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el muro / OPINIÓN

Luces tras sombras

Foto: EVA MÁÑEZ

La Generalitat ha recuperado Ciudad de la Luz. Gran noticia. Al menos conservaremos un complejo que nos costó lo que nunca sabremos, pero será patrimonio de nuestros hipotecados descendientes. Suerte que no pagarán impuesto de transmisiones. De momento.

31/12/2017 - 

Al fin, una buena noticia con la que cerrar el año. No perderemos Ciudad de la Luz de Alicante. La mantendremos como propia, que ya es. Mucho más después de los superados 300 millones que nos costó levantar aquel complejo cuyo objetivo político primordial no era convertir Alicante en un paraíso del séptimo arte, sino más bien urbanizar su entorno con una meganuevaciudad de hoteles y apartamentos en   zona rústica recalificada. Un pelotazo en toda regla, aunque financiado con dinero público. Iba a convertir a unos pocos en multimillonarios, y a la ciudad en paradigma de sueños. Así les fue.

No sé a quién agradecer el éxito de las negociaciones ante Bruselas. Al menos, de momento, a la Generalitat. Espero y deseo, aunque no las tengo todas conmigo, que todos nuestros eurodiputados habrán realizado su pequeño o gran esfuerzo al respecto. O a la propia Comisión Europea que ha comprendido que la becerrada de un gobierno alocado que nos llevó a la ruina no podía terminar en un sorteo al “mejor” postor. Menos aún a bajo precio. Una vez más algunos habrían hecho gran negocio. A nosotros nos mantendría de nuevo hurgando en el bolsillo, pero pagando.

Si el balance que nos dejó un complejo en el que apenas se rodaron sesenta películas, algunas casi ni estrenadas pero bien subvencionadas, hubiera sido su venta flaco favor habría hecho a nuestra sociedad en ruinas.

Hace unos días Bruselas levantaba el veto que impedía a la iniciativa privada el acceso al megalómano complejo de Aguamarga. Algo es algo. La Generalitat no podrá continuar haciendo competencia desleal al sector privado, como en su día, pero sí darle utilidad a un espacio tan caro como desorbitado, un auténtico despropósito del que aún debemos casi todo. El Gobierno valenciano aspira a convertir Ciudad de la Luz en un foco de atracción de star-ups vinculadas al mundo de la economía digital, o a ser también sede de Á Punt, la nueva RTVV. Algo es algo, mucho más después de años de ausencia de ideas e iniciativas.

Foto: EVA MÁÑEZ

Lo triste: quedará para la historia una inversión desde el primer día innecesaria debido a sus sobrecostes y exagerada monumentalidad -nadie duda que unos estudios adhoc a nuestra economía real hubieran sido suficientes- de la que no se sacó ningún rédito, salvo electoral o momentáneo. Pero eso sí, durante años sirvió para convertir despachos y estancias en una agencia de colocación de familiares y amigos del terreno. Sin conocimiento en el ramo y menos experiencia. Y a otros, para cobrar sobrecostes que nadie ha explicado todavía. Desde 2012 ha permanecido muerta, aunque con un gasto de mantenimiento vertiginoso.

Durante 15 años la Generalitat no podrá ejercer directamente ninguna actividad económica en sus instalaciones, pero sí podrá alquilar o vender sus estudios a terceros. Visto lo visto, elijo lo primero. Cualquier venta supondría unas pérdidas que a estas alturas ya no podemos tolerar. Nuestros herederos en 2027 no lo perdonarían. Ya dejamos bastante por el camino, aunque muchos de sus anteriores gestores o responsables políticos salieran airosos/as del empastre cuando deberían estar inhabilitados. Alguno, por cierto, continúa dando lecciones de economía bajo el ala del Gobierno central. Otros vivieron del cuento y malgastaron con licencia. Se han recolocado. Son felices. Pero han olvidado su tránsito. Ni lo citan en su currículum.

Y eso que no paraban de avisar los controles públicos de los desmanes que se cometían. Por cierto, un complejo que tuvo que contratar a unos gestores externos para que la controlaran y cuya sociedad acabó incluida en una lista de morosos al fisco.

Casos como el de Ciudad de la Luz, el complejo termal de Torrevieja, la desmesura de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, entre otros muchos, deberían estar en nuestros libros de historia autonómica contemporánea. Al menos para que los escolares del presente y futuro pudieran entender la herencia recibida y lo que todavía tendrán que pagar. También, el desconocido cerebro de nuestros gobernantes de antaño y lo contemplativa, tolerante y pasiva que fue nuestra sociedad.

La única duda que me queda es saber qué harán con estos inmensos estanques que sólo sirvieron para el rodaje de una película y costaron lo que nunca supimos. Nadie ha aparecido hasta ahora ahogado. ¿O sí? Buen argumento para una película. En este caso de serie B o C, con algo de X.  

Foto: EVA MÁÑEZ

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