VALÈNCIA. Suenan las doce en el reloj y no es una noche cualquiera, se celebra Nochevieja. Tras superar el momento de atragantarse con las uvas un grupo de amigos sale de fiesta, sin grandes pretensiones, solo con la idea de pasarlo bien. Dentro del grupo se encuentra una pareja de hermanos: Alex y Adrián, que vivirán dos noches completamente diferentes a pesar de estar en el mismo espacio. Al final de la noche Alex es violada y, entre la oscuridad, no logra reconocer a su agresor. Semanas más tarde de lo ocurrido acude a su hermano, Adrián, quien lejos de ayudarla le presiona y le cuestiona sus propios recuerdos.
Mientras procesa la violación, se prepara para dar vida a Medea en una obra de teatro, conectando su rabia y su furia con la historia real del personaje al que encarna que, según la tragedia de Eurípides, decide matar a sus propios hijos y a la nueva esposa del que fuera su esposo: Jasón. Entre sangre, furia y rabia por lo ocurrido Alex encuentra en el teatro el lugar en el que canalizar su ira.
Esta es la premisa de La furia, el film que marca el debut como directora de Gemma Blasco y que se ha alzado ya con la Biznaga de Plata a la Mejor Actriz (Ángela Cervantes, que da vida a Alex), al Mejor Actor de Reparto (Àlex Monner, que encarna a Adrián) y al Mejor Montaje (Didac Palou y Tomás López) del Festival de Málaga. La directora llega este 3 de febrero al IVAM como invitada del ciclo Sesión expandida. El cineclub del IVAM con la actividad Contener la rabia o hacerla estallar. Un encuentro con Gemma Blasco sobre el proceso de creación de La furia.
Lo hace junto a Las Entendidas, en una conversación donde se desvelan algunas de las claves que le llevaron a crear este film que posa una mirada “cruda y visceral” alrededor de las violencias sexuales y que también cuenta con dos nominaciones a los Premios Goya 2026: Mejor Actriz Principal para Ángela Cervantes (La Maternal, Valenciana…) y Mejor Dirección Novel para la propia Blasco.
-La película es visceral, pero huye completamente del morbo. El espectador puede oír lo que sucede alrededor de la protagonista en el momento de la violación, pero solo ve una pantalla en negro. Este recurso se repite en varios momentos traumáticos de la película, ¿a qué se debe este recurso?
-Emplear la pantalla en negro parte de la idea de no generar más imaginario colectivo de imágenes sobre violencia sexual hacia las mujeres. La película intenta no ampliar este imaginario y ser respetuosa con las posibles víctimas que vean la película y con la actriz y el actor que forman parte de esta escena. Creo que todas tenemos en nuestra cabeza muchas imágenes que se nos quedan grabadas y que parten de la violencia generando películas que rozan casi el morbo o el espectáculo.
Con La furia intento evitar este morbo y me apoyo en el sonido como un arma superpoderosa que añade varias capas a mi relato. El sonido también se apoya en la idea del recuerdo fragmentado de la protagonista, porque el espectador ve lo mismo que ella: Alex no se acuerda y, por tanto, el espectador tampoco. No emplear imagen en estas escenas ayuda a justificar la falta de recuerdo de la protagonista.
-Adrián es uno de los personajes más complejos de la película. Quiere defender a su hermana, pero se pierde en las formas y acaba ahuyentándola; sin embargo, no genera rechazo en el espectador ¿cómo creas este personaje para que funcione?
-Es uno de los grandes retos de la película, y el trabajo de Àlex Moner como actor fue clave para terminar de cerrarlo bien. Es un personaje muy complejo que acaba convirtiéndose en una especie de antagonista de la película. Teníamos que medirlo bien y mostrarlo como un hombre que no tiene herramientas para hablar con su hermana. Su construcción identitaria tiene mucho que ver con la construcción de su masculinidad y con la idea que se nos ha vendido a las mujeres de que los hombres son los que nos tienen que proteger a nosotras.
La película habla de esa idea de protección y mostramos a un hombre que no tiene las herramientas adecuadas para acercarse a su hermana, Alex. A su vez hace lo que puede con el dolor que siente, aunque siente lo que le ha pasado su hermana como algo propio, lo cual también es muy paternalista y patriarcal. Al final encapsulamos un amor muy tóxico entre ambos, y mostramos a un hombre que hace lo que puede con lo que tiene, aunque eso no evita que lo haga mal.

- La furia -
-Uno de los grandes canales para comprender la furia de la protagonista es el teatro, a través de la interpretación que hace Alex de Medea, ¿por qué escoges el teatro como vehículo para canalizar su rabia?
-Dentro de las posibilidades de profesiones artísticas sobre las que podría contar esta historia, el teatro es la que emplea el cuerpo y la voz. Creo que era idóneo para una película que habla sobre atravesar un trauma y que es muy física en muchos sentidos.
En el film llega primero el teatro y desde ahí se llega a la tragedia. La furia habla de las tragedias heredadas de muchas generaciones y de ahí llego a Medea. Me interesa Medea porque es una víctima imperfecta que se reapropia de su dolor, que decide hacer lo que le da la gana con su dolor. Con esta película hago lo que hace Alex con Medea, empleo el cine como canal fílmico para expresar mi dolor.
-En la película, las imágenes de Medea también se mezclan con episodios de caza más violentos que sirven para hablar de la persecución y de los cuerpos de diferentes formas.
-La caza aparece en la película porque la he vivido en mi pueblo desde pequeña. La escena en la que se muestra el destripe del jabalí conecta mucho con lo que está viviendo Alex en la película, y funciona para comprender a su personaje. A su vez, la caza funciona mucho a través de los roles: en una batida está el el que manda, el que enseña, el aprendiz… y el que es cazado y quien caza. Me interesa mostrarlo para hablar del juego de roles entre personajes.
-En La furia se plantea una pregunta abierta al espectador: “¿Por qué seguimos haciendo las mismas tragedias una y otra vez?”, y quería preguntarte cómo respondes a esta cuestión como creadora.
-Creo que es una pregunta sin respuesta, que nos lleva a un callejón sin salida. De alguna forma creo que seguimos hablando de tragedias porque siguen sucediendo cosas terribles como las violaciones. Las tragedias se van readaptando al momento social en el que vivimos, pero siguen sucediendo. Esta pregunta sin respuesta se resuelve a través del arte, de alguna forma.

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