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Hoy es 30 de abril y se habla de ibi ALACANT PRIMARIAS PSOE Pedro Sánchez

el difícil equilibrio de los ayuntamientos

Los polvorines del mestizaje político

El mapa político de la provincia de Alicante sufrió en 2015 un vuelco y hoy los alcaldes del cambio son mayoría sustentados por gobiernos multicolores. Un año y medio después, casi todos siguen, pero algunos han convertido sus ayuntamientos en polvorines políticos

31/10/2016 - 

ALICANTE.- ayo de 2015 supuso en cambio para casi todos los ayuntamientos. El PP perdió su hegemonía -tenía 93 alcaldías- y los gobiernos multicolores tomaron su relevo hasta el punto de situar a los socialistas como el partido con más varas de mando (56), aunque,eso sí, sustentadas en su mayoría por Compromís o las formaciones surgidas bajo el paraguas de Podemos. Hoy casi todos los vecinos ya conocen a sus nuevos alcaldes, no en vano, llevan más de un año al frente de sus poltronas.

Los denominados gobiernos del cambio asumieron el poder merced al hundimiento del PP, que pasó de ser un partido hegemónico, con el 46,6% del voto municipal y 93 alcaldías —de las 141 que tiene la provincia de Alicante—, a perder la mitad de su poder municipal (actualmente, sólo conserva 42 ayuntamientos con el 29,9% de los votos obtenidos en 2015). Las claves son de sobra conocidas: el desgaste por la gestión de la crisis y los casos de corrupción. El PP apenas pudo retener algunos de sus feudos históricos, como Benidorm y Orihuela, y, sobretodo, la Diputación Provincial, que gobierna gracias al voto del que fuera diputado de Ciudadanos, FernandoSepulcre, hoy ya fuera de la disciplina del partido de Albert Rivera.

Pero,¿cómo les va a los alcaldes del cambio? ¿qué han conseguido cambiar? ¿tienen estabilidad? Se podría decir que en su mayoría sí. Sobre todo, si la base del nuevo gabinete es la misma que gestiona el Gobierno valenciano; es decir, PSPV y Compromís. No obstante, otros han encontrado su verdadero talón de Aquiles,justo en aquellas plazas en las que coexiste un tercer elemento o una formación que da su respaldo desde el exterior, sin integrarse en el gobierno local.

Los gobiernos del cambio han tenido un denominador común: restituir los excesos que, a su juicio, provocaron los desmanes del PP en los últimos años. Casi al mismo tiempo que el Gobierno de la Generalitat, han apostado por priorizar políticas de gestión pública, allí donde han podido, con la remunicipalización de servicios; revisión de proyectos urbanísticos heredados; políticas en el área de Vivienda basadas en la promoción del alquiler o rehabilitación de pisos, y más medidas de transparencia con la incorporación de datos en las páginas webs municipales, entre otras muchas. Aunque el gran cambio, sí así se puede denominar, ha sido haber aportado normalidad democrática en aquellas instituciones donde los casos de corrupción suponían una verdadera losa para la imagen de la ciudad.

Pero la convivencia de dos o más fuerzas políticas en el poder ha provocado roces,muchos roces, hasta el punto de provocar la pérdida de las mayorías con las que fueron elegidas. Por ejemplo, el Gobierno tripartito de Alicante ciudad,formado por socialistas, nacionalistas y la coalición Guanyar (EU más Podemos),se quedó en minoría el pasado mes de marzo con el cese de la regidora Nerea Belmonte, de Podemos, por la adjudicación de contratos a personas vinculadas a la candidatura que ella abanderó para líder el partido violeta. Pero no ha sido el único encontronazo;ha tenido múltiples crisis: la condena a la edil de Juventud, Marisol Moreno, por sus polémicos tweets contra la Corona; el cruce de acusaciones, también en redes sociales, entre el alcalde y Compromís a raíz de los horarios comerciales, y las críticas públicas del líder de Guanyar, Miguel Ángel Pavón, a las decisiones del tripartito.

