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RECOMENDACIONES PARA EL DÍA DEL LIBRO 2017 

Heterodoxias editoriales para una búsqueda guiada el Día del Libro

22/04/2017 - 

ALICANTE. Leer no suele ser una actividad fácil. Cómo advertía al inicio de uno de los poemas de su colección Aquí la premio Nobel polaca Wislawa Szymborska A las obras de Proust / no les añaden en la librería un mando a distancia, / no podemos cambiar / a un partido de futbol / o a un concurso donde ganar un volvo. Pero regalar rosas o, en su defecto, cualquier otro ornamento floral, desde un clavel a una delicada orquídea o una plantita del dinero, de esas que requieren poca dedicación, porque aguantan la desidia de los lectores más ultramontanos, esos que se sumergen en mundos de papel (o tinta electrónica) y olvidan derramar en su tejida tierra artificial el poco líquido necesario para sobrevivir, regalar junto con estos elementos de vívido enganche con la vida un anzuelo ligado a la imaginación, la reflexión, la conciencia o el placer de saborear las palabras, se hace más llevadero. Para eso Sant Jordi mató al dragón de su imaginación, para eso el dragón ensartó al Sant Jordi de su entelequia, y lo hicieron ambos el 23 de abril para que las librerías se pudieran engalanar y los libreros y las libreras pudieran exponer a la luz del sol sus pieles curtidas por las iluminaciones artificiales de los santuarios del papel.

El domingo será Sant Jordi, 23 de abril, Día del Libro y, adoptando la tradición balompédica dominical, vamos a ofrecer una alineación de 11 títulos de heterodoxa factura, en busca de entrenador. El preparador o preparadora que se atreva, tendrá que echar mano de un buen ojeador, ya que algún que otro crack de contrastada solvencia encontrará, pero también apuestas de futuro o algún que otro veterano que mantiene el tipo. 

Seis han sido las canteras que han aportado títulos y nombres a esta lista de convocados: Sexto Piso, Bandaàparte, Gallo Nero, Alpha Decay, Pre-Textos e Impedimenta.

Empezaremos con dos pesos pesados, el centroeuropeo Gregror Von Rezzori, nacido en 1914, en Chernivtsi, Bucovina, parte oriental del Imperio Austrohúngaro, en el momento de su desintegración, y ejemplo paradigmático de la mejor prosa hipnótica alemana. Se edita su Caín. El último manuscrito, tras la gran acogida por parte de crítica y lectores de su ambiciosa y casi definitiva La muerte de mi hermano Abel, esta última obra del elegante autor europeo, con todas las minúsculas, con todas las mayúsculas, funciona como coda de aquella. Una última delicia de experimentación sobre el yo. También en Sexto Piso, no podemos dejar pasar la oportunidad de recordaros que leáis, que paséis sus páginas con deleite plástico, que os dejéis caer, como uno de sus ángeles en desgracia, en cualquiera de sus viñetas durante largos minutos, El Paraíso Perdido de John Milton, de Pablo Auladell, una novela gráfica, un poema ilustrado, un libro de arte con historia.

También de ilustración va el siguiente de la lista, ahora desde los campos de Impedimenta, El viaje de Shakleton, de William Grill, una hermosísima y verdadera historia ilustrada del cómo Shackleton y sus hombres lograron sobrevivir a la épica aventura de atravesar a pie el helado corazón de la Antártida. 73 páginas de gran formato con una reproducción perfecta del trabajo a la cera del autor británico. También ilustradores son el colectivo Monobloque, que acompañan con sus trabajos a los textos del cuentista argentino Eduardo Berti en Inventario de inventos (inventados). Breve catálogo de invenciones imaginarias. La máquina de no hacer nada, los pendientes despertador, el GPS sentimental, Juan José Arreola, Raymond Queneau, Italo Calvino, Alphonse Allais, son algunos de los referentes que se encuentran en los textos de apenas una página del autor bonaerense.

La cantera andaluza Bandaàparte, especializada en dar voz a creadores que provienen de otras artes, nos aporta un interesante pastiche de la novela negra norteamericana de sabor más sureño, Cuando el destino nos alcance el maíz seguirá creciendo, pergueñada desde las brumas galaicas por J.J.M. Veiga, en su recorrido por los diferentes territorios de la narrativa de género. Y a costa de parecer reiterativos, a alguien que escribe La única vez que se la olvidó a mi madre recogerme del colegio fue en una fiesta de carnaval. Iba disfrazado de mariquita, hay que leerlo. No comparto los postres, de Niño de Elche, Paco, Francis, Francisco Contreras Molina.

