ALICANTE.- Les Fogueres de Sant Joan afrontan un cambio de rumbo. El Ayuntamiento de Alicante ha decidido revisar el modelo de ocio que se consolidó alrededor de la fiesta después de que la edición de 2025 dejara al descubierto algunas de sus principales contradicciones: la proliferación de racós, la transformación de algunos de estos espacios en negocios de ocio nocturno, los problemas de convivencia, seguridad y limpieza, las dificultades logísticas y el impacto sobre vecinos, comercios y establecimientos hoteleros. La respuesta municipal pasa ahora por intervenir sobre las reglas del juego y tratar de recuperar el equilibrio entre fiesta, actividad económica y uso del espacio público.
La principal enmienda llegará en 2027, con la limitación a un único racó por hoguera y el veto a los espacios explotados por terceros, a la venta de entradas y a la publicidad vinculada a empresas ajenas a la fiesta, como explicó el martes por la tarde la edil Cristina Cutanda. Pero el cambio va más allá de esta medida. El consistorio plantea nuevos espacios municipales de ocio, una revisión de las condiciones de seguridad, una simplificación de trámites, mejoras en la financiación de las comisiones y una reorganización de los servicios que intervienen durante las fiestas.
El objetivo declarado es proteger les Fogueres y hacerlas crecer de cara al Centenario. El reto, sin embargo, será comprobar si esta nueva regulación consigue corregir los excesos de 2025 sin restar capacidad económica a las comisiones ni convertir la fiesta en un acontecimiento excesivamente condicionado por la regulación. En definitiva, Alicante se dispone a probar si es posible mantener el tirón turístico y económico de les Fogueres sin que el ocio termine imponiéndose sobre la propia fiesta y sobre la convivencia en la ciudad ante las quejas de vecinos, hosteleros y hoteleros.
Un racó y el fin del modelo de discoteca
La medida más contundente es también la más simbólica: a partir de 2027, cada hoguera podrá disponer de un único racó. El ayuntamiento quiere acabar con la proliferación de segundos y terceros espacios y devolver al racó su función como lugar de convivencia de la propia comisión, reduciendo al mismo tiempo la presión sobre el espacio público.
La decisión va acompañada de una prohibición que afecta directamente al modelo de ocio que más ha crecido en los últimos años. Los racós no podrán ser explotados por terceros ni funcionar como discotecas encubiertas, y se prohibirán la venta de entradas y la publicidad de empresas ajenas a la fiesta. La operación supone separar de nuevo el espacio festero del negocio privado del ocio nocturno.
La cuestión de fondo no es únicamente cuántos racós puede haber, sino quién controla y quién obtiene el rendimiento económico de esos espacios. El ayuntamiento parece haber llegado a la conclusión de que la transformación del racó en un producto de ocio comercial ha terminado desvirtuando su función y generando parte de los problemas de convivencia y ocupación de la vía pública que afloraron en 2025, como han denunciado varios colectivos y los partidos de la oposición.
Más ocio, pero en espacios controlados y que aporte a la fiesta
La respuesta municipal no pasa, sin embargo, por eliminar el ocio durante les Fogueres. La alternativa es crear nuevos espacios municipales de ocio, distribuidos por la ciudad y sometidos a condiciones específicas de seguridad, limpieza, horarios y convivencia.
La estrategia consiste así en trasladar parte de la presión que actualmente soportan los entornos de las hogueras hacia espacios específicamente preparados para acoger actividad de ocio. El Ayuntamiento intenta, de este modo, mantener la oferta festiva y nocturna, pero bajo unas reglas más claras y con mayor capacidad de control.
Y aquí aparece una segunda derivada que puede ser incluso más importante que la estrictamente regulatoria: el nuevo modelo de ocio pretende contribuir a financiar la propia Fiesta.
Los espacios municipales no se conciben únicamente como una alternativa a los racós-discoteca, sino también como una fuente de ingresos que permita reforzar las ayudas a las comisiones. En cierto modo, se plantea una fórmula que recuerda a una «tasa turística» aplicada al ocio festero, aunque jurídicamente no sea una tasa: el promotor privado obtiene un negocio vinculado al tirón económico de les Fogueres y una parte del rendimiento generado acaba contribuyendo a financiar la propia Fiesta.
Es un cambio relevante en la filosofía. El Ayuntamiento limita la explotación comercial de los racós, pero no renuncia al potencial económico del ocio. Lo que pretende es trasladarlo a espacios regulados y hacer que una parte de ese negocio revierta sobre las comisiones. Es decir, no solo quiere decidir dónde y cómo se hace negocio durante les Fogueres, sino también quién se beneficia de ese negocio y qué retorno obtiene la fiesta. La idea es debatir, ver qué oferta se puedo disponer, ver los espacios y sacarlos a licitación, como ha explicado la concejala Cristina Cutanda.

