Entrevista

Comunitat Valenciana

Adrián Todolí: "La ley debería establecer un máximo de carga de trabajo, hay un vacío normativo"

Entrevista al catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València

  • Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València.
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VALÈNCIA. Adrián Todolí es catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València. El pasado febrero publicaba su nueva obra 'La huida del trabajo: sobrecarga de trabajo, salud mental y derechos fundamentales' (Aranzadi), un libro en el que analiza qué hay detrás del fuerte aumento de incapacidades temporales relacionadas con la salud mental y repasa los factores que llevan al síndrome del burnout a miles de trabajadores. 

Todolí atiende a este periódico en una entrevista en la que aborda las principales aristas del libro y remarca la existencia de un "vacío normativo" y una "incoherencia" en el sistema jurídico por el hecho de que se permita despedir un empleado cuando su rendimiento está por debajo de lo marcado por la norma, pero no establezca una carga laboral máxima. "Eso implica un desequilibrio en el contrato de trabajo y una incoherencia del sistema que debería remediarse", apunta el catedrático. 

P: El debate sobre las bajas laborales se está centrando en el supuesto absentismo o fraude detrás de muchas de ellas. ¿Se está desviando el foco para no abordar la forma en la que se trabaja?

R: Hay varias narrativas. Una de ellas pone el foco en que las incapacidades temporales, sobre todo las de salud mental, vienen por un fraude. Es decir, se acusa a las personas trabajadoras de simplemente coger una baja sin causa. Pero esto no está claro que sea fraudulento, porque no hay datos de fraude. Solo tenemos datos de incapacidades temporales, que deberían ser reales, porque hay un médico que las valida. 

Incluso en el caso de que lleguemos a decir que hay un fraude, no cabe duda de que algo está pasando en la empresa que está provocando que el trabajador no aguante por un problema de salud mental o por un problema organizativo que le expulsa de la misma. 

  • Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València. -

Por eso el título de la obra es la huida del trabajo, porque algo está provocando que no podamos resistir y que acabemos enfermos por salud mental o que no aguantemos el estrés y estamos recurriendo a la incapacidad temporal. El foco, en ambos casos, está en la organización de la empresa.

En su libro pone el foco en que la sobrecarga de trabajo se ha convertido en una tendencia al alza en los últimos años. ¿Qué motivos provocan este escenario?

Uno de ellos es la tecnología, que nos hace trabajar más rápido. Ya hay informes recientes que apuntan que la inteligencia artificial generativa nos está incrementando la carga y velocidad de trabajo porque cada vez nos piden más cosas. Además, automatizamos cosas más relajadas, por lo que sobre todo nos dedicamos a cuestiones que implican un alto valor cognitivo y que agotan más a nuestro cerebro. Esto también ocurre en trabajos físicos en los que la tecnología provoca que corramos más y hagamos un mayor número de tareas por hora de trabajo. 

Otra de las causas es la desregulación en materia de derecho laboral durante los últimos años, que ha provocado que el trabajador tenga menos posibilidades de protegerse frente a las instrucciones de trabajar más rápido. Las facilidades de despido que se han hecho en los últimos años, provocan que el trabajador, por miedo, tenga que trabajar más rápido aunque simplemente sea para aparentar mayor productividad. 

¿Qué lleva a las empresas a optar por que los trabajadores asuman una mayor intensidad, aunque repercuta sobre la calidad del producto o servicio que prestan?

En ocasiones, se valora mucho más el corto plazo que el largo plazo. Y la falta de calidad suele verse sobre todo en el futuro. A veces las empresas, por la facilidad de medir la cantidad, ponen el foco en que se produzca mucho pero no de calidad. Lo que acaba provocando es que, a largo plazo, esas empresas puedan sufrir problemas de productividad, competitividad, o incluso cierren por haber priorizado esa sobrecarga y no la calidad, que es lo que el mercado va a valorar.

Hemos visto en los últimos años un crecimiento importante de las bajas por salud mental. ¿Cómo repercute el aumento de la intensidad laboral en la salud de las personas?

La intensidad laboral es el riesgo laboral más prevalente. Estudios realizados por la Unión Europea en esta materia establecen que más de la mitad de los trabajadores consideran que tienen que trabajar de forma muy intensa. Hay muchísimos estudios de psicología del trabajo y de medicina que relacionan la sobrecarga con problemas de salud mental y de miocardio. Por tanto, la intensidad del trabajo no solo se relaciona con la salud mental, sino también con la física. 

  • Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València. -

En la salud mental está claro que el estrés provoca ansiedad, depresión y burnout. Pero el estrés también causa una reducción de las defensas, incrementa las posibilidades de ataque al corazón, problemas estomacales o insomnio. A su vez, esto agrava otros problemas de salud, porque la falta de descanso acaba provocando otras dolencias físicas y mentales. Además, trabajar más rápido también puede provocar mayor número de accidentes laborales. La sobrecarga de trabajo se relaciona con todo el abanico de accidentes de trabajo, no solo con problemas de salud mental. 

