El nuevo rostro del cine español es de Benimaclet: María Schwinning

Cine

De las clases de teatro en la sala Off, la Escuela del Actor y el Micalet y de danza en Alboraia ha pasado a protagonizar el cuento oscuro de Bàrbara Farré Mala béstia, la última película de Juanma Bajo Ulloa, El mal, y una comedia familiar en Disney +, Olivia

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VALÈNCIA. A Juanma Bajo Ulloa y a Bàrbara Farré les une una fascinación compartida por el mal y por una actriz valenciana, María Schwinning. Ambos sudaron tinta hasta dar con la intérprete que daría vida al personaje adolescente de sus respectivas películas, El mal y Mala bèstia. Esta joven de Benimaclet de 18 años, hija de padre alemán, fue su bálsamo.

En el último largometraje del responsable de Alas de mariposa (1991), La madre muerta (1993) y Airbag (1997), disponible en Prime, la debutante da vida a una chica desubicada que sufre una dolencia congénita hereditaria, pero cuya mayor angustia no es tanto la enfermedad como la relación con su madre, la periodista protagonista de la historia. Lo único que le da paz es tocar el handpan, un instrumento de sonido celestial que aprendió para el rol.

En el caso de Mala bèstia, estrenada este viernes, asume el papel protagonista, el de una niña que vive en un orfanato y cuando es acogida por una familia, el miedo a ser excluida por el embarazo de su recién estrena madre la lleva a cometer un acto inimaginable.

Como a su personaje, llamado Atenea, el nombre es algo que le pesa. En el caso de la ficción, por ser el de la diosa griega de la sabiduría, cuando se trata de una cría que todavía se enfrenta con confusión y temor a la vida. En el suyo propio, porque durante las entrevistas esta pasada semana en el Atlàntida Mallorca Film Fest, donde la cinta se alzó con el Premio Dama Agustí Villaronga a la mejor película nacional, tuvo que pronunciar su apellido una y otra vez para que la prensa no lo hiciéramos a la inglesa, sino con corrección germana. 

“A Atenea, con la elección de ese nombre, se le ha otorgado una identidad tan fuerte que no se encuentra, pero en el camino se apodera de él y termina sintiéndose orgullosa. Esta circunstancia me ha permitido explorar todas sus contradicciones, todos sus niveles de emoción y de incertidumbre, para finalmente, sentirse bien consigo misma”, valora Schwinning.

La ópera prima de la hasta ahora directora de cortos, de la serie Selftape (Filmin) y de videoclips para Rosalía (F*cking Money Man), Najwa Nimri (Muñequita linda) y Amaia (El relámpago), plantea un cuento oscuro y turbio sobre el despertar adolescente con su bosque, sus lobos y una Caperucita menstruante, con cara de porcelana y diastema.

Cuentos tradicionales para moldear a las mujeres

“Los cuentos sirven para canalizar emociones compartidas, cosas que igual no hablas porque resultan difíciles de sacar o porque al ser más pequeñas, no pueden ocupar tanto espacio entre las personas”, considera su protagonista del debut de Bàrbara Farré, que valora la existencia de relatos tradicionales como los recogidos por los hermanos Grimm, porque su transmisión “es una manera de conectar con otras generaciones”.

María se identifica mucho con Atenea en su rumiar introspectivo sobre su condición de mujer: “La película no se centra específicamente en la presión que sufrimos, pero como mujer sientes mucho el apremio para encajar en unos estándares, para ser de una cierta manera. Y en ese sentido, los cuentos también son una manera de transmitir e imponer normas de manera grupal”.

Asegura que convertirse en la protagonista de Mala bèstia la ha ayudado a aceptarse a sí misma. De hecho, espera que la película ayude a que las adolescentes se sientan menos solas en el trance de madurar: “La menstruación, por ejemplo, se presenta en la película como una condena y un castigo, hasta que se revela que realmente no lo es, sino que se nos ha impuesto de esta manera”.

La trama se divide en dos partes claramente diferenciadas: la del centro de menores, donde la única interacción de Atenea es con adolescentes de su edad y niñas pequeñas; y su etapa tras la adopción, en compañía de sus padres, a los que dan vida Iría del Río y Roger Casamajor. 

