El libro El proxeneta, de Mabel Lozano, les hizo entender los mecanismos de una red criminal que hasta entonces apenas conocían. Isabel Peña y Eduardo Villanueva sintieron que tenían que contar esa historia: por su fuerza narrativa y por la rabia que les provocaba. De ese impulso nació El castillo, la serie de seis episodios estrenada este jueves 8 de octubre en Movistar Plus. Sus creadores hablan de la documentación, de las distintas versiones del guion y de la búsqueda de un equilibrio entre los puntos de vista de la historia. También del desinterés que permitió que aquella explotación existiera y que, según señalan, sigue presente.
Pregunta. Os habéis adentrado en el mundo de la trata de mujeres, desconocido para muchos. Es una lacra que sigue existiendo, quizá con menos ruido que antes. ¿Por qué creéis que se ha tratado tan poco hasta ahora? ¿Por qué se habla tan poco de este mundo?
Isabel Peña. Nos lo hemos preguntado mucho. Es porque no ha interesado, porque es un lugar muy incómodo, muy oscuro y que está aquí. Es más fácil vivir mirando hacia otro lado y no tener que enfrentarte a ello, supongo.
E. V. Creo que no ha interesado desde la ficción. Me han aparecido todos esos miedos en un mundo en el que seguramente es más cómodo contar otro tipo de historias. Y también como sociedad ha habido algo de no querer poner el ojo ahí, prestar atención a un lugar que tiene tantos tentáculos metidos en tantos lados. Mucha gente prefiere no meterse, no opinar, ni siquiera juzgar, porque el consumo de prostitución está muy imbricado. Hacerse las preguntas sobre qué puede conllevar es algo que mucha gente no quiere hacer.
Pregunta. ¿Por qué crear una serie y no una película? ¿Por qué habéis optado por este formato de seis episodios?
E. V. Ya nos ha costado meterlo en seis episodios de una sola temporada. Una película habría sido imposible: habría sido la película más larga de la historia.
I. P. De hecho, hubo un momento en el que no podíamos hacer la serie y algún socio inteligente nos dijo: «Joder, hagamos la peli». Y era como: «Es que no. Necesitamos el tiempo, el espacio y la división en capítulos para contar bien la historia».
E. V. Hay algo del peso de lo que queríamos contar. Es una serie muy de universos y de sistemas. Este tipo de cosas muchas veces son difíciles… O, más que difíciles, quizá te obligan a llevarlo a un sitio muy concreto para convertirlo en una película, si lo quieres contar bien. Y, siendo una serie muy concreta, el universo es muy grande y muy desconocido. Había muchas cosas que contar y una serie te daba esa posibilidad.

- Eduardo Villanueva durante el rodaje. -
- Manolo Pavón.
Pregunta. ¿Cómo llegasteis al proyecto? ¿Qué os animó a embarcaros en contar esta historia? ¿En qué momento dijisteis: «Vamos a hacer esto»?
I. P. A mí me embarcó él, así que lo cuente él.
E. V. Había un interés por bucear en este universo del que no sabíamos nada, en este sistema. Y con ese interés, que no pasaba de ser una curiosidad que resonaba en tu cabeza, llegó a nuestras manos El proxeneta, el libro de Mabel Lozano. Te explota la cabeza porque detalla y desgrana los mecanismos por los que funciona esta mafia, este crimen tan brutal, tan atroz y, a la vez, tan grande. Maneja un movimiento de dinero gigantesco y tiene tantos tentáculos en el resto de la sociedad.
Desde que lo leímos sentimos que teníamos que contar la historia, tanto por lo narrativo, porque había una historia muy potente, como por la rabia que sentíamos. Si a nosotros nos había volado la cabeza, queríamos que a la gente le volara también. Queríamos contar a cuanta más gente fuera posible lo que habíamos descubierto de esta manera, porque muchas veces la ficción es un vehículo muy interesante para dar a conocer distintas realidades.
Pregunta. Como espectador, me ha costado entender cómo se permitió aquello, cómo hemos podido permitir entre todos que sucediera. Creo que uno de los aciertos de la serie es no caer en un victimismo fácil ni enfocarlo todo en Claudia, el personaje de Valentina Vidal, sino ofrecer una perspectiva global para que cada uno juzgue o valore esos hechos. Me pasa lo que a vosotros al leer el libro: da mucha rabia que haya sucedido y que siga sucediendo. ¿Cómo habéis logrado ese equilibrio?
