Música y ópera

De las 'free parties' al descanso colectivo: nuevas miradas para una fiesta más habitable

Mientras Quique Gandia reivindica la dimensión comunitaria de las raves, el colectivo valenciano Sot a Terra reflexiona sobre las dinámicas de género en estos espacios. Por su parte, María Márquez se pregunta si también es posible celebrar el descanso en medio de tanta verbena

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VALÈNCIA. “No queremos demonizar los espacios de fiesta, queremos hacerlos más amigables, sentirnos bien en ellos”. La reflexión de Andrea Ruiz, integrante del colectivo feminista Sot a Terra, resume una inquietud que atraviesa distintos proyectos culturales surgidos en los últimos años en torno a la fiesta. Más que cuestionar la celebración en sí, estas iniciativas ponen el foco en cómo nos relacionamos dentro de ella, quién participa y qué modelos de ocio estamos construyendo.

Mientras el diseñador valenciano Quique Gandia reivindica en el libro Free Party Is Not A Crime la cultura rave como una alternativa a las formas comerciales de la fiesta, el colectivo Sot a Terra reflexiona en el documental Sin miedo a los cables sobre las dinámicas de género que atraviesan estos entornos. La pieza será proyectada el próximo miércoles 10 de junio, a las 18:00 horas, en la librería La Repartidora. Por su parte, el proyecto Tumbada en la pista de baile, impulsado por María Márquez dentro del ‘Descanslab’ de Vilafranca, se pregunta si también es posible imaginar celebraciones ligadas a la pausa y al descanso.

Lejos de cuestionar la necesidad de encontrarse y compartir espacios, las tres propuestas comparten así una misma inquietud: revisar cómo habitamos la fiesta. Hablan de comunidad, de autogestión y de participación, pero también de contradicciones, cansancio y nuevas formas de entender el ocio.

Otra mirada sobre las free parties

La idea de montar un libro sobre la cultura rave y las free parties le vino a Quique Gandia hace varios años, cuando una amiga le llevó a su primera rave. El valenciano sintió que entraba “en otro mundo”, donde la autenticidad y el sentimiento de comunidad se hizo pronto notar, pero también donde no terminaba de entender qué sucedía allí ni cuál era la necesidad, en realidad, de organizar una fiesta al margen de los circuitos convencionales. “Quien vaya a una free party de primeras encontrará incomprensión”. Sobre todo, porque, como sostiene Gandia, “la contracultura ha sufrido históricamente estigmatización y se le ha tachado de algo violento y desagradable”.

En cambio, el joven topó con unas fiestas donde existe una voluntad clara de preservar el espacio y crear comunidad. “La mayoría de fiestas, festivales y discotecas están muy basadas en el consumismo. Todo está lleno de marcas y eso condiciona la experiencia. Es importante encontrar formas de ocio donde la base no esté en el consumo, sino en la libertad individual y colectiva”. En las free parties, añade, la responsabilidad se distribuye y se asume de manera individual, desde el cuidado del entorno hasta el propio funcionamiento de la fiesta. “Esto permite tener más autocrítica para tratar que el espacio mejore”, apunta.

Nacido como un proyecto de máster, Free Party Is Not A Crime busca ofrecer así una visión desde dentro de un fenómeno que, en muchas ocasiones, se ha explicado desde fuera. Para ello, Gandia se apoyó en años de investigación, experiencias personales y testimonios de otros participantes de la escena. “Muchas veces se presenta la free party como algo marginal, pero se deja de lado toda la dimensión social, política y comunitaria que hay detrás”, señala. Según explica, alrededor de estas fiestas suelen surgir pequeños colectivos que asumen distintas tareas de manera voluntaria, desde puntos de cuidados, puntos violeta o iniciativas vinculadas al consumo de sustancias hasta proyectos de divulgación de la propia escena.

En efecto, su proyecto no terminó con la publicación del libro. Hoy continúa a través de La Bibliotek, una suerte de biblioteca itinerante que aparece en free parties y encuentros de la escena con libros, fanzines y publicaciones dedicadas a la cultura rave. La iniciativa surgió al detectar una necesidad de compartir conocimientos sobre unas fiestas a las que cada vez llega más gente atraída por la música, pero sin demasiado contexto sobre la historia o los valores que las rodean.

Ahora bien, Gandia reconoce que estas experiencias tampoco están al margen de las dinámicas sociales que pretenden cuestionar. “No estamos fuera del sistema”, reconoce. Aunque destaca la voluntad de crear comunidad, fomentar la autorregulación o construir espacios menos dependientes de las lógicas comerciales, también señala que las free parties siguen reproduciendo, en ocasiones, dinámicas patriarcales o capitalistas presentes en el resto de la sociedad. “No es el cielo, pero sí existe una voluntad de cambiar las cosas”, resume.

Hacer la fiesta más habitable

Precisamente sobre esas contradicciones pone el foco el colectivo feminista Sot a Terra. El proyecto surgió hace ocho años en una conversación entre amigas al detectar una ausencia de mujeres en las cabinas de música, pero también ante la división de participantes hombres y mujeres dentro de una escena donde los roles de género tradicionales seguían muy marcados. “Parecía que la free party representaba un movimiento de libertad, pero no existía una coherencia del todo real entre lo que decían ser y lo que eran”, explica Andrea Ruiz.

A través del documental Sin miedo a los cables, el colectivo ha querido poner el foco en unas experiencias que históricamente han sido poco estudiadas y escasamente visibilizadas dentro de la cultura festiva. La pieza recoge los relatos de DJs, productoras musicales, tatuadoras, artesanas y otras participantes vinculadas a la escena free party con el objetivo de ampliar la mirada sobre quiénes forman parte de estos espacios y de qué maneras lo hacen y, al mismo tiempo, contribuir a construir espacios de ocio más habitables.

