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LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR

Regreso a Torrelodones con Camilo Sesto

16/10/2016 - 

VALENCIA. Alcoy acaba de nombrar Hijo Predilecto a Camilo Sesto, quien a su vez celebra sus 70 años con un recopilatorio con sus grandes éxitos llamado Camilo 70. Una estrella incombustible cuyos clásicos poseen una vigencia a prueba de bomba.

Camilo Sesto no es de este planeta. Es la sensación que te asalta cuando estás cerca de él y lo estudias de reojo. El pelo. La cara. Pero sobre todo, él en su totalidad. Cualquier estrella del siglo XX que se precie de serlo ha de parecer que no es de este mundo, y Camilo no tiene nada que ver con nosotros, los humanos. Los argumentos en los que me baso son que ha tenido un éxito arrollador y que le importa un bledo lo que pensemos de él. Practica el descaro que solo pueden permitirse aquellos que son adorados y únicos. 

Por supuesto, antes que nada están las canciones, y una vida que precisaría de alguien como Donald Spoto para ser contada tal cual es. Los años de gloria absoluta, su declive, su vida privada, su manera de relacionarse con unos medios de comunicación que se han convertido en algo ferozmente irrespetuoso a la par que estúpido, incapaces de entender a alguien como Camilo Sesto en su justa dimensión.


Puentes, puentes, que es lo que nos jode…

El puente de la Constitución del año 2002 se presentaba tranquilo. Cuatro días en casa intentando no hacer nada. Como siempre que acaricio esa idea, la realidad se ocupa de ponerme en mi sitio. De descanso nada. Sonó el teléfono. Camilo aceptaba ser entrevistado para El País de las Tentaciones, el fruto de una propuesta que yo mismo había elevado a la redacción. Santa Teresa dijo que se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas; yo añado que se derraman muchas más si las plegarias son atendidas en un festivo, y lo digo con todo el peso de siete años de crisis sobre mis espaldas de autónomo free lance. Pero volvamos a lo interesante, que es Camilo. Camilo esperando en su mansión de Torrelodones, donde ya tuve el privilegio de estar en 1997. Allí nos fuimos el fotógrafo Cristóbal Manuel y yo una tarde de diciembre.


Mola Mazo

Camilo era noticia por un single publicado por su cuenta y riesgo, en plan independiente. Se llamaba Mola mazo y, una vez más, era uno de esos saltos mortales tan suyos. Una canción pegadiza exenta de todo pudor. Un título así en medio de una discografía plagada de términos relacionados con el amor resulta como mínimo chocante. Esa apropiación del lenguaje popular del momento convertida en estribillo. Tú sientes un poco de vergüenza ajena al oírla pero la canción, a su manera, funcionaba. Funciona sobre todo porque él está convencido de que todo está bien. Al final, el hecho en sí acaba formando parte de esa montaña rusa de aciertos y cagadas que hacen creíbles a las estrellas del siglo XX.

Quién vive ahí

En la primera visita a Torrelodones la casa estaba plagada de gente. Esta vez estaba él solo. Ni rastro de su hermana Chelo ni de Camilín. Camilo nos recibió sin intermediarios. Fue un anfitrión abierto y campechano y todo discurrió con normalidad. Con toda la normalidad a la que puede aspirarse cuando se está con un personaje así. Lo digo porque la entrevista, no sé muy bien el motivo, se realizó en su dormitorio. Orgulloso, nos enseñó al fotógrafo y a mí el ordenador que tenía no muy lejos de la cama, donde trabajaba en su música ahora que era un artista independiente. Hubo un momento de pánico compartido, cuando de repente, sentado en una silla de despacho con ruedas, cogió impulso y se lanzó hacia nosotros sin ningún motivo aparente. El día que me sienta con fuerzas revisaré ese momento en la cinta donde grabé la entrevista.

