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la yoyoba / OPINIÓN

La ruleta rusa

12/10/2018 - 

En la esquina de enfrente de mi casa han abierto un local. Una fachada negra como la brea y sin una triste ventana por la que cotillear qué se cuece en su interior. Me tuvo intrigada varias semanas. Llegué a pensar en escribirle al secretario general del PP andaluz para que viniera a dar una rueda de prensa en esa esquina, él que es tan aficionado a posar en lugares exóticos y sombríos. Pero, no, resulta que es un local de apuestas, una casa de juegos aunque no precisamente eróticos. Algo ocultan, pensé, tras esas puertas permanentemente cerradas. Cuando no se oye ni una mosca es para sospechar, como los niños que traman maldades en absoluto silencio. He de confesar que no he entrado. Yo huyo de todo lo que pueda ser adictivo porque me conozco y sé que soy una pecadora de la pradera. Tampoco voy porque no sé jugar a nada. Ni a la lotería primitiva ni a las máquinas tragaperras, ni entiendo de premios secundarios, pedreas, cuponazos, sueldazos y toda esa retahíla de pequeños premios de consolación. Pero es imposible escapar de esa macrocampaña de juegos on line y apuestas de todo tipo que nos meten hasta en la sopa, así que me informé. Entre en la página web de una de esas casas de apuestas que tanto se anuncian en televisión para documentarme antes de escribir esta columna. Todo inútil. En letra muy pequeña, como los contratos de los seguros y las preferentes, y con una redacción enrevesada, en el portal informaban sobre cómo hacer una apuesta con un crédito que te regalan al inicio. Lo transcribo para que no me digan que soy una exagerada: “Las apuestas cerradas en su totalidad, los juegos instantáneos, las apuestas a juegos o las apuestas anuladas no contarán para poder liberar sus créditos de apuesta. En caso de que una apuesta se haya cerrado parcialmente, solo contará la cantidad de la apuesta que permanece activa para poder liberar sus créditos de apuesta. En caso de que una apuesta haya sido editada utilizando la opción 'Editar apuestas', el valor original no contará para liberar sus créditos de apuesta y solo lo hará el nuevo importe”. Lo dicho, que prefiero el Tirant lo Blanch en versión original sin subtítulos.

Dice mi hija que sus amigos se pasan tardes enteras en lugares como ese, bebiendo, fumando y apostando a cosas inauditas: quién marca el primer gol, si el gol será de penalti, cuál es el resultado de un partido en el primer tiempo, cuántas tarjetas amarillas sacará el árbitro, quién escupirá primero en el césped del campo de juego. Bueno esto último no sé si ya lo han incorporado pero deberían hacerlo. Y así, xino xano, volvemos al tópico de que la vida es una tómbola, que apostar es de hombres, que el azar es más importante que el esfuerzo y que yo no seré nunca ludópata porque me controlo. Y si no, ahí están Neymar y Piqué, Manolo Lama o Carlos Sobera haciendo apología del dinero fácil y blanqueando las apuestas deportivas sin pensar nada más que en su cuenta de resultados publicitarios. Lástima que no apadrinen algún libro de vez en cuando, a ver si crean tendencia entre la juventud que les idolatra. Pero el juego está bendecido por las altas élites financieras acostumbradas a mangonear títulos en los parqués bursátiles y por los gobiernos de turno que cobran sus intereses por mirar hacia otro lado. El negocio del juego es como el de las armas, que destruye pero engrosa las arcas de los estados. Es el mayor engaño del mundo mundial. Dicen que se tienen las mismas posibilidades de ganar el gordo de la loto que de pinchar una hormiga con un alfiler en un campo de fútbol con los ojos vendados. Quien no arriesga no gana. Pues yo me voy a arriesgar. Invito a todos aquellos que se lucran con la avaricia ajena a que practiquen con la ruleta rusa sobre sus cabezas. Si ganan, mejor para ellos y si pierden, mejor para todos. 


@layoyoba

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