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Una exposición en el MUA recoge las creaciones que se realizaron en Alicante desde 1953 a 1979

'Spatia Sacra', la muestra que cuenta cómo la iglesia se volvió loca de nuevo por la arquitectura

13/03/2018 - 

ALICANTE. En tres décadas la Iglesia se movió muy deprisa. De los años 50 a los 70 vivió su particular revolución que se trasladó a su arquitectura. El Museo de la Universidad de Alicante repasa en Spatia Sacra. Art i arquitectura religiosa Alacant 1953-1979 esos trabajos en una exposición que se abre este jueves.

"En el siglo XX todo va muy deprisa y la arquitectura religiosa en España va aún más", explica Andrés Martínez-Medina. La principal causa es que tras la Guerra Civil se acaba produciendo un impasse de casi 20 años, razona, y es a partir de 1953 con el reconocimiento internacional del Estado Español que la élites culturales quieren estar en contacto y a la altura de las corrientes europeas. 

Eso les exigía ponerse al día rápidamente, así que todo lo que tendría que haber sucedido en el doble de tiempo, se hace en la mitad. En los cincuenta se reemprende el trabajo arquitectónico en el punto que se deja en los treinta y a mediados de los sesenta, se entronca con Europa. Y en los setenta, se está al día, pero el nivel tecnológico lo ralentiza aún.

De la eternidad a la obsolescencia

Hoy en día se hacen miradas que reconstruyen de otra manera, destaca, como ahora se hace reincorporando la perspectiva de género. Él considera que la arquitectura religiosa moderna nace en el periodo de entreguerras, gracias a la perspectiva de las vanguardias y la industrialización. Y también adquiere nuevos tintes, la idea de eternidad relacionada con la religión se empapa de un concepto nuevo, la obsolescencia programada que viene asociada a la modernidad.

Martínez-Medina resalta un concepto al hablar del listado de las obras seleccionadas para reflejar esos cambios: "No las escojo, las descubro". Las 22 iglesias que aparecen "no están en los medios". "Obviamente, no se llega a ellas por casualidad", añade. Para el profesor es fundamental "recorrer el territorio" para conocer esos trabajos "y uno no va a ciegas: conoce las trayectorias de los arquitectos, sabe dónde están los núcleos industriales y los barrios que se han hecho nuevos".

Estos son tres de los ejes sobre los que se ha movido para presentar las piezas. "En los años 60 y 70, con el desarrollismo, se construyeron más iglesias que en los anteriores dos milenios", resalta. "Y no todas son modernas", aclara, "muchas están acomodadas en las soluciones más desornamentadas".

Miguel López, Juan Antonio García Solera y Francisco Muñoz son los tres nombres que más se repiten. Un factor que matiza, "eran los que trabajaban aquí y daba igual que hicieran viviendas que iglesias, las hacían con la misma dedicación y cuidado que en otros trabajos". Cada uno de los tres aparece representado a través de cuatro ejemplos desplegados en Alicante, Guardamar o Elda.

Desde cero son los proyectos que lanzó José Luis Fernández del Amo. Arquitecto para el Instituto Nacional de Colonización, este madrileño diseñó completamente las poblaciones de El Realenc y Sant Isidre. Y, por tanto, sus iglesias. En una labor de esas dimensiones no actuaba solo. "Contaba con artistas locales", indica, "algunos con trabajos fuera de serie como La anunciación de El Realenc con materiales reciclados".

Si bien estos nombres aparecen con mayor frecuencia, Martínez-Medina considera que para estos espacios de culto no hay una especialización como si se produce en las escuelas. "Como España es un Estado confesionalmente católico, con el Concordato se dice que la educación es una materia conjunta con la Iglesia", recuerda. Por tanto, la singularidad es que los colegios de las múltiples órdenes religiosas cuentan con capilla, una situación que solo se produce en Alemania e Italia, como apunta. Y, entonces, podía darse el caso de que una orden tuviera un arquitecto que hiciera los distintos colegios de toda España. Representando ese patrón incluy el trabajo de la capilla del colegio Jesús-María que hizo en los sesenta, Agustín Borell.

El turismo tolera iglesias más modernas

Singular es también el caso de la influencia del turismo. Entre las ciudades costeras sobresale muy en particular la parroquia del Mar, un trabajo del estudio GODB para Xàbia. "Las más atrevidas espacial y estructuralmente son las que se hacen en las poblaciones turísticas", comenta. La razón que encuentra para ello es que, por un lado, ya estamos en los años setenta y su consiguiente avance tecnológico. Por otro, "los arquitectos ya están cansados de repetir soluciones y se atreven a innovar más". Por último, "la sociedad las acepta más como formas extrañas en un sitio de construcción nueva en la que no hay edificios históricos".

Del país que vivía en la autarquía a la dictadura que quería atraer los turistas, el cambio es evidente. "Queríamos recuperar historias locales, las iglesias usadas por la gente normal, de una barriada", resalta el director. Su objetivo es que si "la de la plaza ya tiene entidad", pretende que la gente descubra las que se construyeron en otros barrios o ciudades, "quería que todos conocieran ese mundo, esas historias que están vinculadas".

"La mayoría de iglesias que hemos escogido son de barrios inmigrantes", asegura. "Son las que se hacen en Mil viviendas y Virgen del Remedio en Alicante o Francisco de Sales en Elda", enumera. Hechas para cubrir la demanda de hacia dónde estaba creciendo la ciudad tienen mucha menos repercusión que las construidas en zonas costeras, como la de Xàbia. Esta llega a tener tal éxito que opta al Premio Nacional de arquitectura en 1969 y aparece en muchas de las revistas especializadas. Aún así, siendo la más conocida de todas las que aquí se presentan, no duda en calificarla de "autista" porque "creció entre bloques y los propios autores lo reconocieron".

Con esta exposición el equipo de arquitectura que dirige Martínez-Medina -y en la que también colaboran como ayudantes Asunción Díaz y Ana C. Gilsanz, junto a los estudiantes Carlos Pastor y María Juan-, ha querido emprender una labor que denomina de antropología. "Esta investigación no busca tanto localizar la gran obra porque ya es difícil de encontrar lo que no se conoce y se podría decir que son menores porque son silenciosas para gente anónima". "En esta exposición contamos que incluso lo popular tiene una dimensión artística de estar al día", concluye, "aunque luego sufren cambios porque no hay una tutela". 

Una de las razones por las que dice que se sintió impulsado a meterse en esta exposición fue una visita familiar. Quería ver una iglesia de Luis Moya de 1945, "con nervios de ladrillo y una curva elíptica excepcional". Extasiado con ese trabajo, su sobrina se encargó de bajarlo a la cruda realidad, "dentro de nada la cerrarán". Hechas para centenares de personas, aquellas iglesias que apenas cuentan con décadas de existencia, afrontan ahora su mayor peligro, en aquel momento solo había dos decenas de feligreses. "Hay que poner esto en valor, porque si no, desaparece", advierte.

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