Libros y cómic

LA LIBRERÍA

Extraordinarias primeras páginas del Este

Llegan noticias asombrosas en forma de la mejor literatura de allá donde proyectamos una realidad súbete sea por oposición geográfica a la nuestra

  • Escena de El espejo (Zerkalo, 1975), de Tarkovsky
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Lo que antes era solo el sueño de un eslavófilo, un deseo más imposible que improbable de materializar —el disponer en casa de abundantes fuentes de la cultura de los pueblos que se extienden hacia oriente más allá de las fronteras de nuestras mitologías— es ahora una triste realidad producto de una de las más antiguas pesadillas. Desde entonces se ha vuelto común pasear escuchando en todo momento ruso o ucraniano, tener al alcance una gastronomía antes casi inexistente hasta en las mayores ciudades, asistir a eventos de galerías y librerías donde se lee en cirílico. De pronto en estas calles mediterráneas, como en las de buena parte del país, el eco resuena de un modo diferente, y llegan aromas e historias que antes quién sabe si habrían acabado varadas en una aduana solitaria. 

 

Los catálogos de las editoriales tampoco han sido ajenos al fenómeno. Quizás solo sea una impresión sesgada, si bien por estas latitudes periodísticas siempre hemos prestado mucha atención a la literatura de aquello a lo que desde aquí llamamos Este: le hemos dedicado gran cantidad de tiempo y espacio, y por eso así, sin los datos en la mano pero con la clara y agradable  sospecha, uno se atreve a afirmarlo. La cuestión es que además se están editando obras extraordinarias como las que vienen a continuación: 

 

  • ¿Qué buscas, lobo?, de Eva Viežnaviec -

 

¿Qué buscas, lobo?, de la bielorrusa Eva Viežnaviec en Gatopardo Ediciones con traducción de Andréi Kozinets es toda una sorpresa, una historia acertadísima desde la primera palabra de la primera página que ya nos sitúa en la piel de Ryna, quien vuelve a casa tras ocho años yendo de aquí para allá y en los que además ha caído en las garras del alcoholismo. La muerte de su abuela, curandera, superviviente y figura mística y mítica de la zona perteneciente a un linaje marcado por la sangre, el dolor y la superstición la llevará de nuevo a su hogar, dividido relacional y físicamente en una parte blanca, moderna, habitada por sus padres, con quienes apenas ha vivido, y otra parte negra, tosca, sin cerraduras ni agua corriente, con un huerto en un lugar de un jardín, que representa su infancia y juventud con la persona a quien más ha querido y a quien sin embargo abandonó durante casi una década. La manera en que Viežnaviec narra el pasado de los protagonistas, el territorio cenagoso, la inquietante presencia constante de los lobos, las costumbres de lo sobrenatural y las leyendas, es fabulosa. Este es sin duda uno de los libros más especiales que han pasado por aquí últimamente. 

 

  • El cabello de Venus, de Mijaíl Shishkin -

 

Los dos que vienen a continuación también lo son, e Impedimenta es quien tiene el honor y el gusto de haber publicado ambas obras de arte. Con traducción de Marta Sánchez-Nieves encontramos El cabello de Venus, de Mijaíl Shishkin, a la que se han referido como la gran novela rusa del siglo XXI y sin duda podría ser una de ellas: en una oficina de Suiza un intérprete oye a diario las terribles historias de inmigrantes rusos en busca de asilo. Desde la primera página, también en este caso, somos conscientes de que el trabajo es duro y de que nos hemos montado en una historia a la altura de lo que se dice de ella: con su narrativa en forma de entrevistas y de testimonios nos moveremos de piel en piel a través de una antología de vidas humanas devastadas por lo humano que hay en la vida, porque aquello a lo que llamamos inhumano es precisamente todo lo contrario. La edición, como siempre en el caso de Impedimenta, hace de la experiencia algo más cautivador si cabe. 

 

  • Física de la tristeza, de Gueorgui Gospodínov -

 

Con traducción revisada de María Vútova, portada espléndida y de nuevo, y no es una exageración del articulista, arranque en la primera página para enmarcar, tenemos Física de la tristeza, del búlgaro Gueorgui Gospodínov. Es mejor que lo compartamos (al menos un fragmento) para que entendamos la genialidad de la que estamos hablando: “Nací a finales de agosto de 1913 como ser humano de sexo masculino. No sé la fecha exacta. Esperaron unos días para ver si sobrevivía y solo entonces me inscribieron. Era lo que se hacía con todos. Los trabajos del verano tocaban a su fin, aún quedaba por cosechar esto y lo otro, la vaca parió, hubo mucho ajetreo con ella. Comenzaba la Gran Guerra. La pasé junto con las demás enfermedades infantiles: varicela, sarampión, etc. 

 

Nací dos horas antes del amanecer como mosca de la fruta. Moriré hoy tras el atardecer. Nací el 1 de enero de 1968 como ser humano de sexo masculino. Recuerdo todo el año 1968 con detalle, de principio a fin. No recuerdo nada del año en que estamos. No me sé ni su número. He nacido desde siempre. Todavía recuerdo el inicio de la Edad de Hielo y el final de la Guerra Fría. La imagen de los dinosaurios moribundos (en ambas épocas) es una de las cosas más insoportables que he visto”. A partir de ahí el autor despliega todo su talento para construir un relato mosaico de todas esas existencias, entreverada entre las cuales se encuentra la suya propia. No cabe duda de que Gospodínov es ya un autor universal, ni de que esta Física de la tristeza suya es una de esas obras que trascenderán, que como su mirada de ser expandido en el tiempo y en la naturaleza de los diferentes elementos que constituyen esto que habitamos u ocupamos (sea lo que sea), arribará a nuevas épocas, hasta que las épocas se acaben, lo cual sucederá irremediablemente en un final que cerrará el círculo, esperemos que al menos de un modo tan perfecto como el que ha conseguido él. 

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo

Regina Rodríguez Sirvent, la autora que más vendió en Sant Jordi: "Me llevo fenomenal con la etiqueta 'fenómeno literario'"