria de Madrid porque se ha convertido en una feria monstruosa y abarrotada, y prioriza a las grandes empresas y a los grupos editoriales grandes. Nosotros preferimos seguir apostando por un modelo de feria más humana, que, sin huir de la lógica comercial, se mantiene de una manera más cercana.
-¿Cómo se puede hacer eso?
-Manteniendo a los libreros agremiados y a las librerías independientes en el centro. Es nuestra manera de mantenernos a salvo. Al final, también es un evento dirigido para los libreros y por libreros, y solo las librerías agremiadas e independientes pueden llegar al paseo principal. Es su gran momento y en el que pueden hacer un 15 o 20% de su facturación anual. Lo que queremos es que se sientan cuidadas y tranquilas y que disfruten de la Fira.
-Todos los años se suman nuevas librerías a la Fira, y el espacio es el mismo -aunque este año cuentan con que ha cerrado el kiosko del paseo-, si no planteáis expandir el espacio de la Fira, ¿cómo cabrán todas las librerías?
-Vamos a ponernos más estrictos con los criterios de calidad para estar en la Fira. Eso significa que tendremos que mirar bien de cerca la calidad de las editoriales para priorizar algunas antes que otras, porque aunque queramos, no caben todas. Por ejemplo, en algunas editoriales de autoedición, muchos de los autores entran pagando. Este tipo de editoriales, con estas prácticas, tendrán cabida a través de las firmas de libros en las casetas y en otras actividades, pero no todas entrarán en el pasillo de expositores.
-¿Cuáles son los deseos de la Fira del Llibre para las próximas ediciones?
-Conectar con otras culturas mientras seguimos teniendo nuestra firma mediterránea. Queremos tender puentes con las culturas marginadas y conectar con el resto del mundo. La lectura es un mensaje de paz, y solo la cultura y la educación nos pueden salvar.

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- Foto: KIKE TABERNER
-¿Cómo es la relación del Gremi de Llibrers con otras entidades como la Associació d'Editorials del País Valencià (AEPV)?
-Hace un par de meses tuvimos una reunión en su sede y hemos empezado a establecer lazos entre nosotros. De momento, una de sus demandas principales es que le demos visibilidad a las editoriales valencianas, que ya la tienen, a lo que nosotros respondemos con que se pueden montar expositores con distintos libros de sus autores y que se los ofrezcan a las librerías que quieran tenerlos. En Railowsky podrían tenerlos, por ejemplo.
De todos modos, aún tenemos que concretar acciones para dar voz a las editoriales valencianas. Este año chocamos también en que se ha prescindido de la carpa de los editores, pero nosotros hemos implantado un nuevo modelo en el que no tiene cabida. La carpa servía como punto de encuentro y exhibición, pero las editoriales valencianas pueden tener cabida también en otros stands.
-Una de las peticiones de la AEPV es, precisamente, que se de visibilidad a los libros en valenciano, ¿cómo se puede lograr eso?
-En la Fira del Llibre damos mucha presencia al valenciano, todas nuestras comunicaciones son en valenciano y el 40% de las actividades que organiza la Fira son en valenciano también. Poco a poco, con estas acciones, lo vamos consiguiendo.
-¿Cuál es la gran preocupación del Gremi ahora mismo?
-La falta de relevo generacional en las librerías, es una pena. Muchas cierran porque quieren seguir, pero no encuentran a nadie que se haga cargo. Cierran por jubilación y porque no tienen a quién cederle el comercio.
-¿Y cómo se puede paliar?
-A veces no se puede, muchas librerías llevan la firma de autor de su relevo y eso es algo que no se puede traspasar. Hay que entender que hay librerías en la ciudad que van a morir por esa falta de traspaso, aunque en València es muy esperanzador ver que abren librerías nuevas con jóvenes a su cargo, y eso nos asegura un tipo de relevo.
-Este año València se convirtió en la sede del Congreso de Librerías y quería preguntarte que pueden aprender las librerías valencianas de las del resto de España.
-Creo que desde el Gremi siempre podemos aprender de los demás, y de las otras librerías que no paran de reinventarse constantemente. Creo que, viviendo en la tercera ciudad más grande de España, deberíamos atender al valor que tiene la gente que mantiene librerías en ciudades más pequeñas y contemplar sus estrategias.

- Foto: EVA MÁÑEZ. -
-Tras un año de tirantez con el tema de las ayudas, ¿cómo valoráis desde el Gremi de Llibrers la relación con Carmen Ortí? ¿Habéis tenido la oportunidad de reuniros con ella?
-Sí, hemos podido reunirnos con ella y digamos que la situación está más calmada. Ahora ya nos hemos puesto al día con el tema de las ayudas, aunque perdimos un año entero de subvención. El resto pudimos llevarlo adelante gracias a la ayuda de Miquel Nadal, que consiguió varias ayudas extraordinarias para apoyar al Gremi y para que se pudiera hacer la pasada edición de la Fira del Llibre. Volviendo a la pregunta sobre Ortí, sí que hemos tenido una reunión con ella hace un mes aproximadamente, aunque la consideramos como una toma de contacto, y aún nos quedan muchas cosas que pedir, como por ejemplo una subvención fija para la realización de la Fira del Llibre.
-Hace un año hablábamos de que uno de tus sueños es que las librerías se convirtieran en “agentes culturales de su zona”, algo que indudablemente está pasando a día de hoy. ¿Cómo valoras la transformación de las librerías en puntos de encuentro más allá de vender libros?
-Es increíble, este año hemos podido ver cómo las librerías se han convertido en clubes de encuentro con un agente social increíble. Ya no se trata solo de vender libros, se trata de generar comunidad y plantear espacios de encuentro para la ciudadanía. Desde el Gremi estamos intentando potenciar que las administraciones den ayudas a las librerías por este tipo de actividades culturales, para que los libreros puedan obtener un beneficio de estas.
-Basándote en el modelo de Railowsky, ¿crees que hay cabida en la ciudad para las librerías especializadas de este tipo?
-Diría que ahora mismo no. Mi librería, Railowsky, ha sobrevivido durante tantos años precisamente por saber tocar todos los palos, pero es verdad que cansa y es muy complicado. Hay un publico en València para estas librerías, pero no el suficiente.