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UNA NOCHE DE CLÁSICOS OCULTOS DEL INDIE AMERICANO EN EL ARNICHES

Damon & Naomi con Thalia Zedek emocionan al Teatre Arniches

10/02/2018 - 

ALICANTE. El ciclo Atiende comandado por Miguel Carratalá de la Fuente no defrauda, cada nueva propuesta legitima aún más su decidida inversión para que Alicante tenga un simbolito de esos del google maps de la música encima, nada más cargar el mapa, sin necesidad de ampliación.

En la noche del 10 de febrero de 2018, el Teatre Arniches, el continente multidisciplinar que le está sirviendo de cobijo, demostrando que es una sala querida por el público, ha recibido dos cargas de profundidad en un solo paquete.

Damon (Krukowski) y Naomi (Yang) tienen compañera de viaje para un intenso tour que les está permitiendo volver a pisar terreno conocido, y también recorrer nuevas carreteras, incluso cambiar de recorrido de un día para otro. Thalia Zedek, la suburbial capitalina que desde los años 80 se ha convertido en depositaria de la esencia del rock norteamericano que bebe del folk y del espíritu original del punk.

Este viernes estuvieron tocando en Barcelona, mañana lo harán en València. Alicante ha sido una etapa más un viaje tal vez iniciático para alguno de los asistentes a sus conciertos.


¿Por qué juntos? Tal vez por pura casualidad, pero una de esas casualidades agradecidas con la posteridad.

Krukowski & Yang llevan juntos desde finales de los 80, cuando junto a Dean Wareham montaron Galaxie 500, una insólita banda de softpunk melódico y preciosista que no creó escuela, pero sí dejó el poso suficiente como para que los entonces percusionista y bajista, se pusieran a rasguear guitarras acústicas y acariciar teclados midi, para desde 1992, empezar una singladura de pop hipnótico que alguna que otra vez ha sido emparentado con el dream pop o con el folk indie. Criaturitas.

Por su parte, Zedek es una fuerza de la naturaleza que ha luchado y (tal vez) vencido, contra todos los demonios posibles, exteriores e interiores, drogas de largo alcance incluidas. Por el camino, proyectos como Uzi, Live Skull o Come, y un reguero interminable de influencias de las de verdad, de las que no se notan, un aura que ha impregnado el alma de más de la mitad de los músicos independientes norteamericanos.

El show conjunto del trío se convierte en dos conciertos yuxtapuestos, con una ligera bajada de telón entre uno y otro, pero con el hilo conductor de la sencillez.

Abre fuego Thalia Zedek, sola frente al micrófono, en el medio del sobrio escenario, armada con su Fender, en la que se encuentra bien visible la etiqueta del lema FCK NZS (Fuck Nazis). Sin abrir la boca, Thalia ya está desgarrando el aire con un grito. Unas pocas pruebas de sonido.

En su momento, alguien dijo que como era posible que tres tipos con una guitarra, un bajo y una batería, los ZZ TOP, fueran capaces de hacer retumbar un estadio mastodóntico. A Thalia Zedek le sobran el bajo y la batería. 5 temas a bocajarro, 5 CANCIONES, así con mayúsculas han tenido que pasar para que “pidiera disculpas por su voz”. Y aún así su voz ha sido un trueno modulado como si la diosa de los vientos cabalgara las isobaras. By the hand, You will wake, All I need, Fell So Hard, Walking in time, algunos temas del Eve de 2016, y un buen puñado de canciones inéditas, pendientes de grabar este año para su próximo disco, Ladder, Fighting Season, We Will Roll, Indivisable, y una contundente versión del People Flock Not to the Good, de Arbouretum, hasta completar una colección de 9 canciones, acompañadas por pizzicatos de banjo sobre las cuerdas de su guitarra, distorsiones, rifs, y en todo momento el halo de oscuridad y emoción que acompañan las interpretaciones de la norteamericana.

Un descanso, un teclado y al escenario la pareja de la melancolía virtuosa: Goodbye, Judah, Lilac Land, Robot, Turn of the Century, una emocionantísima Second Life para cerrar la sesión. Apenas un tema de su último disco, Fortune, de 2015. No hay concesiones al comercio.

Y entonces ha vuelto al escenario Zedek, se han puesto en formación de tres, y se han soltado una de las versiones clásicas de la guitarrista, el Dance Me to The End Of Love de Leonard Cohen, con ese la la, la la, la la , la la de tonadilla que insufla buen rollo y ganas de revolución del amor en todos y cada uno de los presentes.

Aún ha dado tiempo a que D&N se marcaran un bis, a petición del público, sana costumbre que parecía haberse perdido, Helsinki… “just you and me feeling free”.

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