[Este artículo se incluye en la revista 'Alicante Plaza, 2016-2026: diez años creciendo'. Puede leerla íntegramente en este enlace]
ALICANTE. Si 2015 fue un punto de inflexión para las izquierdas como resaca de la gestión de la crisis financiera y los casos de corrupción, 2023 lo supuso para las derechas. Si en 2015 el PSOE pudo alcanzar mucho poder institucional gracias al impulso de Podemos y de Compromís, en 2023 el PP lo consiguió con el crecimiento de Vox. Y así es como se consumó el cambio político en la Comunitat Valenciana: el PP volvió al Gobierno de la Generalitat con Carlos Mazón como presidente después de ocho años del Botànic, gracias a la suma de los 40 escaños del PP y los 13 de la formación de Santiago Abascal. El PSPV creció, pero no lo suficiente; Compromís perdió escaños, y la coalición EU-Podem desapareció.
Lo de la Comunitat Valenciana no fue una victoria aislada; fue el resultado de un ciclón que arrasó en el resto de España, con holgadas victorias de PP y Vox en Baleares, Región de Murcia, Aragón y Extremadura, y que anteriormente ya se habían dado en Andalucía o Madrid, aunque con mayoría absoluta. ¿Cómo se produjo el ascenso de Carlos Mazón a la Generalitat? El que fuera presidente en julio de 2023 era un veterano en política, aunque fuera la primera vez que entrara en las Cortes Valencianas. Con el Gobierno de Zaplana fue director del IVAJ, de 1999 a 2003, y de Seguridad Industrial hasta 2007, cuando decidió volver a la política local en Alicante. Entonces ingresó en las listas del PP de Catral para poder optar a ser diputado provincial. Con la llegada de José Joaquín Ripoll a la Diputación de Alicante, Mazón fue diputado de Infraestructuras hasta 2009, cuando decidió dejar la política en activo y pasó a ser gerente de la Cámara de Comercio.
Ese paréntesis duró hasta 2019, cuando volvió a la política. Lo hizo con el respaldo de Teodoro García Egea, secretario general del PP, y con Pablo Casado como presidente. Mazón aceptó el reto de nuevo en la Diputación de Alicante a riesgo de quedar en la oposición. Pero el buen resultado de Cs permitió al PP revalidar la presidencia de la institución provincial y a Mazón volver a la política por la puerta grande. ¿Cómo se produce el ascenso al PPCV? Con Mazón ya con la vara de mando provincial, García Egea y Casado forzaron la salida de Isabel Bonig de la presidencia del PPCV y auspiciaron a Mazón, que en el verano de 2021 se convirtió, a su vez, en el nuevo líder de los populares valencianos con el reto de volver a la Generalitat. Pese a que todo iba de cara, a principios de 2022 Casado fue desposeído del liderazgo del PP en favor de Núñez Feijóo, que en un principio mantuvo a Mazón al frente del PPCV.
Desde la Diputación de Alicante, el barón popular centró su estrategia en ganar más protagonismo en València y en Castellón, pese a que las encuestas seguían dando los números para un nuevo Botànic. Sin embargo, Mazón siguió volcado en su campaña en 2023 con varios ejes: imposición lingüística, falta de vivienda pública, presión fiscal y el reto de eliminar la burocracia. En la precampaña se produjo un punto de inflexión que después cristalizaría en los meses previos a la votación: el PP logró nacionalizar la campaña; que los escándalos que ya empezaban a afectar al PSOE saltaran a la Comunitat Valenciana y que el electorado de centro-derecha se movilizara, y que lo hiciera en todo el ámbito nacional. La campaña dio los resultados, y en mayo de 2023 el PPCV, junto con Vox, logró derrotar al Botànic en las Cortes y reconquistar las alcaldías de València, Castellón, Elche y Torrent, las principales ciudades en las que hasta entonces gobernaba la izquierda.
La negociación ‘exprés’ del PPCV descolocó a Feijóo e impactó en la posterior campaña de las elecciones generales de julio, pero lograron que Mazón se asegurara la presidencia de la Generalitat y la vuelta de los populares al Gobierno autonómico. Mazón gobernaría con tres consellers de Vox, que asumen las competencias de Cultura, Agricultura y Justicia e Interior.