I. P. Qué bien que pienses que hay un equilibrio, porque era una de las muchas cosas que nos interesaban y nos obsesionaban, y realmente ha sido complicado. Lo hemos conseguido a base de ensayo y error. Mucho ensayo, mucho error y mucha, mucha documentación.
Hemos hablado con mucha gente, hemos leído mucho y, cuando algo te interesa tanto, vas a por ello. A veces lo explico así: éramos los guionistas, pero también los primeros espectadores. Queríamos tanto llegar a contar esta parte y estábamos tan enganchados a ese mecanismo… Era uno de los muchos objetivos que teníamos, pero estaba en la parte alta de la tabla.
E. V. Desde el primer momento sabíamos que la serie nunca estuvo concebida para estar centrada en Claudia. De hecho, al beber del libro, estaba centrada en el personaje de Suizo, porque era lo más novedoso, y estaba igualmente desequilibrada hacia otro lugar. Era muy desoladora, muy poco empática. Fueron las distintas aproximaciones y los distintos noes que nos fueron dando en diferentes sitios los que nos llevaron a encontrar este equilibrio entre los tres puntos de vista principales.
I. P. Esos noes fueron de Domingo Corral, Fran Araújo y Susana Herreras, que han sido unos compañeros increíbles en este largo proceso de desarrollo.

- Isabel Peña y Omar Ayuso. -
- Manolo Pavón.
Pregunta. ¿Entendéis que las autoridades de aquellos años actuaran como actuaron? Me refiero sobre todo a policías y jueces: que no fueran conscientes del delito, de los crímenes que se estaban cometiendo.
I. P. Yo personalmente comprendo la idiosincrasia, pero no entiendo a esos seres humanos que prefirieron no mirar.
E. V. Entender es una palabra muy amplia. Entender los mecanismos que operan, sí. Desde ahí los hemos escrito. Nos hemos obsesionado mucho con entender qué mecanismos operan. Y muchas veces está el desinterés del que hablábamos antes. El desinterés a todos los niveles: el humano, desde luego, pero también el profesional. No querer pillarse los dedos, no querer cambiar nada de algo que ha sido así toda la vida. Esa manera más intelectual de entenderlo, sí.
Ahora bien, te da mucha rabia y te produce la sensación de qué mal está el sistema para que esas partes del sistema tengan tanta falta de interés o tan pocas ganas de hacer justicia, de intentar que algo cambie.
I. P. Al final, esta serie habla de trata de mujeres con fines de explotación sexual dentro del amplísimo y vastísimo mundo de la prostitución, que es complejísimo. Nosotros hemos querido ir solamente a esto en concreto. Y esto en concreto es tan desolador… Eso es esclavitud sexual en el siglo XXI.
Ese concepto de volar la cabeza del que hablábamos al principio va tanto por la fascinación de decir «cómo puede pasar» como, por supuesto, por una rabia enorme que seguimos teniendo.
Pregunta. Por último, ¿el hecho de estar basada en hechos reales le da más valor a la serie, al producto audiovisual? Es un debate en el que yo creo que sí, pero os pregunto como creadores: si no estuviera basada en hechos reales, ¿sería igual de útil o de valiosa?
E. V. Valiosa es una palabra muy amplia. Útil es una palabra que no nos gusta demasiado porque nos coloca en un lugar un poco pretencioso. No creo que una serie tenga más valor por estar basada en hechos reales. Personalmente, creo que en esta serie forma parte de su idiosincrasia.
Cuenta una realidad. Hay series que se acercan más a una realidad y otras que se acercan más a otras. Pretender que, porque cuenta una realidad, tiene más valor me parece un poco pretencioso.
Dicho lo cual, uno de los valores de esta serie que queremos contar es que está basada en una realidad, que cuenta un mecanismo que sucedió y que sigue sucediendo de una manera muy real y muy realista. Es uno de los valores de esta serie en concreto. No sé si de otra.
I. P. Sí, total.