El por qué de sus peinados

Revisando la transcripción de la charla, descubro otro factor que lo hace único. Camilo Sesto es un excéntrico, pero yo creo que es parte de una representación, una faceta muy estudiada del personaje. Las estrellas a la vieja usanza exageran mucho su condición de tales. Y claro que al final el personaje acaba mandando casi tanto como la persona y los límites entre fantasía y realidad se difuminan. Bueno, supongo que cuando las canciones que has hecho en el pasado y que te han encumbrado se venden solas la sobredosis de autoestima y confianza se desborda. Pero luego, leyendo la transcripción de sus respuestas se impone la lucidez. “Intento interpretar el sentir ajeno. Soy muy intuitivo y no me cuesta trabajo hacerlo mío. Como cuando canto lo de y ya no puedo más… No engaño nunca nadie. Nunca he vendido nada en mi vida ni he jugado a aprovecharme de ciertas situaciones. ¿Qué bien, no?”


Homenaje a Alcoi

Estábamos allí para hablar de Mola mazo, pero con Camilo Sesto la actualidad es solamente una excusa para que hable de él. Su currículo está lleno de momentos que sugieren muchas preguntas. En 1991 grabó una canción titulada El meu cor és d’Alcoi. “Mi tierra es una oportunidad para respirar hondo, para ver sonrisas y para parlar valencià”, comentó al mencionarle el homenaje a sus raíces. Después entonó el estribillo: “El meu cor és d’Alcoi i aunque tinga l’aigua hasta el coll [sic] a mí no em fa mai res por”. “Lo que no tengo ya es el acento”, dijo exagerando el acento de Alcoi en el más puro estilo Camilo Sesto. 

Con Camilo también se puede hablar de rock & roll porque esos fueron sus comienzos, con Los Dayson y Los Botines en Alicante. “Un amigo se empeñó en que ensayáramos. Lo hacíamos en su casa, conectábamos una guitarra a una radio y yo hacía la percusión con un palo. Éramos un dúo. Después fuimos montando grupo y yo siempre era el cantante. Mis ídolos eran los Beatles. Adaptaba canciones suyas al castellano y las tocábamos en los pueblos, en bodas, bautizos y comuniones. Bowie me gustó en su momento. Era como un imán, te atraía aunque no quisieras”.

Latin fever

En España fue un gran ídolo pero su éxito se sublimó de una manera salvaje en los países latinoamericanos. Solo con esa parte se puede escribir un libro que ojalá alguien haga alguna vez. Camilo cuenta las cosas con una retranca para la que nunca estás del todo preparado. “Fresa Salvaje la compuse para un artista que decía que su máxima ambición era tener una nevera y un Seat 600, a lo que yo contestaba, “pero la nevera será de hielo, ¿no?” Al final grabé yo la canción y fue un bombazo en Latinoamérica. Hay niñas que se llaman Melina por mi canción, pero es que en Ecuador conozco a una niña que se llama Fresa Salvaje, no te lo puedes creer…” En Latinoamérica ha tenido que lidiar con la pasión desatada de sus admiradores. “Saliendo de cantar en un estadio me cogieron las fans. Cuando me di cuenta me habían destrozado la camisa, iba sin cinturón, la bragueta del pantalón bajada y con el rabo fuera. ¿Quién se habría entretenido en hacer eso? En Buenos Aires se me tiró un tío a los morros y tuvieron que quitármelo de encima entre cinco. El beso salió en televisión y pensé, “este chico ya no puede volver a su barrio”. Fue un beso largo, profundo, mortal”.

Posando a lo Camilo

Para la sesión de fotos posó en su fastuoso salón, el lugar idóneo para experimentar el reverso del síndrome de Stendhal. Camilo llevaba el faldón de la camisa anudado, nadie sabe exactamente la razón y así salió retratado, son la rodilla hincada en el suelo. Una vez más salí exhausto de aquella casa. El consuelo de que aún quedaba por delante el resto de un puente no servía. Había que transcribir la conversación, redactar la entrevista y enviarla para que saliera cuanto antes. Me reí bastante transcribiendo la charla. Cuando dijo que le gustaba Joaquín Sabina pero que no sabía muy bien a qué hora escucharlo. Camilo Sesto es único por muchos motivos, y algunos de ellos son, por desgracia, muy poco conocidos.

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