“Todo es tan curioso que puede generar dudas, pero de repente, tiene sentido. El conjunto busca dar a entender el proceso por el que el personaje está pasando. La trama cambia de escenario; ella cambia de situación, pero sigue viviendo su vida, así que de la misma manera que para ella es orgánico lo que experimenta en la película, para mí también lo era interpretarla”, aclara la valenciana.

María se formó como actriz en la Escuela de Teatro de Alboraia y en la Escuela del Actor, el Micalet y la Escuela Off en València, y como bailarina clásica en la Escuela de Danza de Alboraia. Cuando encarna un papel no distingue de cuál de sus herramientas formativas se está sirviendo. 

“La interpretación es un todo integrado por lo físico y por la voz, pero a lo largo de los años he adquirido cierta conciencia de mi cuerpo y de la energía, incluso de las cosas que no se ven. En ese sentido, el ballet me ha ayudado a transmitir de otra manera. No obstante, no hice a Atenea pensando en moverme de una determinada manera, sencillamente es algo que me sale”, se explaya acerca de su método actoral.

Presentarse a una audición desde el salón de casa de sus padres

Durante su puesta de largo con el estreno de El mal, declaraba no tener intención de moverse de Valencia, porque consideraba innecesario vivir en la capital de España para hacer carrera. Hoy día se reitera: “Estoy muy bien en mi ciudad, en mi casa, con mi familia, y no creo que sea necesario irte. Es verdad que es un poco rollo, porque todos los castings son en Madrid y Barcelona, pero te coges un tren y lo haces”.

Aunque lleva un tiempo pensando en buscar un rincón profesional en casa para grabar sus selftape para las primeras fases de las audiciones, por ahora recurre al salón de casa, porque es de color beige, a la habitación de sus padres o a la suya propia, previo aviso a su clan de que necesita silencio. 

A las dos películas de autor estrenadas, el mes de julio se sumó la serie comercial en Disney + Olivia, una comedia dramática que protagoniza junto a Pablo Chiapella y Nancho Novo. Schwinning ha vivido este año como “un escalonazo muy grande”. Como Atenea, ha tenido que crecer muy rápido, porque el audiovisual es una industria que exige tiempo de dedicación alejada de su entorno y de sus hábitos de estudio.

“No me esperaba empezar a trabajar ya -reconoce-. De repente cumples 18 años, estás rodeada de gente adulta y parece que todo tiene que ir muy rápido. A veces me sobrepasa un poco, pero intento hacer las cosas a mi ritmo, no aceptar nada que no sea necesario o que no me apetezca. Me dedico a esto por disfrute, por placer, así que intento restarle expectativas”.

Como referentes no nombra a ninguna actriz, porque le causa rechazo elegir de entre tantas, pero principalmente, porque sus faros y guías son las mujeres de su familia: “Lo que me gusta de las mujeres que me han criado es que han sido fuertes y están bien consigo mismas. Cuando te das cuenta de que tu madre o tu abuela son personas más allá de su papel en mi cuidado, que tienen una historia, lo que me nace es decirles: ‘Te quiero tanto…, pero además te admiro”.

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Bellas Artes, Filosofía y Audiovisuales en el banquillo

Como plan B, recién acabado el bachillerato, contempla estudiar Bellas Artes, porque le gusta crear, pero también le atraen la filosofía e investigar el mundo audiovisual. El apoyo de su familia ha sido crucial: “No siento la presión de tener que tomar un camino y trabajar ya, lo que es un privilegio muy grande, porque puedo darme un espacio de duda para ir probando un poco y confiar en que algo saldrá y podre salir adelante como actriz”.

Aunque es plurilingüe, pues hablar de manera nativa castellano, valenciano y alemán, como bilingüe, inglés, y con un nivel alto, francés, no contempla dedicarse a la traducción. Agradece, sin embargo, la influencia que han tenido los idiomas en la persona que es: “Esa multiculturalidad me permite pensar de diferentes maneras, porque el lenguaje marca y limita bastante el camino de nuestras ideas”.

La atención repentina, con periodistas augurando la nominación al Goya a mejor actriz revelación, no le abruma ni la desconecta de su realidad. “Me da miedo que me pueda pasar, pero mis valores, mi familia y mis amigos me anclan. Aun así, no estoy en la cima del mundo, de hecho no tengo ningún proyecto a la vista. Se me hace extraño cuando soy el foco de atención y la gente me dice cosas bonitas, porque soy una persona normal, que hace esto con mucho amor”.

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