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VERANOS IMAGINARIOS

Instrucciones para una fuga estival (a través de la ficción)

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VALÈNCIA. No, el calendario no miente. Sí, el tiempo pasa cada vez más rápido. En efecto, parece que fue ayer mismo cuando 2026 abrió los ojos por primera vez y ahora el verano está a punto de iniciar oficialmente su sofocante imperio (aunque, en realidad, ya lleve unas cuantas semanas avasallándonos por las aceras). Inmersos como estamos en esa rueda de hámster de la hiperproductividad desquiciada y la velocidad infame, es más que posible que la llegada de esta estación te pille desprevenido. Excels pendientes, chapuzas domésticas esperando a ser acometidas, una lista de tareas y compromisos que no hace sino sumar ítems a cada pestañeo… Y, de repente, arranca la temporada estival. El pánico te invade: no estás preparado para afrontar estos meses como desearías.

Quizás solo sueñas con huir a latitudes menos sudorosas. Es posible que ni este ni los  últimos veranos hayan sido para ti sinónimo de vacaciones y añores épocas en las que julio y agosto eran una llanura de ocio hasta donde alcanzaba la vista. Quizás seas un amante de la evasión estival y solo necesites un poco de inspiración para preparar tu alegre huida a los días de asueto.

Estés en modo supervivencia, anhelo o euforia, desde Culturplaza (como viene siendo tradición) hemos preparado un manual de fuga para quienes necesiten pertrecharse de ficciones con las que imaginar un verano mejor. Títulos que invitan a la fantasía y el escapismo; al recogimiento y al ejercicio de la imaginación. Parajes literarios, canciones y refugios cinematográficos con los que llenar mentalmente las próximas casillas del calendario. Porque en estas semanas de temperaturas disparadas hay hueco para jornadas luminosas y momentos de melancolía canicular. Veranos que suenan a infancia y bucean en las piscinas de lo nostálgico. Veranos que proponen aventuras exuberantes y encuentros transformadores. Veranos de verbena y reflexión. Veranos lentos. Veranos fugaces. Veranos inventados que esperan a ser recorridos. Y gozados.

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Aurora García Agud, actriz y música

“Inevitablemente, si pienso en mis lugares de fantasía y escape para este verano,  termino recordando otros veranos de mi vida: esos momentos en los que una película, un libro o una canción me ayudaron a atravesar esos días largos de una forma más tranquila.  Porque la temporada estival tiene algo de celebratorio, pero también de pesadumbre, de  toma de conciencia del tiempo que pasa, de esa sensación de infinitud cuando el estío parece no terminar nunca.

Mi verano ideal empezaría viendo Mis vecinos los Yamada, de Isao Takahata para Studio Ghibli. Es una película construida a partir de pequeñas escenas de la vida cotidiana de una familia, atravesadas por un humor bastante curioso. Mi hermano y yo tenemos el ritual de verla cada año. Siempre me ha parecido una ventana desde la que reconocerse en los gestos más corrientes de la vida y, al mismo tiempo, una  manera de escapar de ella. Su animación, que es muy gustosa, con acuarelas y trazo fino, tiene una ligereza que también resulta profundamente veraniega.

La tarde la dedicaría a la lectura. Empezaría con  el ensayo El tiempo es lo único que tenemos (Caja Negra), una obra colectiva editada por Bárbara Hang y Agustina Muñoz. El libro reflexiona sobre la importancia de la integración del tiempo en la performance y las artes escénicas. En ese sentido, propone una mirada especialmente sugerente para esta estación, cuando parece que el tiempo se dilata y adquiere una textura distinta. Te invita a tener una mayor conciencia del tiempo, de cómo atravesamos el tiempo y cómo el tiempo nos atraviesa; te hace volar y a la vez te hace anclarte un poco en esa sensación de estar viviendo en el tiempo. Es un libro precioso que yo leería de a poquito, capítulo a capítulo, párrafo a párrafo”. Luego, como estaría un poco agotada de ese viaje temporal, leería un poco de poesía. En concreto, recurriría a Diwan de Shams de Tabriz, de Jalaluddin Rumi (Editorial Sufí). Es un canto al amor, la naturaleza, a ver las cosas con brillo y con luz. Al leerlo, el paisaje cambia ante tus ojos, las nubes se vuelven más nítidas, el sol te ilumina la piel, el verde es más verde y el azul más azul…  Un poemario precioso para atravesar estos meses con esa sensación de poder ver lo extraordinario en lo pequeño.

