'Furious': machismo estructural y mujeres muy enfadadas

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VALÈNCIA. Furious es una serie de ocho capítulos (en Disney+) creada por Elizabeth Meriwether que nace como una adaptación muy libre de El caso de la viuda negra (Black Widow, 1987), dirigida por Bob Rafelson, con Debra Winger y Theresa Russell como protagonistas. Es una de esas películas adultas, sólidas y bien hechas, de mediano presupuesto, que antes Hollywood hacía y ahora no, enfrascado como está en franquicias, sagas, superhéroes y efectos especiales.

Decía que es una adaptación muy libre porque se ha quedado exclusivamente en el esqueleto: un relato con dos figuras centrales, una asesina y una agente del FBI que la persigue, intentando dilucidar los crímenes. Y lo que en la película de Rafelson era una versión del mito de la mujer fatal, la devoradora de hombres de larga tradición en nuestra cultura misógina, aquí es una aguda exposición de cómo opera la violencia estructural contra las mujeres en nuestra sociedad. Son otros tiempos. 

Hay que decir que el juego del gato y el ratón entre dos mujeres, la criminal y la policía, en aquellos años ochenta era bastante novedoso, porque ese protagonismo femenino en el thriller no era nada habitual. Hubo por aquellos tiempos unas cuantas películas notables sobre devoradoras de hombres, algunas míticas, como Fuego en el cuerpo (Body Heat, Lawrence Kasdan, 1981), El cartero siempre llama dos veces (The Postman Always Rings Twice, Bob Rafelson, 1981), Labios ardientes (The Hot Spot, Dennis Hopper, 1990), Instinto básico (Basic Instinct, Paul Verhoeven, 1992) o La última seducción (The Last Seduction, John Dahl, 1994), pero en todas ellas el antagonista de la mujer criminal es un hombre, como siempre. Y los directores, también.

La buena noticia es que lo que era novedad en los ochenta no lo es ahora porque, aunque aún queda mucho terreno por conquistar, las protagonistas femeninas son cada vez más diversas y numerosas (aunque no lo suficiente, dense un paseo por las cifras del último informe Boxed In del Center for the Study of Women in Television and Film o el informe ODA del Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales).

A lo que íbamos, Furious. Aquí, aunque hay una asesina no hay una mujer fatal; estamos lejos del mito y la serie se separa completamente de la película en este punto y desde el principio. He dicho que es una aguda exposición de cómo opera la violencia estructural contra las mujeres, el patriarcado, vaya, y, ante esta frase, igual están pensando que estamos ante una obra de tesis, de esas en las que el mensaje o las buenas intenciones está por encima de la calidad artística. Tranquilidad, no es así. Es una serie excelente, que destaca en todos los apartados técnicos y estéticos, con personajes interesantísimos, muy bien escritos y concebidos, con intérpretes al más alto nivel (Emmy Rossum, Lola Petticrew, Scott MacNairy, Quincy Tyler Bernstine y Jake Lacy) y con una muy buena historia, absorbente y con garra, que funciona hasta el final.

Y, además, no renuncia a la incomodidad, a colocarnos en lugares difíciles que nos obligan a repensar algunas cosas, sobre el deseo, sobre la violencia, sobre la condición de víctima, sobre el duelo. Estas mujeres sufrientes, cada una en su territorio, una fuera y otra dentro de la ley, no son reductibles a estereotipos. Son complejas, no siempre entendemos sus motivaciones o incluso cuando las entendemos no nos gustan. Son víctimas, tanto la asesina como la investigadora, de esto no hay duda, pero están muy lejos de ser esas “buenas víctimas” que la sociedad demanda a las mujeres que han sufrido violencia de género: mantente compungida y llorosa, no te hagas notar, no salgas a bailar, no folles, no te diviertas, no te rías. Eres una víctima, haz bien tu papel, porque si no vamos a dudar de ti y te vas a desprestigiar. En este sentido, una de las cuestiones que mejor expresa la serie, a través de lo que les sucede a ambas y a otros personajes femeninos de la trama, es cómo, de forma sistemática, la palabra de las mujeres no es creída, especialmente en el terreno de los abusos, aunque no solo ahí.

Así pues, no son “buenas víctimas” y, de hecho, también pueden ser monstruos, agresoras, verdugos. Porque el dolor, afrontar la violencia sufrida deja no ya cicatrices, sino auténticos boquetes en el alma, en la psique y en la voluntad y no hay manual de instrucciones para resolverlo. Este es uno de los aspectos más notables y mejor resueltos de la serie. 

Es fácil de entender: están furiosas, enfadadas. Y este es un estado de ánimo general entre las mujeres, y hablo ahora de la vida real, que el cine y las series están reflejando de forma directa hasta en los títulos, como esta serie, Furious; la estupenda serie española Furia (Félix Sabroso, 2025-2026) que llega ahora con su segunda temporada, o La furia (2025), la película de Gemma Blasco, llena de rabia y sensibilidad, en la que el mito de Medea, ejemplo primigenio de mujer furiosa, juega un papel esencial. Y qué decir del actual cine de terror y el body horror realizado por mujeres, tan provocador y a veces desconcertante, que da la vuelta a los clichés con una mirada y un discurso llenos de rabia y violencia sobre el uso y abuso del cuerpo femenino y los límites de la identidad.

No me extraña que las ficciones se estén llenando de ira femenina y mujeres furiosas, de señoras que perdieron las formas, pero no la razón, en expresión afortunada de Henar Álvarez. Me reconocerán que hay motivo. Es el hartazgo ante la violencia y los asesinatos de mujeres que no cesan, ante las dudas constantes, ante la inacción y/o la falta de recursos de las instituciones (muy bien reflejado esto en Furious), ante el machismo estructural que impone a una mujer tener que demostrar su valía muchísimo más de lo que ha de hacerlo un hombre, ante los tiránicos mandatos estéticos, ante la vergüenza y la barbaridad de los casos Epstein, las manadas, el caso Pelicot y otros tantos semejantes, ante los infames grupos de WhatsApp con centenares de hombres exhibiendo mujeres y compartiendo métodos para violarlas, el movimiento tradwife, la amenaza a los derechos de las mujeres, incluido el derecho al voto… En fin, añadan ustedes lo que quieran, la lista es larga. 

 

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