Incluso problemas para conciliar. En el libro narras casos extremos de trabajadores que necesitan dormir en su coche antes de regresar a casa después del trabajo. No es solo una cuestión horaria, sino también estar suficientemente descansados del trabajo para que la conciliación sea efectiva.

Se está haciendo mucho por la conciliación, pero hasta ahora se ha visto como si simplemente faltasen horas. Por eso se ha venido recurriendo a la reducción de jornada como forma de conciliar. Pero hay una línea que viene de Estados Unidos y que traigo en el libro, que es que a veces el problema no es el número de horas de trabajo, sino la carga. Acabas tan cansado que cuando llegas a casa no puedes cocinar por falta de energía.

Incluso mucha gente deja de tener aficiones porque no tiene fuerza física o mental para desarrollar sus hobbies. Esa gente acaba muchas veces simplemente poniendo lo que sale en la tele porque solo tiene energía. Por todo ello creo que es muy importante que todos los actores que están preocupados por el tema de la conciliación no piensen solo en la reducción de jornada. Deben tener también en cuenta el hecho de no hacer más en menos horas, porque la persona acabará igualmente sin poder disfrutar de su tiempo libre.

De hecho, en la obra plantea que la reducción de jornada puede llegar a ser un mecanismo insuficiente... 

En Francia y Corea del Sur se ha reducido la jornada en las últimas décadas, sin que eso haya implicado un aumento de la felicidad de los trabajadores. Teóricamente, cuánto más cobre un empleado trabajando menos debería ser más feliz. Pero los estudios empiezan a decir que las empresas, gracias a la tecnología, logran que el trabajador haga el mismo trabajo en menos horas. Eso supone más estrés y sobrecarga porque los empleados tienen que hacer lo mismo en menos tiempo. 

  • Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València. -

Una situación que provoca que los trabajadores, cuando terminan su jornada de trabajo, estén tan cansados que no hagan nada con sus horas libres. No digo que la reducción de jornada no pueda mejorar la felicidad de los trabajadores. Pero, probablemente eso solo no sea suficiente, por los ejemplos que hemos visto.

Cada vez hay más herramientas para medir la productividad de los trabajadores, pero estos sistemas también pueden ayudar a establecer límites. ¿Cómo pueden estos sistemas ayudar a limitar o evitar la sobrecarga?

Está el caso de Polonia, donde se establece que los hombres pueden realizar una energía máxima de 8.000 kilojulios diarios en un trabajo físico, y las mujeres 5.000 kilojulios. Eso significa que, si el empleado supera este límite, está poniendo en peligro su salud. Con la tecnología que hay actualmente es fácilmente medible a través de un reloj digital. Ahora mismo es muy fácil establecer un tope máximo, ya no a las horas de trabajo, que era lo histórico, sino también, a la energía que gastamos durante esas horas.

  • Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València. -

Si reducimos horas, pero cada vez gastamos más energía, estaremos más cansados en el fondo, lo que repercute en la salud laboral, la salud mental y los accidentes de trabajo. Frente a ello tenemos ejemplos de cómo la tecnología puede ayudar y que ya están poniéndose en práctica en países europeos. 

Hoy se puede sancionar o despedir por bajo rendimiento, pero no existe un límite claro al rendimiento máximo exigible. ¿Es ese el gran vacío del sistema laboral?

Hay un vacío normativo y también incoherencia en el propio sistema jurídico en el hecho de que se pueda despedir a un trabajador si ofrece un rendimiento por debajo pero no se establezca un máximo. La ley debería establecer un máximo de carga laboral, pues la única forma actual de proteger un exceso de carga laboral es a partir de los derechos fundamentales de la Constitución. Eso implica un desequilibrio en el contrato de trabajo y una incoherencia del sistema que debería remediarse.

¿Cree que España logrará establecer pronto la obligación de medir la carga de trabajo y establecer límites sobre la misma?

Actualmente hay sobre la mesa una propuesta de modificación de la ley de prevención de riesgos laborales. Hace 40 años que no la hemos modificado y ahora se quieren incluir temas de salud mental, de género también, medioambientales o digitales. La gran oportunidad que tiene España ahora mismo es la de establecer límites a la carga de trabajo, aunque sea por motivos de salud, a través de esta ley de prevención de riesgos.

  • Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València. -

Más allá de los cambios normativos, ¿qué políticas públicas podrían contribuir a evitar la sobrecarga y mejorar la salud de las personas trabajadoras?

Aunque la ley de prevención de riesgos no lo mencione expresamente, los tribunales sí han dicho que las empresas están obligadas a medir la carga de trabajo dentro de su evaluación de riesgos. Se trata de sentencias recientes que se irán aplicando poco a poco, pero que harán que las empresas fijen medidas preventivas contra la sobrecarga de los empleados. Una vez medida la carga y viendo que es un riesgo, los sindicatos y representantes legales de los trabajadores deberían exigir medidas para establecer límites. 

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