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Un puto ciclista

Foto: EFE
11/06/2017 - 

ALICANTE. ¿Se imaginan que cada vez que van a jugar su partido de pádel, de fútbol, o salen a dar un paseo o a hacer running, tuvieran la incertidumbre de no saber si volverán a casa? Pues eso es lo que sentimos los putos ciclistas, como así nos llaman, cada vez que cometemos el “delito” de coger la bicicleta.

Recientemente un estudio del gobierno ha situado a la N-332 a su paso por la comunidad valenciana como la vía con más accidentes con ciclistas implicados en los últimos años. Alicante es la segunda provincia con más sucesos registrados, tras Barcelona, superando a Valencia y Madrid según datos de la Dirección General de Tráfico.

Tras el trágico suceso de tres víctimas en Oliva hace un mes, hoy en Navarra otras tres personas han perdido la vida, si bien la Policía Foral solo ha decretado accidente como causa a una de las tres; además, ha habido otro atropello en Valencia.

Veo mala solución a este problema. Problema social, por cierto, no de un solo colectivo. Porque la única manera que existe de mejorar estas cifras es con respeto, educación, y civismo.

Respeto como personas y ciudadanos que somos. Respeto mutuo, ya que el colectivo ciclista también debe mejorar: respetar semáforos, o ir en paralelo en fila de dos y no en pelotón, por ejemplo. Y respeto de conductores, ver una vida y una familia en una bici, no un estorbo, esperar el lugar adecuado para adelantar, tener paciencia y amabilidad, o respetar distancia de 1,5 metros de seguridad.

Educación, puesto que cada vez que alguien se sienta ante un volante deber ser consciente de lo que esa máquina que tiene entre manos es capaz de hacer. Y ni el carnet de conducir, ni la escolarización enseñan esto. No estaría de más una materia de Seguridad Vial en las aulas.

Y civismo. O, "comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia públicas", según la RAE. Algo tan sencillo, como que cada cual cumpla su cometido, y tan difícil.

¿Cómo prefiere morir, alcohol o whatsapp?

Porque esa es otra, se la da una importancia máxima a la bebida, que la tiene, y otras no parecen tan graves. Personalmente si algún día me atropella un coche creo que a mí y a mi familia le va importar poco si iba bebido o hablando por el móvil. Mi destino será el mismo.

La sociedad debe ser consciente de la peligrosidad que nos causa un teléfono al volante. Ni qué decir sobre el alcohol y las drogas. Y las prisas, el mal endémico de la sociedad del siglo XXI. Llevamos ritmos frenéticos de vida, y solo nos detenemos cuando la propia vida nos recuerda las cosas importantes. Entonces nos pone en el sitio.

En definitiva, creo que el accidente siempre existirá, la siniestralidad cero es imposible. Pero sí es posible reducir en gran parte las estadísticas actuales. Mientras tanto, solo el azar, el destino, o la casualidad, eligen quién vuelve a casa y quién no.

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