Más seguridad y control de las grandes aglomeraciones
La seguridad constituye otro de los grandes deberes que dejó sobre la mesa la edición de 2025. Ayuntamiento y Federació trabajan en la revisión de las condiciones de los montajes para 2027, con cuestiones como las distancias, los pasillos peatonales, los horarios de música o las condiciones de la cremà.
El reto está en encontrar un equilibrio entre seguridad y viabilidad económica de las comisiones. El Ayuntamiento defiende que deben cumplirse todas las garantías, pero también que las exigencias no terminen siendo tan gravosas que hagan inviable la organización de la fiesta.
A ello se suma el estudio de medidas para evitar grandes concentraciones de personas en determinados puntos de la ciudad. Luceros aparece como uno de los espacios donde la acumulación de público obliga a replantear el dispositivo. El objetivo es que la masificación no termine convirtiéndose en un problema añadido de seguridad.
Menos burocracia para las comisiones
Otro de los problemas que han aflorado es el de la burocracia. Los retrasos y dificultades en la tramitación de los permisos de plantà han generado malestar entre las comisiones y han puesto sobre la mesa la necesidad de adelantar procedimientos.
La respuesta municipal pasa por simplificar los trámites, adelantar la convocatoria y crear grupos de trabajo con las entidades festeras. Para 2027 se pretende introducir además plazos y criterios más claros en la normativa.
La lógica es sencilla: si el Ayuntamiento reclama a las comisiones más planificación y cumplimiento de las condiciones de seguridad, también debe ofrecerles un marco administrativo previsible que les permita organizar la fiesta con tiempo.
Una regulación que va más allá de Fiestas
La revisión tampoco se limita a la Concejalía de Fiestas. El Ayuntamiento de Alicante plantea revisar de manera transversal las ordenanzas que afectan a las celebraciones, incluyendo cuestiones relacionadas con limpieza, parques y jardines, ruidos y accesibilidad.
La decisión tiene sentido porque buena parte de los problemas que dejaron las últimas Fogueres no son estrictamente festeros. Tienen que ver con el uso del espacio público, la circulación, los residuos, el ruido o la convivencia.
En ese sentido, el nuevo modelo obliga a coordinar a más áreas municipales y a entender les Fogueres como un acontecimiento que afecta durante varios días al conjunto de la ciudad, no únicamente a las comisiones.

- El mercadito de Fogueres, en imagen de archivo.
Más financiación y liquidez para las comisiones
La otra gran pata de la reforma es económica. El Ayuntamiento ha incrementado las ayudas y plantea adelantar los plazos de convocatoria para que las comisiones dispongan de mayor liquidez y puedan afrontar con menos presión los gastos de organización.
En 2026 se han aprobado 820.900 euros para las 92 comisiones y se ha introducido el anticipo de hasta el 75% de la ayuda para las entidades que cumplan los requisitos.
La financiación adquiere todavía mayor importancia en un momento en que el ayuntamiento quiere limitar algunas de las vías de ingresos asociadas al ocio de los racós. Si se restringe la explotación comercial, las comisiones necesitan alternativas para mantener su capacidad económica.
De ahí que el vínculo entre los nuevos espacios de ocio y las subvenciones sea una de las claves del nuevo modelo: menos negocio privado dentro de los racós, más negocio regulado fuera de ellos y una parte de ese rendimiento destinada a reforzar económicamente la fiesta.

- Un baldeo en la Plaza de Luceros de Alicante.
Limpieza, logística y convivencia
Queda, finalmente, una cuestión transversal: la gestión de la ciudad durante los días grandes. Las denuncias de vecinos y del sector hotelero han puesto sobre la mesa problemas de limpieza, residuos, seguridad, cortes de calles, suministro a establecimientos, ruido y ocupación del espacio público.
Aquí no existe una única medida capaz de solucionar el problema. La respuesta pasa por reforzar la coordinación municipal y establecer con mayor antelación cómo se organizan los servicios de limpieza, seguridad, tráfico y logística.
La cuestión es especialmente relevante porque les Fogueres son también uno de los grandes acontecimientos turísticos de Alicante. La fiesta genera ocupación hotelera, consumo y actividad económica, pero también costes que recaen sobre vecinos, comercios y empresas. El reto municipal consiste en evitar que los beneficios de la fiesta se privaticen mientras sus costes se socializan.
Una reforma que va más allá: debe aumentar la base de festeros
La batería de medidas dibuja, por tanto, algo más que una modificación de la regulación de los racós. Alicante está intentando corregir un modelo de ocio que considera desbordado y construir otro en el que la actividad nocturna esté más controlada, el espacio público tenga una utilización más ordenada, las comisiones mantengan capacidad económica y una parte mayor del negocio generado por las Fogueres revierta en la propia Fiesta. Y a ello se suma otra condición: las comisiones deben crecer en inscripciones, al menos, en 7.000 nuevas altas. La concejalía entiende que con una base mayor se puede crecer, las comisiones ganan en masa y fortalecen las propias estructuras. De lo contrario, siempre estará la tentación de vivir la fiesta desde fuera.
El interrogante es si estas medidas constituyen una verdadera reforma estructural o simplemente una corrección de los excesos de 2025. Porque el equilibrio no será sencillo: Alicante quiere reducir las molestias a los vecinos y al sector hotelero, garantizar la seguridad y recuperar el carácter festero de los racós, pero al mismo tiempo necesita que les Fogueres sigan siendo una fiesta atractiva, participativa y económicamente potente.
En el fondo, el Ayuntamiento se enfrenta a una cuestión de modelo: quién puede hacer negocio durante les Fogueres, dónde puede hacerlo, cuánto espacio puede ocupar y cuánto de esa riqueza debe retornar a la Fiesta, ganando incluso más masa festera. La edición de 2027 será el primer gran examen de una reforma: de momento, comienza el debate, veremos cómo se concreta.