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LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR 

Mi disco favorito de 2017

10/12/2017 - 

VALÈNCIA. Llega el momento de la pregunta. ¿Cuáles son para ti los mejores álbumes del año? He aquí la respuesta: aquellos que me han hecho compañía independientemente de la época en la que se han publicado, del estilo al que supuestamente responden, del cacareo que hayan provocado con su aparición. La subjetividad también cuenta. Cada día tengo menos claros los motivos objetivos por los cuales la mayoría de los álbumes unánimemente elegidos como los mejores de su cosecha están por encima de otros. Mis discos favoritos de 2017 no sé si estarán en muchas o en pocas listas o e ninguna. A mí me han hecho feliz. Los discos que se quedan contigo acaban teniendo efectos parecidos a los de  la amistad.

Uno de esos álbumes es Aromanticism, de Moses Sumney. Me parece un disco bello, bellísimo, un diamante en bruto que no pertenece a ningún lugar en concreto. Otro es Hot Thoughts, de Spoon, un disco que remite a estilos diversos, aparentemente inconexos entre sí. Posiblemente, el secreto sea ese, la variedad de sensaciones que provoca. Qué bueno cuando un álbum te entra de principio a fin y apetece escucharlo continuamente sin saltarse una sola canción. Álbumes que van contigo de una ciudad a otra, por ejemplo, convirtiéndose en parte del paisaje, del paisaje entre las ciudades y del de las ciudades cuando las recorres. Música confundiéndose con las emociones que brotan a cada momento. Las canciones duran sólo unos minutos, así que es más fácil relacionarlas con un instante. Emocionarse con un álbum entero, uno que no se extienda inútilmente más allá de las 10 canciones, es casi un prodigio incluso para los que nos hemos educado escuchando álbumes.

La vida según Jens Lekman

Mi álbum del año se titula Life Will See You Now. Salió a mediados de febrero y lo firma Jens Lekman, músico de origen sueco venerado en Inglaterra y Estados Unidos. Pertenece a la esfera del indie más estilista, donde se reivindica un pop melódico que intenta huir de los lugares comunes y buscar nuevos caminos aunque sean viejos. Esa es mi definición científica, para aquellos que no estén familiarizados con el caballero Lekman. La otra, la subjetiva es que el suyo me parece un álbum magistral. Musicalmente está muy cercano a una manera pretérita de hacer pop. Una que se propagó por Inglaterra muy a principios de los años ochenta y que sonaba bonita y optimista, cándida pero llena de razón. Orange Juice, Everything But The Girl, Paul Haig y Aztec Camera son los nombres que me venían a la cabeza cada vez que escuchaba Life Will See You Now. Haircut One Hundred también. Eso fueron los motivos iniciales que me empujaron a profundizar en el álbum. A seguir escuchándolo una vez tuve ya escrita y publicada la consiguiente crítica, a seguir teniéndolo cerca medida que avanzaba el invierno y el ritmo de novedades se iba incrementando.

De Life Will See You Now me admira mucho la madurez que proyectan sus letras. Lekman tiene una visión de la vida capaz de transformar su complejidad en algo fácil de comprender, o al menos, de crear la ilusión de que algo así es posible. Sus versos hablan del optimismo que produce el mero hecho de seguir aquí y de la insospechada cadena de posibilidades que eso nos brinda. La idea del presente como algo con lo que forjar el futuro, teniendo claro que el futuro también es dentro de cinco minutos. Una esperanza que se paga el inevitable precio de la pérdida. El recuerdo de todo lo que ya ha sido, lo que ha sucedido, lo que ya no está, no volverá. Todo lo que ya no volveremos a contemplar con los ojos de la ilusión. No se me ocurren muchos letristas contemporáneos que hablen de forma tan clara y a la vez tan literaria de estas cuestiones. Yo me reconozco perfectamente en casi todas ellas.

Motown existencial

El estribillo de ‘To Know Your Mission’, que suena a canción típica de la Motown, recalca varias veces la necesidad de conocer tu cometido. Saber para que éstas aquí, a qué intereses sirves, qué quieres hacer. ¿Cuál es mi misión? Escribir sobre aquellas cosas que veo y contar todo lo que me imagino. Para eso estoy aquí, aunque también me gustaría pensar que para querer y ser querido. Life Will See You Now es, en muchos momentos, un disco sobre la amistad. La amistad es, a mi entender, una de las fuerzas más puras de la existencia. Dura más que el amor y esconde muchas menos trampas. Es resistente a los trucos de ilusionismo del sexo. La amistad y la escritura se parecen porque crean vínculos fuertes. Y me gusta pensar que todo eso se filtra en lo que escribo, como un espray que impregna hasta lo más profundo. Como dice la letra de la canción, en un mundo de bocas quiero ser un oído. Esa es mi misión.

