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Joaquín Solá y Juan Arévalo reivindican tiempo, formación y acompañamiento para innovar

  • Joaquín Solá y Juan Arévalo en los Premios Plaza Emprendedores.
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ALCOY. La innovación como respuesta a la velocidad del cambio, la inteligencia artificial como herramienta ya presente en los procesos de trabajo y el talento como condición para sostener cualquier transformación fueron algunos de los ejes del diálogo mantenido por Juan Arévalo, responsable de Innovación en la Comunitat Valenciana de Aqualia, y Joaquín Solá, director de la Escuela FP Fempa, en la mesa moderada por el director de Alicante Plaza, Miquel González, dentro del evento Premios Plaza Emprendedores de grupo Plaza en Alcoy. A lo largo de la conversación, ambos han abordado las diferencias entre innovar en una gran empresa y en una pyme, las resistencias que genera el cambio, el peso del presupuesto, el papel de la formación y la necesidad de crear entornos de trabajo capaces de atraer y retener talento.

La velocidad en los cambios es una novedad

La mesa ha arrancado con una pregunta lanzada por González y una conclusión compartida por los ponentes, que la innovación no es una novedad en la empresa, pero sí lo es la velocidad con la que ahora se encadenan los cambios. Esa ha sido una de las primeras claves que del diálogo. En este caso, Juan Arévalo empezaba por desmontar la idea de la innovación como algo exclusivamente ligado al presente. Ha recordado que siempre ha existido, porque "las empresas siempre han tenido que responder a alteraciones en el mercado, a cambios en la demanda de los clientes, a la presión de la competencia o a la aparición de nuevas herramientas". En su planteamiento, innovar es introducir cambios para adaptarse mejor y para desarrollar mejor el negocio. La novedad, dijo, no está tanto en la existencia del cambio como en su aceleración.

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Joaquín Solá recogía esa idea y la llevaba al terreno de la práctica diaria. Ha reivindicado una definición amplia de la innovación, alejada de imágenes reservadas a laboratorios o perfiles científicos y significó hacer las cosas de forma diferente para hacerlas mejor, con más eficacia, con menos coste o con mejores resultados. Y añadía un matiz importante, dejando ver que la capacidad de detectar mejoras no se concentra en la dirección, sino que existe en todos los niveles de una organización. Tanto una persona operaria como una directiva acumulan conocimiento de su puesto y pueden identificar ajustes, trucos o cambios que mejoren un proceso.

Sobre cómo se da la innovación en una gran compañía como Aqualia, Arévalo puso sobre la mesa la doble cara del tamaño. Por un lado, una empresa grande tiene más recursos para probar, invertir y asumir retos. Por otro, la dimensión añade complejidad. En el caso de Aqualia, detallaba que trabajan en más de 2.000 municipios y en 19 países, una escala que hace difícil tener una visión completa de todos los procesos, problemas y márgenes de mejora. Su respuesta, sin embargo, ha insistido en que la innovación no puede concentrarse en un punto de la empresa, sino que debe ser asumida por el conjunto de la organización.

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Solá, por su parte, llevaba el foco a las pymes y describió un problema reconocible en muchos casos, el de la falta de tiempo. Así, para ponerlo como ejemplo, ha dibujado la imagen de empresarios y trabajadores "absorbidos por el día a día", con poco margen para detenerse a pensar. Pero también ha destacado la ventaja de la escala reducida. Cuando se encuentra una vía útil, una pyme puede incorporar cambios con rapidez en producción, administración o venta. El tamaño, en ese caso, permite una agilidad que en estructuras mayores puede complicarse.

La importancia del acompañamiento en la innovación

La innovación en las pymes suele requerir acompañamiento. Solá citaba el apoyo de universidades, institutos tecnológicos y otros recursos disponibles en el entorno para ayudar a empresas que conocen bien su oficio, pero no necesariamente todas las herramientas externas a su alcance. En ese punto introdujo el ejemplo de un empresario del sector eléctrico que había digitalizado su proceso y conseguido una trazabilidad completa, desde la compra de materiales hasta la facturación al cliente. No lo presentaba como una transformación instantánea, sino como el resultado de un proceso largo y acompañado.

González llevaba después la conversación hacia las resistencias. La respuesta de ambos ha coincidido en la necesidad de no simplificar. Solá explica que en las pymes el cambio depende del momento, de las personas y del contexto. Ha defendido, asimismo, que "no todo debe tocarse por sistema". Si algo funciona bien, mantiene, no siempre hay que alterarlo. Pero al mismo tiempo dejaba claro que hoy la realidad obliga a "estar atentos, porque antes o después habrá cambios que asumir, ya sean profundos, administrativos" o de otro tipo.

