Cine

'A Night at the Garden': imágenes de archivo de un mitin nazi en Nueva York en 1939 con 20.000 asistentes

Un cortometraje dio la bienvenida al gobierno a Trump en 2017 recordando el fervor que también desató el nazismo en EE.UU antes de que el país entrara en guerra.

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VALÈNCIA. Decía un equisero esta semana que con Trump cada acusación acaba en una confesión. Se refería a las palabras de Steve Bannon cuando anunciaba que los agentes del ICE rodearán los colegios electorales para impedir que les vuelvan a “robar” unas elecciones. Puede que solo sea un globo sonda o puede que el empleo de escuadristas en lugares escogidos les sirva para manipular las elecciones. 

Es un lugar común que los académicos estadounidenses y algunos de sus corresponsales, no exentos de prepotencia, tenían gusto por titular o subtitular sus trabajos con el socorrido “The fail of democracy in…”. Muchos obrarían de buena fe, pero nunca faltaban visiones con prestancia de la situación en otros países, mientras en el suyo la dinerocracia estaba sembrando de larvas el sistema y hoy nos encontramos con que su democracia está parpadeando. 

A Hitler le bastaron nueve semanas para neutralizar el estado de derecho desde que accedió al poder. Hoy en Estados Unidos se plantea la duda de si la imposición de una autocracia desencadenará una guerra civil o habrá protestas estériles que, con impotencia, se irán tragando todo el programa de la ultraderecha para dejarles sin derechos. 

Sería gracioso si no fuera porque nuestros derechos han tenido una estrecha relación con su paraguas de seguridad. Si alguien piensa que la UE no se va a convertir en un campo de batalla si desaparece la democracia en Estados Unidos, que dios le guarde muchos años. Solo eres consciente de lo frágil que es la fina capa de hielo que sostiene los derechos de (una pequeña parte de) la humanidad cuando se ha roto. 

Esta situación de incertidumbre y pánico al futuro la podemos ilustrar con un excelente documental que llegó a estar nominado al Oscar en 2017. A Night at the garden era un corto, quizá por eso no tuvo mucho predicamento, pero se estrenó cuando se iniciaba la presidencia de Trump y se interpretó como un aviso histórico. 

Está elaborado con material de archivo real sobre un mitin nazi celebrado el 20 de febrero de 1939 en el Madison Square Garden de Nueva York. El encuentro reunió a 20.000 estadounidenses en el mítico pabellón. En ese momento, los campos de concentración ya estaban funcionando en Alemania y quedaban seis meses para que se lanzasen a por Polonia en alianza con la URSS, quien, paradójicamente, seis años después se plantó en Berlín, pero no para liberarla. Media Europa siguió bajo su dictadura hasta 1989. Una prueba de que las libertades en las que hemos vivido hasta ahora, tan criticadas por sus imperfecciones, encima pueden ser fácilmente un volátil accidente de la Historia. 

Por su duración, hay pocos detalles en el corto que se puedan analizar, pero son significativos. Llama la atención la fusión de la iconografía estadounidense con la nacionalsocialista. Obviamente, los discursos son antisemitas, pero en sus formas guardan muchas similitudes con las líneas comunes que mantienen las ultraderechas actuales de todo el mundo. Siempre hablan de enemigos abstractos y omnipresentes que explican todos los problemas sin necesidad de analizarlos ni siquiera superficialmente. 

En mi vida he visto a mis coetáneos y compañeros de generación sumarse a modas políticas como si fuera el último estilo de música que lo está petando, a veces incluso perder la cabeza con movimientos que estaban dirigidos contra los derechos de todo el mundo. Era desagradable y preocupante, pero ver hoy cómo personas normales han pasado en cuestión de año y medio a repetir sin cesar que la inmigración es la causa de todos los problemas y el principal problema de España, es lo más escalofriante a lo que he asistido jamás.  

Se está repitiendo mucho que la gente venía racista de casa y se reprimía, pero que ahora que los políticos y los periodistas han puesto el listón tan bajo de la decencia y emiten juicios directamente criminales, pues lógicamente la población se siente libre para expresar también lo que tiene dentro. Pero yo no creo que esto sea así como norma. 

El racismo siempre ha existido, y en España “que-nunca-ha-sido-racista” su lluvia fina podía hacerse insoportable para el que tenía que sufrirlo desde la educación y las buenas maneras de su muy culta población, pero ahora hay otro fenómeno. Mi impresión es que tiene más que ver con la sensación de poder y con las ganas de causar dolor para disfrutarlo. Parece como una venganza contra el bully, pero sin bully, o siendo el bully la vida en general con todas sus adversidades, pero el que lo paga es el vulnerable que tiene más difícil defenderse. 

La imagen más potente del documental es cuando un espontáneo atraviesa las filas de guardaespaldas uniformados de Fritz Kuhn con la intención de echársele encima. Kuhn era un alemán, inmigrante en Estados Unidos, que había obtenido la ciudadanía solo dos años atrás y había fundado la Federación Germano Estadounidense, una organización financiada por el III Reich para influir en la política y la sociedad. 

El espontáneo es reducido por los guardaespaldas y por la policía, recibe golpes brutales a manos de decenas de personas y es sacado en volandas del lugar mientras los encargados de la seguridad, enfervorecidos, le arrancan la ropa a jirones. Esto lo hemos visto una y mil veces, pero Curry, el director, pone el zoom en los niños que hay detrás de Kuhn sujetando las banderas y la parafernalia. Están emocionados con la violencia, dando saltitos y riéndose. De todo el metraje, esto es lo que más se clava. 

Tres meses después, a Kuhn lo empapelaron por fraude fiscal y ya no salió de campos de concentración hasta 1949, deportado en Alemania. Quiso volver a Estados Unidos, pero no se le permitió. Cuando murió, en 1951, poco antes le preguntaron por qué apoyó a Hitler y contestó: “¿Quién iba a imaginar que terminaría así?”. Nosotros hemos crecido con la tranquilizadora idea de que estas cosas ya no iban a pasar, o no iban a pasar aquí y ¿quién iba a imaginar que íbamos a terminar así, como estamos hoy?

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