Y al terminar la jornada estival, después de tanta literatura, llegaría el momento de bailar. Mi banda sonora sería Supermerk2, uno de los grupos más emblemáticos de la cumbia villera argentina y que tiene canciones extraordinarias como “La resaka” o “Qué calor”. Son temas que condensan todo lo que me gusta del verano: la sensación de verbena interminable, de estar fresca, viva y feliz con tus amigas”.

Kike Parra, escritor y fundador de la Escuela Selecta de Escritura

“En música, elegiría Someday, de The Strokes. Últimamente he vuelto a escuchar mucho al grupo y esa canción, en particular, siempre me transmite unas ganas enormes de salir a la calle y disfrutar de lo que ocurre fuera. Tiene algo que me resulta muy sugerente: una mezcla de nostalgia, juventud y libertad que remite a esas tardes eternas compartidas con los amigos y disfrutando con las personas que quieres. Es una canción que captura muy bien esa sensación de estío vivido con intensidad.

En literatura, me quedo con la evocación de la época estival que hace Julio Cortázar en Final del juego, tanto el relato como el conjunto de cuentos que integra el volumen. Hay algo muy especial en esos veranos de juegos, descubrimientos y pequeñas extrañezas. Quizá por eso me recuerdan a mis experiencias de infancia y adolescencia, cuando pasaba algunas semanas en La Adrada, un pueblo de Ávila, con mis primos. Eran días llenos de exploraciones y revelaciones: dar de comer a una cerda y a sus crías, escondernos para observar a los mayores mientras fumaban marihuana… Con trece o catorce años, todo parecía un descubrimiento y, al mismo tiempo, un juego. Guardo mucha nostalgia de aquel lugar y de aquellas tardes entre muros de granito, vides e higueras”.

Agus Izquierdo, crític cinematogràfic 

“No dec ser jo l’únic (seria petulant pensar que sí) que, amb l’arribada de l’estiu, s’enclaustra en refugis i cabanes mentals. És una mena d’inversió de la hibernació. Al llarg dels anys, he instal·lat búnquers íntims on recollir-me monàsticament. Un d’ells és Here, l’àlbum de Ceramic Songs, que es presenta com un amagatall de petites cançons dilatades per la suor i les vesprades disteses en un temps estrany, màgic i, molt sovint, irresistiblement nostàlgic. Textures sonores, imatges d’una infància perduda per sempre més. El podeu escoltar a Bandcamp.

Pense també en un tòpic per aquestes dates: Kikujiro no natsu (L'estiu d'en Kikujiro), l’obra més commovedora de Takeshi Kitano; pel·lícula manyaga; seppuku sentimental; cinema cotó; road movie estival tendra i fresca com un gelat que brota del congelador d’un baret de platja. Això em porta als treballs de Martin Parr, traspassat recentment. Postals amb crema solar, cossos esculpits en la sorra, coreografies torrades i costumisme en primeríssima línia de mar. Parlant d’ungüents fotoprotectors, un bonus track cinèfil: Aftersun, si sou emocionalment atrevits i esteu disposats a enterrar-vos en una piscina de llàgrimes d’un resort qualsevol.

Cuidada i detallada també és Poeta chileno, la novel·la d’Alejandro Zambra, que recomane a tothom sempre. L’autor hi plasma escenes de quotidianitat empastifades en l’afecte i els sentiments resultants d’una masculinitat no desconstruïda però sí disposada a acceptar el bloqueig heteronormatiu. Un llibre que ens interpel·la pels records que traspua, per l’adopció involuntària, pel dol i l’absència i l’arrelament d’un amor no buscat. Ideal per consumir voraçment en vacances”.

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Víctor Benavides, poeta i gestor cultural

“Si pense en el sol de l'estiu, recorde el socarrat daurat de l'última portada de la revista Val15 (Universitat de València, 2026). Es tracta antologia de poetes actuals dirigida per estudiants que s'ha situat entre les principals publicacions periòdiques de la literatura valenciana. Si preferiu un llibre per entrar-hi  sense ulleres de sol, teniu Palpentes (Cap de Brot, 2025), amb el qual Júlia Sentís va guanyar el VIII Premi de Poesia Salvador Iborra. A través del tacte, de la matèria, del cos que dubta i avança, busca en la foscor altres maneres de caure en aquesta societat.