Ruz ‘reconquistó’ Elche para el PP
Ruz reconquistó Elche para el PP, pese a la victoria del PSOE. En lo que respecta a la ciudad ilicitana, las elecciones del 28 de mayo de 2023 volvieron a marcar un hito en la historia reciente política de Elche: la vuelta a la alcaldía del Partido Popular. Reeditaría el hasta entonces único gobierno popular de los últimos cuarenta años, el Ejecutivo de Mercedes Alonso, primera y hasta ahora única regidora de la historia del municipio, y que tan solo estuvo una legislatura (2011-2015). En el caso de 2023, siguiendo el relato, los números permitieron precisamente al antiguo delfín de Alonso, Pablo Ruz, ser el alcalde. Eso sí, con una salvedad acorde a los tiempos actuales: no podría gobernar en solitario; tendría que ser con Vox.
El bloque de derechas había obtenido la mayoría absoluta con 14 concejales, gracias al aumento de dos ediles de los populares y uno más de la formación que encabezaba Aurora Rodil. Los dos bloques habían llegado muy igualados a los comicios, con un sondeo la misma noche, antes de conocer los primeros resultados, que daba 13 concejales al PSOE y 1 a Compromís. Sin embargo, la realidad es que no rentabilizaron los ocho años de gobierno. El PSOE fue el partido más votado con 43.543 votos, pero manteniéndose en la docena de ediles. Y Compromís pasó de 2 a 1 concejal, quedando como única representante Esther Díez. No les daba para gobernar.
En las filas de la derecha, el PP obtuvo 42.068 papeletas, aumentando en dos concejales, de 9 a 11, mientras que Vox también creció, pasando de 2 a 3 ediles. Fueron unas elecciones de mucha movilización, con en torno a 10 puntos porcentuales más en la ciudad, algo con lo que contaba el PP para poder rebañar de nuevo la alcaldía, lo cual acabó sucediendo. Mientras que desde Vox hicieron mucha campaña en barrios y sobre todo pedanías, feudo tradicional del PP donde sabían que podían dar la batalla, el Partido Popular hizo una campaña dinámica, conjugando mucho peso en redes sociales además de gastar suela, y presentando proyectos tangibles con diseños arquitectónicos atractivos.
Habían aprendido la lección buscando los puntos débiles del bipartito progresista, como la falta de gestión y lentitud en los compromisos, y acabaron la campaña con tendencia ascendente; todo lo contrario que en la izquierda, con un PSOE que hizo una campaña más normal, sin generar mayores ilusiones, y que llegó más desfondado al final de la misma con su exalcalde Carlos González.
Aunque aún quedaban negociaciones por delante, el júbilo desatado por Ruz y los suyos en la propia sede del Partido Popular en la noche del 28 de mayo no dejaba lugar a dudas: habría gobierno de coalición. Y Elche sería la primera ciudad de envergadura de la Comunitat, y de las primeras del país, en la que la formación ultraconservadora entraba también para gobernar. Lo que además estuvo en cierta forma avalado por el hecho del acuerdo previo autonómico para hacer president a Carlos Mazón.
El acuerdo se fraguó, y quizá como aviso a navegantes de lo que podría venir, y en la toma de posesión hubo abucheos por parte del público asistente a los concejales de PSOE y Compromís que prometieron su cargo en valenciano. A lo que Ruz respondió en su discurso en valenciano como gesto. Un talante que seguía en los primeros compases, ofreciendo a la oposición más medios (en forma de dedicaciones exclusivas) de los que él y su partido contaron durante la travesía en la bancada de la oposición.
Sin embargo, el idilio entre ambas partes duró poco. Hoy, PP y Vox son un gobierno cohesionado y en el que han heredado parte de proyectos que PSOE y Compromís dejaron sin cerrar o en trámite, y que empiezan a tomar forma, desde el Mercado Central hasta Nuevos Riegos El Progreso, pasando por la pasarela del Bimil·lenari, cuestiones urbanísticas que estuvieron años empantanadas. Combinado con actuaciones propias como el ambicioso complejo cultural de Carrús en Jayton, su iniciativa más ambiciosa. Y, en general, con una gestión de la administración más ágil.