En mayo de 2015, el PP perdió la mitad de sus Alcaldías; en cambio, el PSPV recuperó muchas por los pactos

Demasiado desgaste en tan poco tiempo, que lo único que ha logrado ha sido ensombrecer algunas decisiones o deseos para corregir vicios de los 20 años de gestión delPP. El tripartito no ha sido capaz de corregir el rumbo de las contratas municipales, algunas de ellas todavía en manos de Enrique Ortiz, pero caducadas; sigue sin resolver la eficiencia de la limpieza viaria, y confía en cerrar el debate sobre la libertad comercial con un acuerdo de conciliación laboral que se augura como principal triunfo de una decisión solo sustentada por PSPV y Compromís. El debate o los cambios sobre la política de la ocupación de la vía pública también está en el candelero.

El alcalde de Elche, el socialista CarlosGonzález, también tuvo que cesar, el pasado mes de diciembre, a los dos ediles del partido Ilicitanos (CristinaMartínez y Fernando Durá), por sus continuos choques y discrepancias, sobre todo, en el área de Sanidad. El bipartito de Elche, PSPV y Compromís, tuvo que recomponer la mayoría con el único concejal del Partido de Elche, con lo que suma 13 frente a los 14 de la oposición. Pero el nuevo tripartito tiene en Ciudadanos una especie de colchón de seguridad —sustentado en las animadversiones personales en antiguos miembros del PP— para evitar la moción de censura.

Pese a la crisis de tener que buscar nuevos socios, el gobierno de cambio parece que no podrá impedir el elemento que les unió: evitar la construcción del nuevo Mercado de Elche. Los informes del Consell Jurídic Consultiu han validado el contrato que suscribió el PP con la empresa Aparcisa, por lo que más tarde que pronto, las obras del nuevo edificio comenzarán. Pese a las críticas veladas de Compromís, el tripartito goza de buena salud, pero no de mayoría absoluta para adoptar decisiones importantes.

Lo mismo le sucede al pentapartito que sustenta a laAlcaldía de Torrevieja, que gobierna en minoría. Ciudadanos quiso que en la ciudad salinera gobernara el ecologista JoséManuel Dolón, un veterano de la política, que junto a cuatro partidos puso fin a 24 años de gobiernos populares. Socialistas, verdes, Sueña Torrevieja, Esquerra Unida y el ex popular Domingo Soler sustentan al gabinete de la quinta ciudad de la Comunitat Valenciana. Los vaivenes son diarios, como también los son las ofertas del PP a Ciudadanos -y a otras formaciones- para formalizar un voto de censura que devuelva al otro Dolón, Eduardo, del PP, a la Alcaldía.

El pentapartito ha sufrido recientemente un aviso: el veto de C’s a los presupuestos y con él, un revés para poner en marcha su logro más visible: la municipalización del servicio de la recogida de basuras y limpieza viaria. También es la diana de un constante desgaste en el proceso para regularizar la situación de muchas dependencias municipales, algunas de ellas, carentes de permiso, y para poner en marcha su nueva política educativa y de deportes. Pero su gran desafío vendrá en junio de 2017, cuando para cumplir el pacto entre los cinco partidos de gobierno, se produzca el relevo en laAlcaldía: la socialista Fanny Serrano debe asumir el poder y para ello, es necesario el voto de, al menos, de una de las dos concejalas de C’s. ¿Se producirá? Sólo el tiempo lo dirá.

El resto de escaramuzas se han producido en municipios más pequeños, sobre todo en l’Alacantí. Por ejemplo, en San Vicente del Raspeig se cesó a una concejala de Compromís por contratar a una asociación presidida por un miembro de su partido, pero el pacto se mantiene. La debilidad más extrema se vive en El Campello, donde el alcalde de Compromís, Benjamí Soler, solo tiene garantizado el apoyo de seis concejales -los de Compromís y dos formaciones independientes de centro- de 21 que tiene la corporación. Los socialistas le dieron su apoyo el 13 de junio de 2015, pero se quedaron fuera del Gobierno, y Esquerra Unida fue apeado del gabinete municipal por discrepancias.PP y C’s necesitan del concurso de otras fuerzas para ejecutar una moción de censura.

