1 / 5
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Cómo mostrar la violencia contra las mujeres sin reproducirla en las imágenes. Esa pregunta atravesó el trabajo de Elena Martín Gimeno y Sandra Romero en El castillo, la serie creada y escrita por Isabel Peña y Eduardo Villanueva que aborda el auge de la mafia proxeneta en España. Las directoras explican las decisiones que tomaron para dar un rostro, una voz y una personalidad a las mujeres que aparecen en la historia, y para interrogar a quienes participan en un sistema de explotación. La ficción, estrenada este jueves 8 de octubre en Movistar Plus, busca también que el espectador se haga sus propias preguntas.

Pregunta. Elena, Sandra, encantado de estar con vosotras. Sois dos referentes de la nueva generación de directoras de este país y ahora dirigís El castillo, una serie sobre el auge del proxenetismo en España. Sus entresijos son ajenos a buena parte de la sociedad. ¿Qué creéis que va a encontrar el espectador?

Elena Martín Gimeno. Es una pregunta complicada. A mí me gustaría que el espectador pudiera entretenerse entendiendo cómo funciona un sistema que tiene muchísimos tentáculos. Creo que el guion de Isa y Edu tiene un valor enorme al intentar entender a todos los participantes de una red criminal que mueve muchísimo dinero en nuestro país. También al intentar entender cómo funcionan los mecanismos de la trata para ser capaces de detectarla a nuestro alrededor y de entender cómo puede existir un negocio de economía informal tan grande como el de la trata y el proxenetismo en un sistema capitalista, racista y que cuida poco los derechos de las personas vulnerables.

Lo ideal es que, al analizar ese sistema, la serie genere preguntas, como nos las ha generado a nosotras durante todo el proceso, desde el principio. Tanto preguntas personales, sobre cuál es mi papel en esto, como otras que nos permitan entender a todos los agentes que intervienen en la historia.

Sandra Romero. Sí, efectivamente. Es como tirar de esa punta del hilo que todos vemos. En la serie hemos tirado de ella y el espectador puede encontrarse con toda esa parte que antes estaba cubierta y a la que realmente es muy difícil acceder. Incluso para los propios hombres que consumen prostitución en sitios donde hay trata de mujeres, de seres humanos.

Gente más ajena, gente que solo pasa por la carretera, personas como nosotras, gente informada o que no lo está: siento que es una serie muy accesible para entender todo este sistema. Y, como dice Elena, también genera preguntas porque apela al espectador y le deja un espacio para pensar y hacerse las suyas. Podrían ser iguales a las nuestras o podrían ser otras, pero siento que los va a mover, que es lo importante.

  • Sandra Romero, durante el rodaje. -

Pregunta. Elena, corrígeme si me equivoco: creo que fuiste tú quien propuso que, en una de las escenas de prostitución y sexo, en lugar de enfocar a la mujer, miráramos al cliente. ¿Qué buscabas con ese cambio? ¿Creéis que los clientes son conscientes de esa situación y les da igual, o que la ignoran?

E. M. G. La decisión de quedarnos con la cámara en él vino de varias cosas. Primero, de una preocupación personal: he reflexionado mucho sobre cómo rodar la violencia contra las mujeres. En este caso era una escena violenta porque Claudia no quiere subir con ese cliente y el proxeneta la obliga. Venía de esa preocupación por no generar de nuevo imágenes retraumatizantes.

También de mi propia curiosidad y de una motivación como directora: rodar las cosas de otra forma, ponerte el reto de cómo resolverlo de otra manera, de cómo puede ser más estimulante. Y de una pregunta común que habíamos comentado mucho entre nosotras: esa incógnita que planteas sobre qué le pasa por la cabeza a él. ¿Realmente es tan difícil distinguir a una mujer que quiere de una que no? ¿Estás escuchando a la otra persona? ¿La estás viendo? ¿Qué estás sintiendo en ese momento? ¿Cómo has llegado hasta ahí? ¿Qué estás buscando? ¿Estás conectado con tu placer, con tu poder? ¿Estás disociado tú también? Todas esas preguntas.

Eso se materializó en no querer enseñarla a ella, en no querer volver a poner la cámara sobre ella, en no tener una imagen de una mujer tumbada en una cama mirando al infinito. Poder evitar ese momento y, a la vez, entrar en lo que el guion ya proponía en el fondo: analizar ese sistema, analizarlos a ellos. Me pareció muy coherente y a Isa y Edu les gustó la propuesta. Fue muy guay porque ya había un concepto del que partir y que podía contagiarse a otras escenas de la serie, aunque no se rodaran de esa forma.

