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por amor al arte / OPINIÓN

Francesc Sanguino

Trump y Xi Ping, con faldas y a lo loco. Echávarri contra Echávarri. Retrato del Papa Inocencio X de Francis Bacon. Sequía y gatos callejeros

12/11/2017 - 

El monotema: la dimisión a plazos de Gabriel Echávarri. Me encanta ser alicantino. Es maravilloso estar bañándose en bolas a las 5 de la madrugada en el Postiguet y que justo al volver la mirada al Benacantil para alcanzar a la toalla, suene la luz del teléfono. Y que alguien, no sé, un viejo amigo ministro o un enemigo arruinado, periodista curtido en mil batallas, te pregunte: ¿pero qué coño os pasa otra vez en Alicante? Con la edad, uno se está convirtiendo en alicantólogo y ya le tengo pedida la cátedra al rector dela UA, Manuel Palomar. Con permiso de Manuel Alcaraz –que estás entre nosotros- bendecido por el ecosistema mediático provincial. Que es el que quita y pone -junto a Enrique Ortiz- a todos los candidatos de todos los partidos políticos, asociaciones de vecinos, filaes, presidentes del monopoly del dinero, arzobispos y guardianes de terrazas, raperos, putas caritativas entradas en años y postulantes a asaltadores de almas astrofísicas. Los Beatles atacan de nuevo. Esta crème provinciana es un peligroso señoritismo que causa o busca un problema, en este caso el carácter suicida y autodestructivo de Echávarri, para perpetuarse dándole una solución peor. La excesiva bruma de esta opresiva vida alicantoniana. El helicóptero sobrevolando día y noche Barcelona.

Uno es, se hace alicantólogo no por advocación delictiva ni adictiva ni devoción mariana. Ni abducido por el miedo a la siempre inminente invasión de las tropas valencianas comandadas por nuestra anti mani 18N Juana de Arco indígena, Isabel Bonig. Ni siquiera por la emoción crematística, fraccionamiento y vericuetos de la calderilla de la publicidad institucional. A uno le obligan a ejercer de especialista en el ensalmo alicantinólogo los amigos y enemigos de la res pública. ¡Maldición!... ¡Malasuerte! Vivimos en una tierra deliciosa – aunque siempre hay algún aguafiestas Bob Esponja empalagoso con la exaltación del arroz con arroz y con la glorificación del turismo y bla bla blá…- en la que nos toca siempre el naipe del perdedor. La verdad verdadera verdadosa es que estamos heridos de muerte por una maldición divina. Maleficio. Casi ni un solo líder de la cosa –ni en la delegación del gobierno, la diputación o el ayuntamiento- desde la Restauración Alfonsina, nos ha salido medianamente bien acabado. Ni un final feliz. Y es que creo que los alicantinos nunca acabamos de estar a la faena. En fin, no se puede tener todo. ¡Luces,cámaras, acción! Ahora que Sonia Castedo había perdido el foco y a Luis Díaz Alperi le van a quitar por orden judicial el placer de jugar a las cartas hasta la madrugada, con copa de cava incluida. Ahora que ni San Eduardo Zaplana está dispuesto a avalar el tren de vida –ni el renacido Afiniti Aznar- de la presidenta Margarita y su marido, el señor Ripoll, justo ahora tenemos la santa bendición de estar en el candelabro gracias a la multipersonalidad, aterradora y feroz, a la sensibilidad cáustica y temeraria  de Gabriel Echávarri. Que ha hecho estallar el tripartito y la ilusión de miles de alicantinos. Conste que a uno el alcalde le ha tratado con exquisitez. Hasta en los vetos y desaires. 

Echávarri no se baña a las 5 de la mañana en el Postiguet, ni ha sido coherente. Ni valiente. Debería haber salido en el primer segundo para decir adiós. O, en todo caso, haber especificado claramente que si se llega a la apertura de juicio oral, dimitiría. Que estaría dispuesto a quedarse solo y desnudo en la orilla de la playa de la vida privada para salvar la dignidad de todos los alicantinos, del PSPV-PSOE, del Pacte del Botànic, y, especialmente, de la suya propia. Pero el alcalde está en el No es No. Bonig, César Sánchez y el resto de la oposición –Císcar no sabe no contesta- reclaman un pronunciamiento de Pedro Sánchez. Se equivocan. PSz ha desaparecido hasta que SSDSM acabe de convertir en una catástrofe total el procés català. Mónica Oltra –con el traje de fallera como el de Pepita Samper- és la mare de tots els valencians.

