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La Diputación de Alicante entra en modo desquicio total (y faltan 11 meses de aguantarse)

7/06/2018 - 

ALICANTE. Si ya de por sí es una institución poco dada al lucimiento político y embarrada desde que no hay mayoría absoluta, la sesión plenaria de junio de 2018 de la Diputación de Alicante pasará a los anales de la historia como la que todos los grupos políticos dieron muestras de estar en precampaña electoral, cuando todavía faltan 11 meses para las elecciones locales de 2019, las que deben renovar el mandato de la actual corporación que preside César Sánchez. Las rotondas de Calp, de las que aprobaron un sobrecoste con la ausencia del propio Sánchez, alcalde del municipio;  las polémicas ayudas nominativas y la despedida de Miguel Zaragoza centraron un pleno lleno reproches y acusaciones, que vinieron a confirmar la reorganización del bloque de la izquierda frente al PP con el respaldo de Fernando Sepulcre. Y si a los populares les quedaba la garantía de contar con el apoyo puntual del grupo de José Chulvi a un posible plan de inversiones, la sesión de este miércoles les ha distanciado.

El pleno ha sido un culmen de todo lo que viene sucediendo con las ayudas nominativas, o a la carta, durante los últimos meses. A cada aprobación de una modificación de crédito -se han aprobado una de 148.000 euros para las rotondas de Calp y otra de 900.000 euros para Torrevieja- el clima de crispación ha ido in crescendo, además con el añadido de la polémica ausencia de César Sánchez en el pleno bajo la excusa de que estaba atrapado en un atasco, algo que sólo el PP le ha dado credibilidad.

Durante el debate sobre las ayudas, los portavoces de PP, Compromís, PSPV y Esquerra Unida protagonizaron reproches muy duros. Sobre todo, entre el portavoz adjunto de Compromís, José Manuel Penalva, y el portavoz del PP, Carlos Castillo. Los valencianistas insistiendo en las posibles anomalías que puedan generar la aprobación de las ayudas nominativas y el PP replicando que ese modelo Compromís y PSPV sí que lo aplican en la Diputación de Valencia. Castillo habló de suicidio político de Compromís, de haberse quedado solos en la defensa de su propuesta frente al resto de grupos, que sí defiende las ayudas a la carta y dejó entrever, una vez más, que el TSJ podría levantar la suspensión cautelar que pesa sobre una de esas ayudas, como la de Busot, y de esta manera, se podría desbloquear la aprobación de todo el paquetes de ayudas.

Ante este intercambio de golpes, PSPV, Compromís y EU recuperaron su alianza de antaño y llegaron a pergeñar la posibilidad de presentar una propuesta conjunta para las inversiones, aunque estuviera condenada al fracaso por no disponer de los votos suficientes. La izquierda suma 15 votos frente a los 16 del PP y el tránsfuga Fernando Sepulcre.

Pero el culmen de la sesión vino con la despedida del diputado de Bienestar Social, Miguel Zaragoza, que deja el escaño tras su imputación judicial en el caso de la Clínica Gran Alacant, donde está acusado de supuesta prevaricación, malversación y cohecho por haber autorizado el alquiler de un local municipal a un centro médico a cambio de colocar a familiares y militantes del PP como trabajadores. Cuando se disponía a darse cuenta de la renuncia de Zaragoza, el valencianista Penalva propuso que su voto no valiera por ser ya dimitido o que se pasara al final de la sesión. La secretaria del pleno tuvo que terciar y dijo que Zaragoza podía ejercer el cargo durante toda la sesión y lo que no podía era ya echarse a atrás en su dimisión.

Zaragoza tomó la palabra y lamentó la falta de cordialidad entre los grupos políticos, aunque en clara referencia a Compromís, que había dudado de la vigencia de su voto. En ese momento, Zaragoza abandonó su escaño, con el aplauso de los miembros del grupo popular. Y fue ahí cuando Sánchez se sumó a las críticas contra Compromís, y además con vehemencia. A los valencianistas les dijo que "sentía lástima por su grupo político y por los diputados". "No tienen talla ni política ni personal. No tienen ningún tipo de humanidad. Son una decepción como persona, no tiene ni alma ni corazón", le dijo Sánchez con mucha tensión ante Penalva, que reclamaba el turno de réplica para poder defenderse de las críticas. Ante el barullo, la diputada Mercedes Alonso tomó la palabra y le aconsejó que levantara la sesión. "Esto es una vergüenza", mientras los diputados de Compromís recriminaban a Sánchez desde sus escaños el trato dispensado. "Señor Penalva, usted tiene derecho a reclamar lo que quiera; yo tengo el derecho a considerarlo", insistió Sánchez.

La consecuencia de todo ello fue que el PP evitó que se debatieran dos mociones presentadas por EU y el PSPV. Pero las quejas siguieron, y en voz alta. Penalva insistía en quejarse del trató recibido por Sánchez y la socialistas Fanny Serrano, también,por una intervención inicial de Eduardo Dolón, del PP, durante la ausencia del presidente con motivo del debate de las rotondas. Los ruegos fueron denegados. Y cuando todo iba a seguir su camino, el portavoz socialista, José Chulvi, tampoco pudo defender su moción. "Vaya al grano, su buenismo a estas horas de la mañana ya no toca", le dijo Sánchez, que seguía muy tenso. Chulvi ya no quiso hablar y el presidente levantó la sesión. De esta manera, se ponía fin a un pleno embarullado, tosco, lleno de reproches, propio de una antesala de las elecciones, pero lo peor de todo es que quedan todavía 11 meses y todos los presentes, los 31 diputados, todavía se deben ver, soportar y debatir otras tantas veces. De momento, la tensión no deja ver la luz, al menos, la de las inversiones.

Horas más tarde, Compromís hacía público en las redes sociales un vídeo que había grabado en su despacho en el que auguraba que el presidente de la Diputación de Alicante se iba a retrasar de la sesión con motivo del debate sobre la aprobación de los sobrecostes de las rotondas de Calp. Una profecía que acabó tensando todo.

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