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el muro / OPINIÓN

Vértigo y responsabilidad

Xàbia se prepara para construir un nuevo auditorio/teatro. El primero desde que estalló la burbuja cultural de edificios sobredimensionados. Es de esperar máximo rigor en su gestión y racionalidad en su mantenimiento.

3/09/2017 - 

La construcción e inauguración de un edificio cultural es todo un acontecimiento social para la ciudadanía que lo espera, acoge o financia. Puede llegar a significar poner a una ciudad en el punto de mira del mundo más lejano y también próximo. Sin embargo, tras su inauguración credibilidad, garantía y solvencia dependerá de su gestión. Aún así, vale la pena intentarlo si se administra desde la coherencia programática y económica y sobre todo pensando en el destinatario final que es quien realmente lo financia cuando se trata de un espacio público.

Algo así escribí hace más de diez años con motivo de la apertura del Palau de Les Arts a quien la historia no ha podido darle toda su razón debido a una pasada y complicada gestión interna y externa sobre la que deben posicionarse aún los tribunales. Triste situación que ha dejado de lado una idea ilusionante apartando a muchos patrocinadores por miedo a sentirse salpicados. Que no es poco en este mundo de tiburones y depredadores. Estamos hablando, de momento, del sector público, donde todo hasta ahora  valía. Así nos ha ido. Incluidos los desorbitados sobrecostes.

LO PRIVADO. Tenemos un buen ejemplo de gestión y lucidez cultural privada con el proyecto de Bombas Gens. Va a significar la revitalización de un barrio. Es una realidad apasionante nacida desde el sector privado. Con racionalidad, criterio y objetividad en sus planteamientos.

Este verano he visitado el Centro Botín, una auténtica maravilla en todos los sentidos: arquitectónica, social y cultural. Ambos son proyectos privados a los que hay que rendirse por su sensibilidad.

En el caso del Centro Botín he descubierto, como en Gens, que la arquitectura puede ser racional y estar al servicio de los intereses sociales sin necesidad de muchos espectáculos, aunque el aspecto exterior del proyecto de Santander ofrezca otra sensación. Pero la objetividad y utilización de su interior y su aprovechamiento arquitectónico espacial es como para tomar nota de lo que puede significar arquitectura y espectáculo para crear sello, imagen e integración en la ciudad en ese paseo maravilloso de Santander.

En el caso de Gens ha significado una rehabilitación/recuperación ejemplar de un edificio noble que no podíamos permitir que se perdiera como hemos perdido con otros tantos repartidos por Valencia y abandonados a su suerte. Ambas iniciativas marcarán un antes y un después. Ambos proyectos no nacen con intereses partidistas ni políticos sino con voluntad cultural hacia las ciudades que los acogen. No todo consiste en tirar de talonario sino en ser consecuente con lo que se quiere, los medios de que se disponen y sobre todo el criterio.

LO PÚBLICO. Fue en 1992 cuando La C. Valenciana quedó excluida de los grandes eventos que se organizaron en el país para resituarnos social y culturalmente. Nuestra autonomía, siempre marginada como lo es hoy y a la que le reclaman desde el Estado centralista incluso haber colaborado en la recuperación de la Marina o la celebración de la Copa del América quienes incluso la promovieron se le ocurrió una iniciativa. Fue promover un proyecto que removiera los cimientos de una de nuestras estructuras más singulares y reconocidas: la música. Así nació Música 92. Su objetivo era dotar o reflotar infraestructuras musicales de nuestra autonomía con el poderío económico que nos podíamos permitir por entonces. Fue una operación muy interesante de la que se beneficiaron decenas de municipios. Han pasado los años. Pero ahí  están las inversiones. Sobreviven y son útiles. No era etapa de pompas ni circunstancias. Ni se dilapidó.

Algo más de diez años después con el cambio de Gobierno autonómico comenzó a crecer la época del despilfarro. Pasamos de casas de cultura a auténticos desmanes de nuevo rico y megalómanos proyectos que pretendían convertir a cada pueblo en escaparate de opulencia. La lista de nuevos edificios cada más ostentosos, caros de mantener y hasta inútiles o sin terminar llenó nuestras autonomía. Muchos de ellos hoy están en manos privadas, son imposibles de mantener por ayuntamientos que no pueden pagar nóminas ni luz y están en la UCI cultural. Empiecen por Les Arts, un edificio glorioso al que le falta utilidad. Continuemos por Torrevieja, Altea, La Nucia, Castelló… Grandes monumentos arquitectónicos pero sumidos después en un gasto descontrolado y coste desproporcionado en construcción y mantenimiento. Muchos estaremos años pagándolos.

EL FUTURO. Hace unos días leía en estas mismas páginas que Xàbia está a punto de adjudicar la construcción de un moderno auditorio/teatro. Buena noticia. Se lo merecen. Su coste va a ser de 3,3 millones de euros. Será el primer gran edifico cultural que se construye desde que comenzó la crisis. Lo bien cierto es que hemos de celebrar la iniciativa. Pero miedo da pensar en su planificación a largo plazo después de lo que hemos visto y vivido.

No entraré a cuestionar la necesidad de su construcción, pero sí apelaré al sentido común. A que los políticos del entorno sean conscientes de su capacidad real para mantener proyectos de esta envergadura y sobre todo la utilidad real y constante que se le debe sacar en pro del crecimiento cultural de la sociedad que lo va a sufragar.

Claro que Xàbia merece un auditorio como lo tiene Moraria, Cullera, Peñíscola, Burriana, Torrent, Aldaia, La Vall… magníficos. Moderno y atractivo. No lo dudo. Pero, por favor, no se pillen los dedos. Espero que exista un auténtico pacto municipal para no modificar sus contenidos caprichosamente cada cambio de legislatura, exista una programación de consenso y una implicación real de la Generalitat para generar un flujo autonómico de contenidos que distribuya la cultura subvencionada por todos esos auditorios deprimidos. Redes de redes que hacen mucha falta y son exigibles y donde los programadores no respondan al criterio subjetivo del concejal o alcalde de turno. Y a que exista una planificación sería.

Espero que sea un éxito y elimine pasadas desconfianzas. Pero anunciada su conclusión como meta preelectoral tras una crisis de caballo, la verdad, es para exigir un control exhaustivo sobre él y al mismo tiempo sentir cierto vértigo. Ya tenemos demasiadas hipotecas. Por tanto, trellat.

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