Oraciones y letanías

Hay quien cree que el amor fraternal es una letanía constante sobre el amor fraternal. Yo no necesito que me quieran mucho, necesito que me quieran bien. Quiero sentimientos de calidad, no una vanidad malamente disfrazada de generosidad. En ‘Evening Prayer’, Lekman habla de dos amigos. Uno de ellos ha pasado un año horrible y el otro se pregunta si habrá sabido estar lo suficientemente cerca. Esteban me dijo una vez que todo pasa. Las tormentas terminan en algún momento. Tengo un amigo que está lejos. Hace casi un año sufrió una pérdida muy importante, catastrófica. Hemos hablado de ello las veces que ha sido posible hacerlo, sobre todo cuando la distancia física desparece. Me dice que lo lleva bien. Yo pienso en cómo me sentiría si tuviera que pasar por algo similar. Le quita hierro al asunto, es lo que hacemos todos, nunca entenderé por qué. El estribillo de ‘Evening prayer’ dice: “quería que supieras que estás en mis oraciones nocturnas”. No soy creyente pero intentar ponerme en la piel de otros me parece una forma de rezar. Acordarme de ellos, recordarlos. Así pues, aunque no hablemos mucho de ello, tengo presente su tristeza mucho más de lo que las palabras ayudan a expresar. Hay otro amigo, también muy querido, que afortunadamente está más cerca. Él sí es creyente y cada tanto me dice, con algo de pudor pero muy convencido, que me incluye en sus oraciones. ‘Evening Prayer’ habla sobre eso con las emociones justas, las adecuadas. Quiero que sepas que estás en mis oraciones nocturnas. Hay amigos que son piezas únicas e irreemplazables. Personas que, al entrar en contacto con otras, adquieren un don que no funciona con nadie más. Esa gracia inexplicable que, de una manera muy sutil, invisible casi, ayuda a seguir adelante con la vida.

Vamos a vivir un poco

‘Hotwire The Ferris Wheel’ está cantada a medias con Tracey Thorn, de Everything But The Girl. Dibuja una escena en la que dos amigos pasean por un muelle cercano a un parque de atracciones. Últimamente has sido un desastre, canta Lekman, la vida llamó reclamando sus sueños de vuelta. Estoy aquí para hablar o estaré con la boca cerrada si es eso lo que prefieres. La canción tiene algunos hallazgos poéticos muy sencillos pero que funcionan perfectamente en el formato  de una canción pop: “The lonely cry of a segaull / You say let’s do something illegal / Let’s get ourselves in trouble / Let’s live a little”. El grito solitario de una gaviota / Dices: hagamos algo ilegal / Metámonos en líos / Vamos a vivir un poco”. 

La canción concluye con una advertencia: “Digo que si vas a escribir una canción sobre esto entonces por favor que no sea una canción triste”. Consigue exactamente lo que a mí me gustaría hacer con este artículo, con las historias que me quedan todavía en la cabeza y que se organizan en silencio buscando una salida al exterior. De eso habla, por cierto, ‘Postcard #17’. Del amasijo de emociones e ideas que parece que van a consumirnos si no logramos expulsarlas. La necesidad de que se conviertan en otra cosa y dejen así de obsesionarnos, o nos obsesionen de otro modo. Pensaba que era más fácil y no lo es. Por mucho que escriba una novela con mi tristeza, mi tristeza lo único que quiere es que escriba de nuevo sobre ella.

Cómo nos conocimos, versión maxi

Me gustaría escribir con la dosis de ironía que emplea Lekman en ‘How We Met, The Long Version’. Aquí el autor echa mano del humor, tan necesario para equilibrarlo siempre todo, y por eso tan presente, aunque esté perfectamente diluido, en la mayoría de estas canciones. La historia de cómo el narrador conoció a un amor se remonta al inicio del universo, cuando de la nada surgió el primer indicio de algo y “las partículas subatómicas se convirtieron en átomos”, que a su vez se convirtieron en estrellas que a su vez formaron galaxias. Ese relato de un acontecimiento que parece lo más importante del universo, contado sin edición, narrado en todo su esplendor, si autocensuras. Cómo nos conocimos, la versión larga. Cómo contarlo y hacer que la historia sea divertida y cautivadora, relevante y emocionante. Cómo aprender a emplear con maestría las emociones y usarlas para crear algo que conmueva y que perdure. Life Will See You Now tiene todo esos ingredientes convertidos en estupendas canciones, formando parte de un disco maravilloso que he escuchado una y otra vez, en el coche, en el tren, en la playa, en la tumbona, en el ámbito inabarcable de mi soledad. Esta es la historia de cómo nos conocimos mi disco del año y yo. La versión larga. Y parafraseando la letra de Lekman, puedes decir que es cosa del destino o una simple casualidad, pero así es como ha ocurrido.

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