[Este artículo se incluye en la revista 'Alicante Plaza, 2016-2026: diez años creciendo'. Puede leerla íntegramente en este enlace]
ALICANTE. Y el Elche regresó a Primera División. El equipo franjiverde se convirtió el 1 de junio de 2025 en nuevo equipo de LaLiga EA Sports tras lograr un triunfo en la última jornada de la fase regular que le llevaba a cerrar esta como segundo clasificado y, en consecuencia, lograr dar el salto de categoría sin pasar por el play-off. Era el séptimo ascenso a la elite del fútbol español en la centenaria historia del club del Martínez Valero y, probablemente, uno de los más simbólicos por el fondo y por la forma. Y es que, después de una campaña 2023/24 con Sebastián Beccacece en el banquillo en la que los franjiverdes no fueron capaces de pelear hasta el final por regresar a Primera (no llegaron ni a lograr la clasificación para el play-off), el curso 2024/25 había arrancado con nuevo inquilino en el banquillo, Eder Sarabia, pero casi con tantas dudas como las que presidieron el cierre del anterior. Tanto es así que la continuidad del técnico bilbaíno llegó a estar en serio entredicho durante el primer tramo de la temporada, no obstante ser su contratación una elección personal del máximo accionista, Christian Bragarnik.
Durante varios momentos de la primera vuelta, ni por juego ni por resultados el Elche pareció un candidato al ascenso, pero con el paso de las jornadas el proyecto fue madurando lo necesario para que el crédito de los franjiverdes fuera ampliándose, pasando a ser un claro aspirante no ya al ascenso, también al campeonato. El paso casi definitivo para lo anterior lo dio el conjunto de Sarabia entre los meses de marzo y de abril, cuando enlazó nueve jornadas consecutivas sin perder, con una racha intermedia de cuatro victorias seguidas que lo metieron de lleno en la pelea por la primera plaza. En esas semanas, los franjiverdes hicieron gala de una identidad reconocible (que han mantenido tras el ascenso) y se instalaron en una estabilidad competitiva que se tradujo en puntos.
El Elche había aprendido a competir. Sabía sufrir y sabía golpear. Era reconocible con su estructura de tres centrales, carrileros y un mediapunta con libertad para conectar líneas. Tanto es así que cuando dos derrotas consecutivas ante dos rivales directos como el Levante UD y la SD Huesca (la primera de ellas en casa y la segunda en un encuentro en el que se adelantó en el marcador) lo sacaron de las posiciones de ascenso directo a falta de dos jornadas para la finalización de la fase regular, no solo supo encajar el golpe, es que lo devolvió obteniendo la necesaria victoria en la penúltima jornada (superó al Málaga CF por 2-0 en el Martínez Valero) que le permitió aprovechar el tropiezo de otro adversario directo, el CD Mirandés (que no pudo derrotar a la UD Almería), para volver a depender de sí mismo para conseguir el objetivo en la última, en la que jugaba a domicilio contra el Deportivo de La Coruña.
La cita del estadio Abanca-Riazor estaba fijada para la tarde del 1 de junio y llegaba exactamente 761 días después de que los franjiverdes hubiesen descendido matemáticamente a Segunda. Ese fue el lapso de tiempo que finalmente estuvo abierta una herida que terminaron por cerrar los goles anotados por los pupilos de Sarabia ante el Dépor.
El Elche estuvo en A Coruña arropado por más de dos mil seguidores que se desplazaron por tierra (en autocares y un tren) y aire (solo el club fletó tres vuelos chárter), pintaron de franjiverde el centro de la ciudad en las horas previas al envite y, durante el mismo, las gradas de su estadio de nervios contenidos seguidos de sonrisas.
Sarabia apostó por encarar la cita con Dituro en la portería, escoltado por la habitual zaga de tres centrales formada por John, Affengruber y Bigas; Álvaro Núñez y Germán Valera como carrileros; Febas, Nico Castro y Nico Fernández en la sala de máquinas; y Óscar Plano tras Mourad en la vanguardia. Es decir, un once estructurado alrededor del 1-5-3-2/1-3-5-2 y tan reconocible como coherente con todo aquello que había llevado al equipo hasta allí. No hubo inventos y sí la enésima demostración de convicción.