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Así, Arévalo abordaba la cuestión desde la gestión interna y habló de pedagogía. En su planteamiento, las reticencias no suelen surgir por rechazo frontal, sino por falta de comprensión del sentido del cambio. Explica que, cuando se introduce una herramienta o un nuevo proceso, es necesario explicar para qué sirve, qué mejora aporta y qué se espera de esa transición. Describía, además,  una secuencia frecuente, que al principio, el cambio puede dar más trabajo. Aprender un programa nuevo, convivir con la forma antigua y la nueva de trabajar o asumir un esfuerzo extra genera incomodidad. De ahí que insistiera en la importancia de que las personas entiendan el proceso y no se conviertan en meros ejecutores sin contexto.

Por eso, el director de la Escuela FP Fempa ha puesto el acento en el acompañamiento. Dijo que un plan de cambio, por bien diseñado que esté, no basta si no se atiende a las personas que deben abandonar una rutina consolidada. Cambiar la manera de hacer algo que se lleva años haciendo, sostuvo, exige un esfuerzo que conviene reconocer y acompañar. 

El presupuesto y saber administrar recursos

En el terreno de presupuestos y su importancia en la innovación, el responsable de Innovación en la Comunitat Valenciana de Aqualia respondía que los recursos son limitados y los objetivos deben ajustarse a ellos. A partir de ahí defiende una ordenación de prioridades, distinguiendo entre corto, medio y largo plazo, y plantea que cada empresa debe saber qué es lo esencial para ella. Así, Solá ha añadido otra capa. Innovar cuesta dinero, pero también cuesta tiempo. "Parar una mañana para pensar, reunirse con alguien, revisar procesos o valorar herramientas implica dejar de hacer otras cosas". Aun así, defiende que, precisamente, ahora ese tiempo resulta imprescindible. Habló de la necesidad de  pensar sobre qué conviene cambiar, qué conviene dejar quieto y dónde merece la pena invertir. Y llevaba la idea a la imagen de que antes de cortar, hay que afilar el hacha.

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En ese mismo tramo introdujo una referencia a los fondos de formación, especialmente a Fundae, como una vía que las empresas pueden aprovechar no solo para adquirir competencias, sino también para revisar su propio funcionamiento. La formación apareció así en la conversación no como un elemento accesorio, sino como una herramienta para ordenar el cambio.

Las tecnologías y la IA

Hablando nuevas tecnologías, la inteligencia artificial (IA) ha ocupado el centro de la conversación. Arévalo matizaba que hablar de IA en singular era quedarse corto. Describió un paraguas amplio, con inteligencia artificial generativa, machine learning y algoritmos que aprenden sobre sí mismos. Su intervención combinó una visión general con ejemplos concretos de aplicación. En Aqualia, explicaba, la IA ya se usa para optimizar el funcionamiento de los sistemas vinculados al agua para ajustar bombas para reducir consumo energético, detectar fugas antes de que crezcan, identificar consumos, prever picos de demanda o anticiparse a determinadas situaciones de red. No se quedó ahí y también habló del uso de herramientas generativas integradas en el trabajo diario, como apoyo para estructurar informes, preparar esquemas o discutir ideas. 

Por su parte, Solá hablaba también de la democratización tecnológica. Recorda que, antes de la pandemia, ya se hablaba del big data y de la capacidad de procesar datos, pero que la aparición y extensión de herramientas como ChatGPT había abierto el acceso a mucha más gente. Su intervención combinó experiencia personal -formaciones, webinars, seguimiento de avances- con observaciones sobre sectores concretos. 

¿Cómo atraer, formar y retener talento?

La conversación se cerraba con el foco en el talento. Solá respondía desde la importancia de la formación. Hablaba de la necesidad de animar primero ese talento, de despertar vocaciones en sectores como el metal y de acercar determinadas profesiones a jóvenes que hace pocos años apenas se las planteaban. Enlazaba esa idea con la FP y con la formación dual, a la que atribuyó un papel de puente entre centros y empresas. En su planteamiento, incorporar alumnado en formación no solo permite enseñar y preparar futuras incorporaciones, sino también abrir la puerta a ideas nuevas. Por ejemplo, cabe destacar que Talento Metal es un proyecto financiado por la Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio de la Generalitat Valenciana.

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Así, Arévalo tomaba el relevo para hablar de captación y retención. Ha mantenido que uno de los mayores retos de las empresas es encontrar, atraer y mantener el talento, con un un matiz claro. No basta con ofrecer una retribución, también hay que generar condiciones de trabajo en las que las personas puedan sentirse cómodas y desarrollar su potencial. Y una vez que ese talento entra, añade, la empresa debe cuidarlo. Volver a empezar una y otra vez, formar a nuevas incorporaciones y perder conocimiento interno, afirma, acaba pasando factura. 

Como conclusión del diálogo, ambos expertos han coincidido en que la innovación no aparece como un concepto aislado, sino como una forma de responder a un entorno que cambia rápido y que obliga a decidir qué hacer, cuándo hacerlo y con quién hacerlo.

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