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Un tirachinas

17/01/2018 - 

ALICANTE. Como el presidente del Hércules, Juan Carlos Ramírez, anunció hace menos de un mes que esta vez el dinero no iba a ser un problema a la hora de fichar, lo normal sería que hoy Enric Gallego estuviese en Alicante y no en Almendralejo. 

Sin embargo, como ya ha ocurrido años atrás, la realidad es bien distinta.

Además del delantero de Martorell, los nombres de Pere Milla y Jesús Imaz, por no hablar del de Stephane Emaná, les tienen que sonar. Hace un año el Nàstic quería una compensación económica por prestar media temporada al delantero camerunés y el Cornellà tanto de lo mismo pero por el traspaso de Gallego, aunque la cifra no llegaba ni mucho menos a los 200.000 euros que ha tenido que desembolsar ahora el Extremadura. En ambos casos, el Hércules no igualaba las cifras que se le exigían. Tampoco lo hacía para lograr persuadir a Milla con una oferta que le compensara cambiar la Segunda A por la B, algo que vino a ocurrió también con Imaz que apostó por esperar y terminó en el Cádiz.

Hace 12 meses Ramírez no solo estranguló económicamente la posibilidad de mejorar la plantilla (rendimiento al margen, Lolo Ortiz recaló en el Hércules porque el Elche le había pagado lo que le restaba de temporada y podía permitirse firmar por una cantidad ridícula y la ficha de Juan Delgado se compartía con el Levante), también la de conceder bajas (recuerden el caso de Omgba que quería cobrar para firmar su rescisión consensuada de contrato) y este curso ocurre lo mismo, pese a que las consecuencias de la citada política fueron nefastas.

Sí hay jugadores interesantes

Nadie duda, empezando por el propio de Portillo y siguiendo con Ramírez y Ortiz, que además de darle un toque de atención a la plantilla (lo del domingo pasado no es admisible, el equipo es infinitamente mejor que lo que se vio) urge reforzarla.  

Es cierto que el mercado de invierno no se caracteriza por su exuberancia, pero no lo es menos que el Hércules necesita incorporar jugadores de calidad suficiente para afrontar con garantías el reto de pelear por un ascenso a Segunda A y no a Primera o mantenerse en esa categoría, por ejemplo. Es decir, que sin ser muchos, sí hay jugadores interesantes para el objetivo que el club persigue (cuya incorporación supondría elevar el nivel de la plantilla, la gran premisa) y con algunos se ha negociado pero no se ha podido cerrar su fichaje (el de alguno ya es imposible, pues se ha comprometido con otro equipo) porque el planteamiento económico es el mismo que el del año pasado, solo que en esta ocasión después del ya tristemente famoso anuncio de que la dirección deportiva tendría a su disposición un talonario de cheques en blanco, que este curso iríamos al mercado montados en un carro de combate y no armados con un tirachinas.

Porque no nos engañemos, por mucho que desde el entorno de Ramírez deslicen que el fichaje de José Fran no tiene nada de barato e incluso el entrenador del Elche, Josico, diga que el Hércules "pujó más fuerte" por el extremo de Santa Pola, desde el punto de vista estrictamente económico el jugador no ha firmado el contrato de su vida, aunque con acierto se haya correspondido a la fidelidad que ha mostrado al club en el que se formó con una vinculación de dos años y medio. 

Vale que la situación económica de la entidad es la que es y que el año le termina saliendo a Ramírez y Ortiz (que estos días tiene preocupaciones más importantes) por un pico (no olvidemos que el Hércules ficha pero en Segunda B, sin la aportación de los empresarios, no podría pagar); también que han desembolsado hace un mes 600.000 euros para comprar la deuda de la Fundación con el Instituto Valenciano de Finanzas y que el presupuesto para la plantilla es superior al del año pasado (también hay rivales más poderosos (Mallorca y Elche) con los que se compite en los despachos y en el campo), pero es que es ahora o nunca: con la que va a caer, de aquí a junio hay que lograr un ascenso (algo que ya no sería un problema para ellos, pues ya son los dueños) que sirva de paraguas bajo el que cobijarse. 

En los próximos días veremos si Ortiz y Ramírez cambian de postura; pero de verdad, no sustituyendo el tirachinas que le han dado a Portillo por una pistola de agua. Y si no se hace porque la intención es bajar la persiana y, al tiempo, recurrir a la vía Xu Gembao para llenar el vacío, que se diga.

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