Susto para empezar
Ahora bien, el choque no fue ningún paseo militar para el Elche. De hecho, arrancó con susto mayúsculo: una pérdida de John en la salida de balón permitía al local Kévin encarar a Dituro, pero Bigas desvió providencialmente el disparo del deportivista cuando los aficionados rivales se disponían a cantar el gol. Afortundamente, solo dos minutos después, el local Jaime correspondió el error con una acción que terminó en los pies de Mourad, quien bien asistido por Plano batía con la zurda al meta ilicitano del Dépor Germán Parreño. El salto de categoría empezó a estar más cerca.
Si bien el Deportivo que entrenaba Óscar Gilsanz trató de rehacerse a partir del balón, el Elche demostró que andaba varios escalones por encima en intensidad y determinación. Y en esas, concretamente en el minuto 25, tras una falta de Petxarroman sobre Plano, un cabezazo de Affengruber seguido de un segundo testarazo de John permitía a los franjiverdes ampliar una ventaja en el marcador que en el 32, tras una acción por el carril derecho protagonizada por Núñez y Nico Fernández, casi resolvían por adelantado la cita gracias a que Valera convertía un rechace de Parreño en el tercer tanto de los suyos. Al descanso se llegó con la citada victoria parcial por cero goles a tres para los de Sarabia, pero bien pudo ser para entonces ya más amplia de haber logrado orientar entre los tres palos Mourad un buen centro de Castro antes del mismo.
Monólogo del Elche
En la segunda mitad, afortunadamente para los intereses franjiverdes, el panorama no varió: el Elche siguió llevando el peso del juego. Sus futbolistas ganaron duelos, ocuparon campo contrario y administraron la ventaja haciendo gala de una poderosa mezcla de madurez y ambición.
Aunque el ascenso estaba demasiado cerca como para permitir distracciones, toda vez que el equipo de Sarabia dependía de sí mismo para lograrlo, con el paso de los minutos la atención se desvió parcialmente a lo que ocurría en el choque del Levante con la SD Eibar, por si los franjiverdes podían arrebatarle sobre la línea de meta la primera plaza a los granotas; estos ya habían logrado la semana anterior el ascenso matemático, pero no tenían asegurado el campeonato. Sin embargo, el cuadro que entrenaba entonces Julián Calero no dio opción a la sorpresa. De todas formas, tampoco pasaba nada, pues subían tanto el primer como el segundo clasificado y el Elche estaba haciendo los deberes para proclamarse subcampeón.

- La plantilla del equipo junto al cuerpo técnico y la afición desplazada a Riazor -
- FOTO: EFE
Bigas hace el cuarto
A lo largo de la segunda mitad, Sarabia fue introduciendo rotaciones: primero, Salinas y Agustín Álvarez entraron por Valera y Mourad; luego lo hicieron Marc Aguado y Josan por Castro y Plano, y, finalmente, Mario Gaspar sustituyó a Nico Fernández. Los cambios no alteraron el ritmo: el equipo franjiverde mantuvo el control del partido y las emociones hasta que en el minuto 89 Bigas hizo el cuarto. Y ahí ya sí se desató la locura: en la grada y sobre el césped del Abanca-Riazor, donde jugadores, cuerpo técnico, directivos y familiares de todos los anteriores celebraron con los aficionados desplazados, pero también en Elche, donde decenas de miles de aficionados salieron a la calle, tomando en primera instancia La Glorieta, punto neurálgico de las celebraciones del franjiverdismo.