“Nos impactaba la diferencia de estatus que existía dentro de las fiestas. Durante mucho tiempo estuvo muy marcado quién era la persona que pinchaba, habitualmente hombres, y quién ocupaba otros lugares”, explica Ruiz. Aunque reconoce que la presencia de mujeres y otras identidades en las cabinas ha aumentado en los últimos años, para el colectivo era igual de importante dar voz a otras participantes de la escena. “No solo a quien está pinchando, sino también a una dealer, a una artesana o a una usuaria que asiste simplemente para disfrutar bailando. Queríamos alejarnos de los perfiles con más prestigio y mostrar la diversidad de experiencias que existen dentro de estos espacios”.

  • Proyección de Sin miedo a los cables en Konvent (Berga), en septiembre de 2024

Esa voluntad de ampliar el foco fue también la que llevó al colectivo a interesarse por aspectos apenas explorados dentro de la investigación sobre la cultura rave y las free parties. Sot a Terra comenzó a poner sobre la mesa cuestiones como la sexualidad, el ciclo menstrual, la maternidad o la relación entre el consumo de sustancias y determinadas experiencias corporales. Como explica la valenciana, “quizá una mujer quiera ser madre e ir de fiesta”, pero no encuentre espacios donde esa experiencia se tenga en cuenta. Tampoco existen apenas investigaciones sobre cómo el ciclo menstrual puede influir en experiencias relacionadas con el ocio o el consumo de sustancias.  “Hay muchas áreas que vertebran la experiencia de la fiesta y que nunca se habían analizado desde una perspectiva de género”.

Muchas de estas preguntas no habrían sido posibles hace unos años. Andrea Ruiz considera que el feminismo ha sido uno de los principales motores de la revisión que están viviendo los espacios festivos y de ocio. “Al final del documental agradecemos expresamente al feminismo y a otras formas de pensamiento que han ido introduciéndose en estos espacios y que han permitido abrir reflexiones que antes no existían”, explica.

Una reflexión que, en el caso del colectivo, sigue abierta. Sot a Terra continúa desarrollando nuevas investigaciones y trabaja actualmente en una guía o publicación centrada en las violencias sexuales dentro de los espacios festivos. El proyecto, todavía en proceso, parte de una encuesta que reunió cerca de 800 respuestas y busca seguir generando conocimiento desde la experiencia de quienes habitan estos entornos.

“No queremos demonizar estos espacios. Son necesarios y ofrecen alternativas a la mercantilización de la fiesta. Lo que queremos es hacerlos más amigables”, resume Ruiz. Hablar de espacios completamente seguros, añade, es complicado, pero sí cree posible construir espacios cada vez más habitables.

El descanso también puede celebrarse

Con todo, la revisión de los espacios festivos no pasa únicamente por preguntarse quién participa en ellos o cómo se habitan. También puede cuestionar qué entendemos por fiesta y por qué, si estamos cansadas, no generamos también celebraciones colectivas del descanso. Esa es la pregunta que atraviesa Tumbada en la pista de baile, uno de los proyectos impulsados dentro de ‘DescansLab’, el laboratorio ciudadano que del 9 al 12 de julio se desarrollará en Vilafranca.

Su impulsora, María Márquez, parte de una constatación sencilla: las fiestas de cualquier pueblo incluyen muchas actividades y momentos de encuentro, pero es la verbena la que suele ocupar el centro de la celebración. “Las fiestas vienen por un motivo concreto, ya sea religioso, histórico o vinculado a la identidad de un lugar. Sin embargo, parece que muchas veces toda la atención acaba puesta en la verbena, la música o el alcohol”, reflexiona. A partir de ahí, la creadora se pregunta qué otros espacios, prácticas o formas de celebración podrían tener cabida dentro de la fiesta.

A través de una investigación centrada en las celebraciones populares, Márquez quiere observar cómo han cambiado las formas de festejar con el paso del tiempo. Una de las cuestiones que más le interesa explorar es el cansancio que atraviesa tanto la organización como el consumo de estos eventos. “Cada vez parece que exigimos más cosas a las fiestas y hay mucha gente implicada en que salgan adelante. A veces llegamos a la propia celebración ya agotadas”, apunta.

La creadora quiere poner el foco precisamente en esos procesos previos que suelen quedar fuera de la imagen festiva. Desde cómo se organizan las actividades hasta qué expectativas depositamos sobre ellas o qué espacios de descanso podrían existir dentro de la programación. “La verbena tiene que estar y entiendo que es importante, pero quizá también podemos preguntarnos qué otras cosas buscamos cuando celebramos”, plantea.

En esa revisión también aparecen colectivos que a menudo quedan en los márgenes de la fiesta. Márquez menciona el caso de los adolescentes, para quienes muchas veces apenas existen propuestas específicas, pero también el de las personas mayores, que pueden tener otras formas de participar en la celebración alejadas del ritmo que marcan las verbenas o los conciertos.

En el fondo, la pregunta que atraviesa el proyecto es sencilla: si asociamos la fiesta al movimiento constante, la actividad o la intensidad, ¿por qué cuesta tanto imaginar celebraciones ligadas a la tranquilidad o a la pausa? “Son momentos de tiempo libre en los que, en teoría, podemos decidir qué hacer. Si estamos agotadas, ¿por qué no pensar también en formas colectivas de descanso?”, se pregunta Márquez. En su visita a Vilafranca, propondrá crear una dinámica colectiva en la que los vecinos puedan preguntarse si las fiestas responden realmente a lo que buscan o si echan en falta otras formas de encuentro, participación o descanso.

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