En Alpha Decay hemos encontrado las propuestas más reflexivas, los organizadores del centro del campo. Simon Critchley y su El teatro de la memoria, una breve novela ensayada, un escueto ensayo novelado sobre la muerte accidental de un filósofo francés y las reflexiones sobre la memoria que el propio Critchley elabora, husmeando entre sus papeles heredados. El filósofo norteamericano, en 92 páginas y unas cuantas fotografías, consigue un efecto de hipnosis narrativa, cercano al thriller. Aunque el jugador más especulativo de todos será, seguramente, Ben Lerner y su El odio a la poesía. El origen del desprecio de Ben Lerner por la poesía, y también de su deslumbramiento, se encuentra en un difícil ejercicio de mnemotecnia sobre versificación contemporánea, basada en los paralelismos confusos, la indeterminación y un cierto deslabazamiento sintáctico. El origen de todo es uno de los más breves poemas de la lírica norteamericana moderna, tres versos en dialéctica con un título que conforman un círculo de viciosa ironía, a cargo de la insultantemente precisa Marianne Moore.

POESÍA

A mí también me disgusta.

Al leerla, sin embargo, con absoluto desdén, uno descubre en

ella, después de todo, un lugar para lo genuino.


Creo que el mejor cebo para su lectura es un spoiler, y nada mejor que el colofón de este opúsculo del autor de Topeka:

Todo lo que les pido a los que la odian –y yo también soy uno de ellos- es que se esfuercen por perfeccionar el desdén que sienten, que incluso consideren la posibilidad de aplicarlo a los poemas mismos, porque allí, lejos de disiparse, ganará en profundidad, y porque allí, al crear un espacio para lo posible, un lugar donde la ausencia se transforma en presencia (como la irrupción de una melodía que jamás ha sido escuchada por nadie), esto de lo que hablamos podría llegar a parecerse al amor.

Con Gallo Nero, sin duda, apostamos por la delantera. En el caso de Lloyd Jones y su El libro de la fama porque ya de por sí es una obra sobre deporte, aunque este no sea el deporte rey en el mundo, sino el deporte rey en Nueva Zelanda, sí, el rugby. Esta es una historia sobre la primera gira de los Original All Blacks, en Agosto de 1905. Una novela en forma de diario cruzado sin entradas numeradas ni datadas, con una fuerza testimonial y poética de altísimos vuelos, como los de los antecesores del mítico Jonah Lomu. Y aunque sea totalmente antitético en cuanto al tema, la recuperación que la editorial madrileña ha hecho del genio del manga adulto, el gekiga japonés, Masahiko Matsumoto, con su La chica de los cigarrillos, lo convierte en nuestra recomendación principal. Una obra sorprendente, llena de humor, sensibilidad, comprensión de la vida moderna y, al mismo tiempo, la fascinación por esos elementos particulares, ese pathos nipón, que tan bien supo reflejar el autor de Osaka, en el año 1974, cuando fueron publicadas originariamente estas planchas. ¿Quién no acaba enamorado de esos morritos fruncidos?

La guinda, para rematar la alineación, es uno de esos delanteros que aseguran 34 goles por temporada. La valenciana Editorial Pre-Textos ha publicado el último volumen del Salón de Pasos Perdidos (Una novela en marcha) de Andrés Trapiello, Sólo hechos, el que hace veinte ya de este salón de paso, de este libro en el que sería absurdo quedarse, pero sin el cual no podríamos llegar a esos otros lugares donde nos espera el espejismo de que hemos encontrado algo. A ese espejismo al que llamamos novela, y a ese algo al que llamamos vida. Este Sólo hechos debe su nombre a Charles Dickens y a las primeras líneas de su Tiempos difíciles, en las que Thomas Gradgrind exclama In this life, we want nothing but Facts, sir; nothing but Facts!

Los hechos ya los tenemos, los titulares. Nos guardaremos, de momento, el nombre de los suplentes. Dejaremos que suden la camiseta frente a los ojos de lectoras y lectores ávidos y, en función del resultado, haremos los cambios pertinentes, si procede.

Feliz Día del Libro. Sed buenos y leed.


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