Días de fiesta franjiverde
Ya entrada la noche, coincidiendo con la llegada del equipo que había volado en chárter desde La Coruña, la fiesta se trasladó a la puerta cero del Martínez Valero donde Eder Sarabia y Christian Bragarnik, bengala en mano, hicieron de maestros de ceremonia. Fue el aperitivo de la rúa en autobús que al día siguiente sacó a la calle de la ciudad a más de 100.000 personas, no pocas desplazadas desde otros puntos de la provincia de Alicante y es que el conjunto franjiverde tiene no pocos aficionados en otras poblaciones de la misma. Familias enteras, generaciones distintas y recuerdos compartidos. El ascenso trascendió lo deportivo. Se convirtió en un reencuentro colectivo tras la celebración ‘clandestina’ de 2020, cuando las medidas de distanciamiento social para combatir la pandemia de covid-19 obligaron al franjiverdismo a permanecer en sus casas y celebrar en ellas el anterior regreso a Primera.
Esos dos primeros días de junio de 2025 el Elche cerró un ciclo que había arrancado con una sonrisa casi cinco años antes, con un ascenso a la elite al que siguieron dos más que meritorias permanencias, pero que también estaba marcado por la decepcionante temporada 2022/23, aquella en la que la entidad celebraba su primer centenario y que acabó con descenso. Afortunadamente, el proyecto construido alrededor de la figura de Sarabia consiguió cicatrizar esa herida y la del fracaso de la campaña siguiente. El 2025 pasó a ser el año del regreso.
FUE NOTICIA EN 2025

- Uno de los buques de la naviera en un puerto de Canarias -
- FOTO: EFE
La consolidación de Baleària como gran naviera nacional
ALICANTE (MIQUEL GONZÁLEZ). La consolidación de Baleària como la gran naviera española culminó en 2025 con la adquisición de los activos de Armas Trasmediterránea. Se ponía así un broche de oro a los veinticinco años de historia de la compañía de la Marina Alta recién cumplidos. La compañía nació en 1998 como evolución de Flebasa Lines, tras la salida del grupo de socios históricos y la reorganización impulsada por Adolfo Utor, que asumió el liderazgo del nuevo proyecto. Aquella transición marcó el inicio de una estrategia empresarial basada en la modernización de la flota, la profesionalización de la gestión y la expansión territorial.
Un hito clave llegó en 2003, cuando Baleària adquirió la participación que la familia Matutes mantenía en la compañía. Con esa operación, Utor pasó a controlar la mayoría accionarial y consolidó un modelo de empresa independiente, con sede en Dénia, orientada a crecer en los tráficos entre la Península y Baleares, y posteriormente en el Estrecho y el norte de África. En ese proceso de expansión, Baleària logró un hito estratégico: ganó el concurso de la línea Tarifa–Tánger, una de las rutas más competitivas del Estrecho, lo que reforzó su presencia en el corredor marítimo con mayor crecimiento de pasajeros y mercancías entre España y Marruecos. Durante los años siguientes, la naviera multiplicó su capacidad operativa, incorporó ferris de nueva generación y se convirtió en pionera en el uso de gas natural licuado (GNL) en el transporte marítimo español.
Ese crecimiento sostenido permitió que, en 2025, Baleària estuviera en posición de liderar la reestructuración del sector tras la crisis financiera de Armas Trasmediterránea. La operación, valorada en torno a 260 millones de euros, fue analizada en profundidad por la CNMC, que autorizó por fases la integración de los bloques del Estrecho y Canarias, manteniendo bajo examen la del mar de Alborán por riesgo de concentración en rutas sensibles como Almería–Nador o Melilla.
En mayo de 2026, Baleària tomó el control efectivo de los activos canarios, incorporando rutas interinsulares y conexiones con la Península. Con ello, la compañía pasó a sumar más de 4.500 empleados, una flota superior a 50 barcos, más de 8 millones de pasajeros y 11 millones de metros lineales de carga anuales, con una facturación consolidada que superó los 1.000 millones de euros. La integración supuso la unión de tres trayectorias históricas del transporte marítimo español: Trasmediterránea (1916), Armas (1941) y Baleària (1998).
Con esta operación, Baleària culminó un proceso de casi tres décadas: de heredera de Flebasa a líder absoluto del transporte marítimo español y uno de los operadores de referencia en Europa.