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LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR

Un traje de huesos muy blancos llamado Tórtel

23/10/2016 - 

VALENCIA. Primero formó parte de Ciudadano y también es miembro de Maderita. El nombre de Jorge Pérez es desde hace tiempo un nombre importante para la música valenciana, un prestigio consolidado últimamente en aventuras como Coleccionistas y, especialmente, en su andadura en solitario bajo el nombre de Tórtel, cuyo cuarto álbum Transparente, acaba de publicarse.

Le pregunto a Jorge si recuerda desde cuándo nos conocemos. Contesta que ni idea. Se le ocurren varias posibilidades. En Madrid, en Los conciertos de Radio 3, la primera vez que actuó allí Ciudadano. En Valencia, en algún rincón del Carmen, en un momento indeterminado de finales de los noventa. Yo tampoco tengo una respuesta fiable. La música está muy alta y no me entero muy bien de lo que dice ni él ni nadie. Como la música la estoy poniendo yo, no puedo quejarme. Esta noche, como muchas otras, Jorge y yo coincidimos en Electropura trabajando. Cuando no pone copas, que es la mayoría de las noches y los días del año, Jorge trabaja como profesor en una universidad madrileña. Pero sobre todo, Jorge hace música, canciones que registra y la interpreta bajo el nombre artístico de Tórtel. Canciones que dicen cosas así: “No es mucho lo que tengo y tampoco es mío”. Versos que hacen que tarde o temprano quiera volver a oírlos.

Cosas de primos

La primera persona que me habló de Ciudadano, el grupo con el que Jorge debutó en el circo del rock & roll, fue mi primo, Raúl Real. Ambos se conocían de verse por el Carmen. Empezaron saludándose en un rellano y acabaron intercambiándose casetes con canciones. Hablamos de la primera mitad de los años noventa. Yo vivía entonces en Madrid; Raúl me recomendó a Ciudadano y ellos me hicieron llegar su primer disco. La relación que tengo con Jorge no se puede comparar a ninguna otra. Casi siempre nos vemos como de casualidad, pero nos une un vínculo especial, una suerte de empatía difícil de describir. Me gusta escribir sobre la música que me gusta para ver si hay suerte y contagio con mis palabras a algún rezagado. La música de Jorge es algo que vale mucho la pena difundir. Es honesta, es bonita, es sencilla aunque en absoluto es simple. Funciona muy bien en las distancias cortas pero no se me ocurre ningún motivo para que no lo haga también en las largas.

Esquinas y menús

Hubo una época en la que yo vivía en la Avenida del Cid, muy cerca de la casa de sus padres, y nos veíamos a veces por la zona de Abastos o nos cruzábamos por casualidad en Pérez Galdós y nos poníamos a hablar. Somos los dos muy charlatanes. Somos de esas personas que cuando se ponen pueden estar horas de pie en una esquina hablando de cualquier cosa. En Electropura me recuerda que hubo una época en la que quedábamos cada tanto para comer en un italiano que había por esa zona. Nos poníamos morados porque las cantidades de comida que llevaban los platos del menú eran obscenas. Un día Jorge, muerto de risa, dijo, “esto es obsceno”, cuando le plantaron delante un plato que tenía pasta para alimentar a todo el barrio de Arrancapins.

Sensaciones encontradas

Sus letras sintetizan muy bien emociones antagónicas, algo que, a mi parecer, es la pura esencia de la vida. No hace falta ser Björk o Antony para fundir alegría y tristeza de forma indisoluble, hay un término medio, que diría mi madre. Las letras de Tórtel están tocadas por la esperanza y a la vez son racionalmente pesimistas. Son alegres pero no bajan la guardia. Son melancólicas porque no les queda más remedio. Uno de los vínculos que me unen a este hombre es que cuando estamos juntos nos potenciamos mutuamente la risa. Jorge tiene una visión del humor absurda que encaja perfectamente con su figura, con su personaje. Ese aspecto de eterno estudiante algo perdido que parece un melancólico irremediable, pero que en realidad sabe reírse cuando toca y además se ríe con ganas. Quizá por eso luego puede escribir algo como “este traje de huesos tan blancos que duele mirarlos” y dejarte diciendo, “qué cabrón”. Alguien nos ha convencido que la pena es lo único que curte los sentimientos, y no es así. Hay cosas que solo pueden decirse si también te has reído mucho.

Festival de la risa

He coincidido con Jorge en ocasiones muy diversas y en algunas situaciones kafkianas. Un concierto de Tórtel en el que yo remataba la velada poniendo música, organizado con la mejor intención pero tan improvisadamente que allí el único público eran los amigos y las novias. Y aún así el concierto fue exquisito, con Jordi Sapena Sapeneta, Enric Alepuz y Víctor Ramírez ejerciendo como acompañamiento perfecto. También hubo una tarde de verano que me encontré con casi todos los miembros de Ciudadano en un bar junto a La Lonja. Les conté una anécdota referente a la visita de David Bowie a TVE y nos tronchamos de risa todos; yo sobre todo al ver cómo se reía Jorge. Es bueno saber que con determinadas personas siempre va haber una ocasión para reírse aunque sea de la cosa más estúpida.

Coleccionismo y casualidades

El destino es muy caprichoso pero a veces acierta. Un día, hace ya dos o tres años Jorge me contó que tenía un proyecto con Remi Carreres, músico del que soy amigo hace ya 35 años. El trío, en el también iba a estar Víctor Ramírez, se llamaría Coleccionistas. Sin haber escuchado nada de lo que pudieran hacer me pareció una idea estupenda. La conexión de aquellas tres sensibilidades tenía que funcionar por narices. Tres músicos de diferentes generaciones uniendo fuerzas. No me equivoqué. Coleccionistas, el único álbum que han registrado hasta ahora, es uno de los discos más bonitos y originales que se ha grabado en España en los últimos 10 años. Una mezcla de tradición y modernidad en el ámbito musical. Dicho así suena muy sencillo porque fuera esa mezcla es habitual. Aquí me temo que no tanto, o se es una cosa o se es otra. Ahora Jorge vuelve a ser Tórtel con su nuevo álbum, Transparente y en El invitado canta, ¿Qué has elegido ahogarte o morirte de sed? Aquí no hay trucos esta es mi piel del revés”.

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