Per a tancar, una doble proposta per a cremar-vos la punta dels dits: Prendida (Arrebato, 2025), d'Elsa Moreno, un viatge filosòfic pel llenguatge, la natura i el melic; i Un llumí a la llengua (Ela Geminada, 2025), una antologia del desig, aire fresc per a llegir quan la calor no et deixe dormir”. 

Claudia Villanueva, editora

Mi primera recomendación escapista es el libro Caminar sobre aguas cristalinas en una piscina pintada de negro, de de Cookie Mueller (los tres editores). Es una obra fantástica que, sobre todo, ofrece a la lectora el gusto por la aventura y por el viaje. Te transporta directamente a Baltimore, a los Estados Unidos de los 70, con una incipiente contracultura que rebosa en el texto. Me parece una lectura absolutamente deliciosa. 

Por otra parte, pienso en La Femme, un grupo francés que, particularmente en su primer disco, condensa todo lo que significa o querríamos que significara el verano: te incita a reconectar con el juego, con la sensualidad, con un universo real pero pintado con notas de otros lugares. Y finalmente, acudiría al libro Mejor en el Mar, de François Matton (Demipage). En él cuenta la historia de cómo decide construir un barco de madera con sus propias manos y opera también como una invitación a la contemplación y a la creación de la belleza”.

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Dafne Calvo, fanzinera e investigadora en Comunicación

Cuando reflexiono sobre obras que dialogan con la temporada estival, casi todas tienen que ver con la niñez. Los veranos infantiles poseen una entidad propia, irrepetible e irremplazable. Al crecer, esa época ya no supone un impás en tu vida. Digamos que es el lugar por donde siguen transcurriendo las cosas que te suceden. Pero en la niñez sí que hay una ruptura no voluntaria. Por eso, una de las primeras recomendaciones que se me ocurren es El camino, de Miguel Delibes. Ambientada en los paisajes que el propio autor frecuentaba, la novela retrata la España de posguerra a través de los recuerdos de Daniel el Mochuelo. Sus aventuras con los amigos, los personajes del pueblo, los momentos que marcan el tránsito hacia la vida adulta, pues se va a estudiar lejos de casa… Me gusta la sensación que transmite de que los veranos no son tan distintos para unas personas u otras, con independencia de si tenemos Internet o nos vamos de viaje a Japón.

A nivel cinematográfico, me fascinan las películas que exploran los veranos de la infancia y están llenas de bicicletas recorriendo calles vacías, cabañas improvisadas y aventuras que parecen infinitas. Si tuviera que elegir una, sería The Florida Project, de Sean Baker, quien tiene una habilidad extraordinaria para situar a sus personajes en contextos difíciles sin privarlos de agencia ni capacidad de imaginación. La protagonista vive junto a Disney World en una situación económica muy precaria, durante uno de esos estíos sofocantes de Florida. Sin embargo, ella y sus amigos convierten cada día en una aventura.

La cinta captura muy bien una idea fundamental: el verano no es tanto un lugar o una estética como una actitud ante el tiempo y las posibilidades que este ofrece. Quizá por eso, al imaginarlo desde la vida adulta, lo asocio menos a escenarios concretos y más a ciertos placeres que durante el resto del año resultan difíciles de sostener. Leer es uno de ellos. Después de pasar horas respondiendo correos cada día, la lectura se me hace mucho más difícil y menos placentera de lo que realmente es. Poder dedicarme a ello durante la época estival es un acto de justicia conmigo misma. 

Y si hay un género que asocio a esta estación es el cuento. Su brevedad conserva una frescura y una intensidad que encajan perfectamente con esos momentos de pausa: mientras uno se seca al sol después de un baño o descansa a la sombra de un árbol. Entre mis libros favoritos está Catedral, de Raymond Carver. Me maravilla la sutileza y la inteligencia con la que construye historias aparentemente mínimas que, con el paso de los años, descubres que no lo son tanto”. 

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