Esa misma fórmula podría dar sus frutos, además, en Santa Pola —donde dos concejales de Ciudadanos se aliaron con un tripartito de izquierdas y por lotanto es más remoto—, en Almoradí —donde C’s también le brindó la Alcaldía alPSOE— y Cox —donde C’s gobierna con ediles de EU, PSOE y Compromís—.

La otra cara, el PP enminoría

El PP perdió mucho poder municipal, pero logró preservar algunos bastiones. Lo más importantes, Orihuela y Benidorm, ambos en minoría, así como Ibi, Calp, Crevillent y Mutxamel. En la capital de la Marina Baixa, pese a la fragilidad del equipo de gobierno que lidera el popular Toni Pérez, con 8 concejales de25, la gobernabilidad siempre está pendiente de si finalmente se ejecuta el multipacto para un voto de censura. Durante este período, el PP sólo ha logrado acuerdos puntuales con Ciudadanos y con CBM, una vez expulsado Leopoldo Bernabeu de su grupo municipal.

Pero la hipotética unión de socialistas,liberales (de Gema Amor) y Ciudadanos siempre está encima de la mesa, aunque se necesita el concurso de uno de los dos concejales de Compromís-Los Verdes y que la formación de Albert Rivera tolere el veto a la formación nacionalista. Pese a las dificultades, Pérez se ha desenvuelto con soltura en estos primeros meses de mandato, aunque con sesiones plenarias maratonianas debido a la complejidad de la corporación. E incluso Ciudadanos se ha ofrecido para asumir competencias y desahogar el día a día de su equipo de gobierno.

Quizás más ruido de fondo ha tenido el alcalde de Orihuela, Emilio Bascuñana, pese a que tiene 11 ediles de 25 y sólo necesita el apoyo puntual de Ciudadanos. Sin embargo, los obstáculos que pone el interventor municipal a veces suponen un mayor impedimento que la aritmética de la mayoría absoluta. El PP gobierna con un acuerdo de mínimos con Ciudadanos que le permite sacar los grandes asuntos de la ciudad, pero el ayuntamiento todavía tiene muchas asignaturas pendientes por resolver.

La Diputación, el contrapoder

El tsunamí que vivió el PP en mayo 2015 le dejó como la fuerza más votada en la Diputación de Alicante, pero con cinco diputados menos. Ello supuso la irrupción en la corporación provincial de Compromís, con tres representantes, Ciudadanos, uno y Esquerra Unida, otro. El veto de C’s al candidato inicialmente propuesto por el PP, José Císcar, provocó que el joven alcalde de Calp y entonces diputado autonómico, César Sánchez,fuera investido presidente con el voto del único diputado de Ciudadanos, Fernando Sepulcre. Esa alianza así planteada duró hasta el pasado mes de junio,cuando Sepulcre decidió abandonar la disciplina naranja y pasar a las filas del grupo mixto. Ello ha convertido al diputado bisagra en centro de las críticas por figura como comodín del PP y por su presencia en todas las comisiones y organismos de la institución, y su correspondiente contribución económica. 

Pero si la Diputación de Alicante ha sido noticia durante estos primeros meses ha sido, sobre todo, por sus encontronazos con el Gobierno de la Generalitat Valenciana. El PP se opuso en primera instancia al programa de gratuidad de los libros de Educación, conocido como XarxaLlibres, aunque después rectificó, y mantiene en vilo su recurso judicial contra el decreto de coordinación de políticas turísticas al considerar que el Consell se atribuye competencias que son de las diputaciones. 

Despejada la incertidumbre de una posible moción de censura, Sánchez intenta poco a poco imprimir su estilo en la entidad con acciones destinadas fundamentalmente al medio ambiente, turismo e impulso a la nueva economía. Para ello, el presidente presentó un ambicioso plan de plantación de árboles; intenta jugar la baza del respaldo total al turismo–pese al conflicto que mantiene con el Consell en esta materia-, con ofertas incluso para patrocinar la Volvo Ocean Race, y un plan de centro de coworking en toda la provincia para impulsar la nueva economía. Pese a tener una oposición multicolor, sólo Compromís pone en aprietos la política de Sánchez en el palacio de la Avenida de la Estación. 

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