El pacto a sangre entre Mónica Oltra y Ximo Puig no se va a romper por Alicante. La estabilidad del Consell y la mayoría de los gobiernos de izquierda municipales está garantizada. Aún así, esta crisis supone el primer reto para el nuevo PSPV provincial de José Chulvi y Rubén Alfaro. Y un realineamiento de la posición del resto de espectro político. Compromís sabe que bufarà de llevant y plourà. Que si Echávarri aguanta desnudo entre las rocas del espigón hasta el verano seguirá siendo alcalde hasta el 2019. La clave del mantenimiento de un gobierno en minoría socialista está en manos de Ciudadanos -que es lo mismo que aventurarse en un viaje al interior de la mente del verdadero intelectual del grupo de Albert Ribera en el ayuntamiento, Antonio Zardoya- que podría apuntalar a los socialistas puntualmente a precio de oro. Y también en la selección de los posibles asesores socialistas de refuerzo. Amén.

Pablo Iglesias le regaló las municipales a Esquerra Unida, que aquí en Alicante ha sido tomada por el ala dura del PCE. Miguel Ángel Pavón -la trama rusa de los graneles y los veladores- es un xiquet de bolquers comparado con José Luis Romero. No hay nada más hoy por hoy que rehacer con esta izquierda. Luis Barcala anuncia que sólo asumiría el poder por imperativo legal. En el PP están aterrorizados –incluso Camps, Aspar y García Margallo- con la posibilidad de que el legionario del acordeón sea alcalde, aunque sólo sea en el suspiro que va del tardeo a la madrugà. Génova quiere que el alcaldable popular sea el subdelegado del gobierno, Jose María Saval. El PP está en una ratonera. Ni siquiera la prodigiosa mente de Mari Carmen de España puede sacarles del laberinto de Cheste. El PP propone una mili corta. Y jugará la lotería de navidad con el nº de cuenta del caso -el perito asesino de Yolanda González- Taula. Aunque el verdadero problema está en la falta de estímulo sexual, digámoslo claro, el miedo de entrar a matar, de meterla hasta la gola, de Natxo Bellido. Porque nadie quiere ser un San Juan Bautista que sabe que las orejas y la vuelta al ruedo se las llevará el ya mencionado superconseller, rey mago y embajador del auténtico ADN de Iniciativa, Manuel Alcaraz. Bellido ha actuado con dignidad y es elegante. Las lágrimas de Espuch y Tirado irán para siempre en nuestros blusones en la peregrinación a la Santa Faç. Como muy bien ha explicado aquí en Alicante Plaza Raúl Navarro, la solución por parte del resto de la lista socialista es la resistencia y el criterio. Aunque la primera decisión controvertida, vergonzante y extemporánea ha sido la embestida de la Plaza de Toros. Las vacas “Irache” y la “Enterradora” de Quatretondeta dela ganadería de Alberto Granchell. La contribución a la paz socialista ya la ha hecho en El Mundo, con una prosa deslumbrante, Carmen Sánchez Brufal. Los renovadores de los 80 del siglo pasado se han comido la juventud de sus nietos. Se trata de comulgar en la liturgia papal, sin selfies ni facetimes, y no vender tabaco de contrabando. Cantemos al amor de nuestros amores. Ximo Puig esperará. Pero será inflexible. 

Vale la pena ir a Euskadi sólo por el placer de ver la exposición 82 retratos y un bodegón de David Hockney en el Guggenheim. Comienza el IV Congreso Miguel Hernández. Es una vergüenza que ni Ximo Puig ni Mónica Oltra le hagan el homenaje que se merece al músico y compositor Lluís Miquel Campos. Rajoy le da el Premio Nacional al amigo de Francisco Camps: Enrique Ponce. Blasco sale de la cárcel. Su mujer Consuelo Ciscar, a punto de entrar. Dani Simón se despide habiendo sido uno de los peores concejales de Cultura, que ya es difícil, del ayuntamiento de Alicante. Sería inadmisible que su caída provocara la salida del mejor gestor cultural que hemos tenido en Alicante: Francesc Sanguino. Sanguino no sólo ha sacado de la UCI al Teatro Principal. Es una mina, una catarata inagotable de iniciativas sorprendentes por su coherencia, solvencia, innovación y modernidad. Ha vuelto el frío. Estoy tentado a encerrarme en mi sarcófago hasta el verano, pero antes voy a meter el pavo en el horno. Andrea Iglesias y Kate Matveeva me invitan al ritual de la comida del Thanksgiving Day. No sé decir que no. No sé de cuál de las dos estoy más enamorado

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