Luis Rueda, experto del Seprona: "Investigar un incendio es más complicado que un asesinato"

Comunitat Valenciana

  • El experto del Seprona de la Guardia Civil, Luis Rueda Ramírez.
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VALÈNCIA (Blanca Escribano/EFE) Determinar dónde y cómo comenzó un incendio forestal puede ser relativamente sencillo para los especialistas, pero demostrar quién lo causó es una de las partes más complejas porque "investigar un incendio forestal es casi más complicado que un asesinato", según explica a EFE el cabo primero del Seprona de la Comandancia de Valencia Luis Rueda Ramírez.

Rueda (1970, Albacete) lleva destinado en Valencia desde 1993 y acumula más de dieciséis años de experiencia en el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Benemérita, después de haber trabajado anteriormente en la policía judicial y como patrullero durante años en la zona de Chelva.

El mayor reto en la investigación de un incendio forestal intencionado, que puede durar varios meses e incluso un año, es averiguar la autoría, para lo que los investigadores deben obtener "el máximo de pruebas posibles".

"Tú tienes en mente el autor, pero lo difícil es plasmarlo en el atestado para que vaya para adelante, para que no se caiga todo en el juzgado", asegura el cabo primero en una entrevista con EFE.

Rueda reconoce que, a diferencia de lo que ocurre cuando se investigan los asesinatos, en el monte no hay huellas, ni ADN ni cámaras, y pocas veces hay testigos: "Nadie va a ver a alguien agachado con el mechero, y si dejas una vela encendida o una caja de cerillas, cuando llegas no encuentras nada. La combustión se lo carga todo".

Negligencias o accidentes

Rueda señala que, al contrario de lo que pueda parecer, "hay pocos pirómanos en realidad" y los tienen "más o menos identificados" y advierte de que hay que distinguir entre ellos y los incendiarios, "que provocan el fuego por una motivación determinada, como un encargo, venganza o para sacar algún beneficio o rendimiento económico".

Sin embargo, la mayoría de las causas vinculadas a la actividad humana se deben a negligencias o accidentes, como los que se producen durante trabajos agrícolas o de mantenimiento, debido al uso de maquinaria como cosechadoras, radiales o equipos de soldadura y a las quemas de restos de poda y de limpieza de parcelas.

"La vida ha cambiado y ahora hay mucho agricultor de fin de semana", apunta el cabo primero, personas que aprovechan esos días para realizar estas tareas, a veces "con prisa" por ajustarse a los horarios permitidos para las quemas, sin adoptar las medidas de seguridad necesarias y que tardan en avisar a los servicios de emergencia si pierden el control. "Hasta que no lo tienen muy mal, no llaman", lamenta.

El agente del Seprona recuerda haber visto a pequeños agricultores en la zona de Villar del Arzobispo (Valencia) acabando en el hospital tras haber intentado sofocar por sus propios medios un fuego que se les había ido de las manos.

"Además, a esa gente le preguntas: ¿por qué quemas esto? Y te dicen que porque se ha hecho toda la vida", cuenta Rueda, quien destaca también la "cultura del fuego" en Valencia y el resto del país.

El agua también complica

La investigación de un incendio comienza incluso antes de que los agentes del Seprona puedan acceder a la zona afectada ya que, cuando se recibe el aviso, son las primeras patrullas que llegan -las de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil- las encargadas de acotar la zona y advertir al personal de extinción que eviten alterar la zona de inicio.

"Si los bomberos echan mucha agua nos complica la labor de investigación, por la potencia y la cantidad que echa la manguera, que altera la zona de inicio", expresa Rueda, por lo que el Seprona no solo se enfrenta al inevitable borrado de las huellas por el fuego, sino también por el agua.

Una vez sofocado el incendio y garantizada la seguridad, los investigadores acotan la zona de inicio y comienzan con la inspección del terreno con el método de las evidencias físicas, basado en el estudio de los patrones que deja el fuego sobre la vegetación, los árboles y el terreno.

Por ejemplo, se analiza la piel de los árboles, donde el fuego genera una textura similar a "la piel de cocodrilo", el patrón protección-exposición, la presencia y distribución del hollín, la petrificación de las ramas y las hojas según la dirección que sigue el fuego y las posibles marcas que dejan los rayos, en caso de haber sido causa natural.

Sin embargo, cuando hay indicios de que el incendio ha sido intencionado, Rueda explica que se procede con la recogida de muestras del terreno para analizar si ha habido acelerantes, aunque insiste en que eso solo sirve para saber que "ha sido provocado y con qué", pero "otra cosa es determinar la autoría de la persona", todo un reto que se consigue con la experiencia del Seprona.

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