Sin embargo, ese aprovechamiento máximo de la administración local les ha llevado a un desfase presupuestario con un plan de ajuste que ha supuesto un cambio en su calendario de proyectos. Paralelamente, siguen arrastrando el lastre de iniciativas que a día de hoy, camino de los tres años de gobierno, siguen sin avances determinantes: desde la Ronda Sur al Palacio de Congresos, pasando por el anunciado tranvía, o el haber renunciado a exigir la deuda histórica del Consell con el Ayuntamiento por los 43 millones de euros que asumió Elche para los terrenos de la UMH.
Son algunas de las cuestiones que les podrían pasar factura. Mientras que en el plano político, al igual que el PP nacional, el grupo local se ha dejado llevar más a posiciones más duras de Vox en materia de inmigración o recortes a la cooperación, donde la oposición y colectivos hurgan por ese «alcalde de todos» de la toma de posesión. Algunas de las cuestiones que más les pueden pesar. Pero también en este 2026 y 2027 irán llegando inauguraciones y proyectos económicos privados en consonancia con un favorable marco económico general. Mucho partido por delante.
FUE NOTICIA EN 2023

- Trabajadores de la compañía en la sede de JD Sports en Alicante -
- FOTOS: RAFA MOLINA
JD Sports culmina la integración de Sprinter y cambia el 'retail' deportivo
ALICANTE (SANDRA MURCIA). El año 2023 marcó otro punto de inflexión en la historia empresarial de la provincia de Alicante. Tras más de una década de relación accionarial y cinco años de alianza formal en el grupo Iberian Sports Retail Group (ISRG), el gigante británico JD Sports decidió tomar el control total de Sprinter, la cadena fundada en Elche por la familia Segarra. La operación puso fin a la etapa compartida con los socios minoritarios —el grupo portugués Sonae y la patrimonial Balaiko, vinculada a los fundadores— y consolidó la integración de la compañía alicantina en la estructura internacional del grupo británico.
La ruptura comenzó a fraguarse a lo largo de 2023 tras un cambio estratégico en la cúpula de JD Sports. La llegada del nuevo consejero delegado, Régis Schultz, supuso un giro en las prioridades del grupo, con mayor foco en Asia y Europa del Este y una apuesta más decidida por potenciar la marca JD frente a otras enseñas del grupo. Ese cambio generó discrepancias con los socios ibéricos, que activaron la cláusula de separación prevista en el acuerdo firmado en el año 2018.
El desenlace llegó en octubre de 2023, cuando JD Sports adquirió el 49,9% del capital que aún no controlaba por alrededor de 500 millones de euros. Con esta operación, el grupo británico pasó a ser el único accionista de ISRG y, por tanto, de Sprinter, culminando un proceso de concentración. El movimiento empresarial coincidía con el mejor momento de crecimiento de la cadena. Desde la creación de la joint venture ibérica, Sprinter había multiplicado su tamaño: pasó de algo menos de 200 millones de euros de facturación en 2017 a más de 500 millones en el año 2022.
A finales de 2023, sin embargo, también se evidenciaron los riesgos de la expansión internacional. Alicante Plaza publicó en exclusiva el cierre del negocio de Sprinter en Países Bajos tras la quiebra de Sports Unlimited Retail, la sociedad que gestionaba las cadenas Perry Sport y Aktiesport y bajo cuyo paraguas operaban las tiendas de la marca española en el país. La insolvencia del grupo neerlandés obligó a cerrar establecimientos y a frenar el primer intento de internacionalización directa de la firma fuera de la Península Ibérica.
A comienzos de 2026, Sprinter continúa operando desde Alicante con una facturación superior a los 650 millones de euros y cerca de 200 tiendas. Bajo control total de JD Sports, la compañía afronta una nueva etapa marcada por la reorganización interna y la expansión comercial en el mercado ibérico.