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¿Y TÚ QUÉ MIRAS?

Déjense atrapar por tres películas sorprendentes

  • Un poeta
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VALÈNCIA. Coinciden en la cartelera tres obras con mucha personalidad, arriesgadas y muy diferentes entre sí, de esas que discurren por caminos inesperados que nos sorprenden y atrapan. El tipo de cine que aquí nunca nos cansaremos de recomendar. 

Un poeta 

De Colombia llega Un poeta, dirigida por Simón Mesa Soto, una película realmente inclasificable e inesperada, no sólo por lo raro que es ver cine colombiano por estos lares, sino por el argumento, el tono, la estética y el tema. Es, efectivamente, la historia de un poeta, el poeta más lamentable y patético que podamos imaginar, además del protagonista más insospechado, y le sirve al director para hacer un retrato implacable de la hipocresía del mundo cultural cuando se enfrenta a determinadas realidades. La película empieza como una comedia negra y grotesca, pero, sin dejar de serlo en ningún momento, se va haciendo trágica y desesperada, al derivar hacia algunas cuestiones de clase social bastantes descarnadas. Sin embargo, no pensemos por ello que estamos ante la típica película costumbrista o en el territorio de la pornomiseria  frecuentada por cierto tipo de cine latinoamericano. No, todo lo contrario. Un poeta escapa de todos esos clichés y, de hecho, hay una mirada crítica hacia esa forma de retratar la desigualdad, al mismo tiempo que plantea qué es la poesía y dónde encontrarla hoy en medio del caos. En el aspecto formal, todo, incluido su protagonista, es rugoso, áspero y feísta y, por ello, está rodada en súper 16mm, manteniendo la suciedad del encuadre, el grano grueso, hasta el polvo que se acumula en el borde de la imagen. Un film asombroso, que nos sorprende a cada paso, fruto de un valiosísimo y profundo ejercicio de libertad creativa.

  • Un poeta -

Espejos nº 3

Uno de los grandes creadores del cine actual, el alemán Christian Petzold, estrena su película más reciente, de título misterioso, Espejos nº 3. Es la historia de una mujer que, tras un accidente, no quiere, o no sabe cómo, volver a su vida anterior y decide quedarse a vivir con una desconocida. Si conocen parte de la obra anterior del autor reconocerán algunos de sus temas favoritos, como los juegos de identidad, la convivencia entre extraños, la fragilidad de las relaciones o las consecuencias imprevisibles de algún tipo de trauma. Y también esa extraordinaria capacidad de su trabajo de puesta en escena, aparentemente convencional y poco dado a filigranas, para crear, en ambientes cotidianos, atmósferas enrarecidas entre los personajes e inquietantes sensaciones de amenaza, de vigilancia, de peligro, aunque todo esté rodado a plena luz, en interiores bien iluminados o en agradables espacios naturales. Es ese extrañamiento creciente que sentimos ante lo que estamos viendo y la inquietud que, poco a poco, nos va invadiendo. Una inquietud que tiene que ver con que, aun con la extrañeza, reconocemos algo nuestro muy profundo en lo que los personajes hacen, dicen o callan. Otro precioso ejemplo del cine sencillo en apariencia de Petzold, pero de una indudable complejidad psicológica.  

  • Espejos nº3 -

El sonido de la caída

También de Alemania llega el otro estreno que quería destacar, la magnífica El sonido de la caída, segundo largometraje de Mascha Schilinski. Los lugares tienen memoria y quienes nos precedieron en ellos dejaron huellas que, de un modo u otro, llegan a nosotros. Sobre esta idea ha construido la directora su film, que funciona con la lógica del recuerdo. Y dado que la memoria no es unidireccional y ni siquiera racional, seguimos de un modo no lineal y a veces casi antinarrativo a Alma, Erika, Angelika y Lenka, cuatro niñas que vivieron en el mismo lugar de Alemania, en distintos tiempos a lo largo de aproximadamente un siglo, desde la I Guerra Mundial hasta hoy. La curiosidad infantil cuando todo es un enigma, el descubrimiento del mundo incluyendo la violencia o el dolor, el nacimiento del deseo sexual, el sentir miedo o placer, no solo unen a estas muchachas sino que entrelazan las distintas secuencias, vinculadas por el tono emocional o por efectos sensoriales y no por la tiranía de la relación causa-efecto o la lógica narrativa. Marcas temporales como ‘antes’ y ‘después’ pierden su razón de ser, aunque identifiquemos cada época a la que nos lleven las imágenes, hasta el punto de que, en ocasiones, tenemos la sensación de que todo ocurre a la vez, anulando la distancia temporal. Percibimos sus vidas como un flujo continuo, que va de atrás a adelante y de adelante a atrás indistintamente. La elección de la simultaneidad, que abole el tiempo, permite reflejar otro aspecto que las une, el patriarcado, la violencia contra las mujeres, ejercida de muchas formas. Es una concepción narrativa compleja y radical, servida por una puesta en escena fascinante, llena de cambios de textura, sonidos amenazantes, voces extrañas, reencuadres que encierran a las protagonistas o puntos de vista que quizá debamos atribuir a fantasmas. Schilinski nos ofrece una película poderosa, ambiciosa y original, cuyo visionado nos pide cierta exigencia que aceptamos con sumo gusto, atrapadas como estamos en su belleza. 

  • El sonido de la caída -

 

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