Lo hablamos mucho con Sandra: cómo individualizar a las mujeres, cuándo sí rodarlas, cuándo poner la cámara en ellas. Cuando queremos que tengan una opinión, queremos su punto de vista, queremos individualizarlas. Sandra también lo trabajó mucho en las escenas de los clubes, al inicio.

S. R. Para nosotras era importante cómo darles a todas las actrices, incluidas las mujeres de figuración que forman parte de la serie, lo mínimo: su plano. Es algo que en la ficción muchas veces se ha desplazado hacia primeros planos mucho más violentos. Estas mujeres tienen una cara, una voz y una personalidad, y eso para nosotras era súper importante.

Incluso en las escenas grupales de las que hablábamos dedicábamos tiempo a llevarnos a montaje todos esos planos de las mujeres. En ese sentido, hay escenas contadas a través de ellas, con la voz, por ejemplo, del proxeneta cuando les presenta el nuevo sistema, la nueva moneda.

Y sobre eso tan interesante que decías de qué está pensando él: nos han hecho esta pregunta y eso te da tiempo para pensar sobre ella. Creo que lo que puede preguntarse un espectador es exactamente eso: ¿qué está pensando?, ¿qué tiene en la cabeza? Nosotras no damos respuestas porque creo que es imposible darlas. Lo único que puede preguntarse un espectador es lo mismo que nosotras: ¿qué está pensando una persona que está delante de una mujer atrapada en un sistema de trata? ¿Qué lee de la otra persona? ¿Lee esa puesta en escena, esa interpretación? ¿Qué lee?

 

 

 

Pregunta. Elena, en Creatura hablaste del deseo femenino, pero os pregunto a las dos: creo que es importante que seáis dos mujeres quienes dirijáis esta serie. ¿Cómo habéis afrontado una historia en la que el deseo femenino queda anulado? ¿Os ha afectado personalmente? ¿Os ha producido rabia, coraje? ¿Qué sentimientos y emociones os ha generado?

E. M. G. A nivel temático, para mí la serie no tiene nada que ver con Creatura. Con esa película hice un aprendizaje y me planteé preguntas sobre cómo rodar ciertas cosas, cómo rodar el cuerpo femenino. Siempre digo que también me ha ayudado mucho mi trabajo como actriz con Irene Moray, que me enseñó de qué forma plantearme estas preguntas.

Pero en El castillo hay algo muy interesante: el foco no está en el deseo de ellas. No hay una interrogación hacia ellas sobre por qué están haciendo esto, por qué se dedican a esto y no a otra cosa, cuán libres son o no. Esa pregunta no recae sobre ellas porque cada una tiene sus circunstancias.

Lo importante, y donde se pone el foco, es cómo funciona un sistema de explotación dentro de un sistema capitalista. Un sistema que se aprovecha de alguien que, en algunas ocasiones, decide dedicarse a la prostitución y en otras no, para llegar a este país, mandar dinero a su familia… Les ofrece unas condiciones que luego no cumple. Ese es el sistema del que estamos hablando. Ese es el foco principal, y no el deseo de ellas, porque en este contexto centrarnos en el deseo de ellas sería tramposo. No es el foco.

S. R. Efectivamente. Y sobre que seamos mujeres: evidentemente tenemos unas vivencias que probablemente hacen que, cuando nosotras vemos una película y cuando la ve un hombre, haya diferencias. Hay cosas sobre los personajes femeninos en el cine que me han tocado porque sé muy bien en qué escala social estamos todas. Joder, al final estamos todo el rato intentando tener nuestro lugar. A lo largo de la historia, todos sabemos ya lo que hay.

Creo que es justo que seamos mujeres, sí, pero mujeres que nos hagamos preguntas, porque todas estamos educadas en el mismo sistema. La diferencia es hasta qué punto te preguntas a ti misma cómo filmar algo, cómo hacerlo, cómo hacerlo distinto. Eso es fundamental, más allá de que seamos mujeres.

E. M. G. Totalmente.

S. R. Eso es fundamental: toda la conversación que tuvimos Elena, Isa, Edu y yo alrededor de este proyecto.

E. M. G. Sí, porque has nombrado a Edu, por ejemplo, y hemos estado totalmente alineadas con él todo el rato. Podríamos ser mujeres y no plantearnos preguntas, y sería muy grave igualmente.

S. R. Efectivamente, sería muy grave igualmente. No más ni menos, porque tampoco podemos poner toda la responsabilidad en las mujeres, pero desde luego sería grave igual.

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo