Libros y cómic

APRENDIENDO EN SEXO

Entre cuartos oscuros y mucho látex: Angie de la Lama dibuja su vida sexual en ‘Yo, promiscua’

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VALÈNCIA. Más de ocho millones de personas en este mundo tienen algo en común, aunque no lo quieran. Pueden estar en desacuerdo en opiniones políticas, en religión y hasta en sus comidas favoritas, pero no pueden huir del motivo por el que están aquí: el sexo. Sea como fuere, para que llegáramos a habitar la tierra, tuvo que existir el sexo, que acompañado del placer se convierte en la excusa perfecta para seguir existiendo por el resto de los tiempos. Nadie puede huir del sexo ni aunque quiera, y por mucho que algunas personas se muestren pudorosas a hablar del tema, es un punto de conexión clave entre nosotros. El sexo, tal y como lo conocemos, tiene ahora un cómic: Yo, promiscua (Astiberri), una excelente obra al más puro estilo fanzine escrita, vivida y dibujada por Angie de la Lama.

El látex, el porno, los besos, el amor y los cuidados se cruzan ahora con los dibujos de Angie, quien tras años y años escribiendo estos términos en sus diarios personales ha llegado a la publicación de su primer -y excelente- primer cómic que habla sobre sexualidad sin tapujos entre viñetas y que ayuda a comprender el universo de la artista a través de este trabajo autobiográfico que se presenta el 4 de junio en la librería Bartleby junto al autor Martin López Lam. Desde su despertar sexual con el mando de la televisión de su casa -a modo de juguete sexual improvisado- hasta su primer trío de la Lama muestra al mundo su vida sexual sin miedos y combinando el collage, la fotografía, el dibujo y hasta canciones en un cómic que bebe puramente del fanzine.

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Apoyándose en referentes como Zaida Carmona o Bárbara Rey, de la Lama explica con total sinceridad cómo se siente hacer squirt hasta las normas básicas de los clubes nocturnos que solía frecuentar cuando era adolescente. Lo hace con la cercanía que tendría una amiga y con el arte que tiene tras años y años dibujando su vida en sus proyectos fanzineros. ¿El resultado? Un trabajo que es una maravilla para cualquiera que tenga un mínimo de interés en el mundo del sexo y que quiera comprender cómo funcionan las relaciones que se salen de la norma común.

Lo hace con un trabajo personalísimo por el que no le da miedo exponerse ni mostrarse al desnudo: “No siento ningún tipo de vergüenza en contar nada de lo que me pase, y de hecho quiero seguir explorando hasta qué punto puedo llegar. El fanzine me ayuda a comprender mi vida y un aspecto más íntimo de esta y traspasarlo a algo colectivo”. De esta forma de la Lama muestra en Yo, promiscua, páginas de su diario de adolescente, imágenes de cuando era emo y quedaba en el río de Sevilla con sus amigos y hasta una fotografía de su primer dildo. También ahonda en temas peliagudos como las complicaciones de las pastillas anticonceptivas y los límites del sexo y el BDSM.

Para que el lector comprenda todo su universo, la autora le lleva de la manita a través de varios capítulos que van desde su despertar sexual (Capítulo I - Despertar) hasta el análisis de su pasado y futuro sexual (Capítulo 8 - Pasado y futuro) pasando por otros tan necesarios como La desconexión, El deseo y hasta una noche con ella en El club, con un capítulo que emula a la noche dibujando en blanco sobre un fondo negro. “Intenté pensar en cómo dividir mis ideas por bloques y explicar mi historia con el sexo con todos los recursos fanzineos que conozco. Las imágenes, los collages y todos los dibujos que explican mi historia me sirven para hacer mi relato más cercano”, destaca la autora.

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Con un trabajo que ha enseñado a su madre sin ningún miedo –porque, como dice en la novela, es una de sus grandes referentes- Angie de la Lama se convierte en esa amiga que todas querríamos tener para consultarle todas las dudas -y miedos- sobre el sexo que no se comentan en voz alta. Esto es así precisamente porque la autora está acostumbrada a dibujar en compañía y porque Yo, promiscua ha estado acompañada como proyecto por sus círculos desde hace años: “Escribir un cómic como este es un proceso de muchos años, pero que siempre he compartido con mis amigas, que se han reído conmigo de mis historias y las han comprendido en vez de preocuparse de más y preguntar si estoy bien [ríe]. Claramente, hay partes más complicadas en el cómic en las que hablo de bullying o de relaciones tóxicas y de maltrato, en las que la lectura es diferente, pero se va alternando con el resto del relato”.

Jugando con una balanza emocional de su propia historia -la vivida y la que le queda por escribir y dibujar- de la Lama consigue que el lector entienda el sexo como canta Bad Gyal y que llegue al clímax de su historia como quien alcanza un orgasmo muy deseado. Yo, promiscua se explica de principio a fin y ayuda a comprender a de la Lama poniéndola desnuda frente al espejo, de una manera tan natural que sorprende: “La historia y el dibujo surgen de forma muy intuitiva y mi historia se va mostrando tal y como la vivo. Aprendo mientras dibujo sobre mí misma y genero esta obra sobre mis recuerdos, mi yo de pequeña hubiera estado muy feliz de ver el camino por el que he tirado, aunque las emociones de este estilo no siempre son fáciles de describir”, desvela la autora.

Con la cercanía de una amiga y el conocimiento, que compartido se hace más poderoso, de la Lama da el salto del fanzine al cómic, jugando con todas las herramientas que le da su formación artística para retratar su pasado, presente y posible futuro. Al conocerla entre viñetas, el lector llega al último capítulo deseando saber qué le tiene preparado la vida a la autora, y aunque se dibuja e imagina una adivinación, ni ella misma lo sabe, sí sabe que lo vivirá con pasión, emoción y tal vez seducción, porque para ella “dibujar es un juego de seducción”, y qué es el cómic sino un patio de recreo en el que poder lanzar notitas, darse besos en los baños y aprender los primeros matices sobre el sexo que hace que el mundo esté poblado por más de ocho millones de personas que, sin quererlo, siempre tendrán algo en común.

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